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Invadir Venezuela es un anacronismo contemporáneo

La idea barajada en la diplomacia regional de una posible intervención militar como solución la crisis venezolana, es un error estratégico, político, económico e incluso militar porque de darse, se sabe cuándo y cómo comienza pero no cuándo y cómo termina.

César Niño
César Niño
Profesor en Universidad Sergio Arboleda
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28 de Septiembre de 2018

El mundo de la Guerra Fría era más seguro que el del siglo XXI. Los gobiernos sabían cuáles eran las líneas rojas y los límites de los actos, incluso era evidente que las carreras armamentistas se convertían en garantías para evitar enfrentamientos regulares a gran escala, de hecho, era notorio quiénes tenían las armas.

Sin embargo, a pesar de existir cierto grado de certidumbre militar sobre los arsenales bélicos y los peligros del uso desproporcionado de la fuerza, la asimetría de los conflictos se tradujo en invasiones por los cinco continentes con el derrotero de un proyecto político característico del mundo bipolar.

En ese sentido, por mencionar un dato curioso, Estados Unidos empieza la Guerra Fría con cierta intervención y apoyo militar a Fulgencio Batista en Cuba hacia 1952 con el propósito de derrocar a Carlos Prío Socarrás, y concluye la guerra con una invasión a Panamá en 1989 para arrestar a Manuel Noriega con un saldo de más de tres mil muertos.

La hipótesis de intervenir militarmente a Venezuela en pleno siglo XXI es anacrónica y se distancia de la tendencia contemporánea que solo dejaría victorioso a Maduro.

Una incursión armada de cierto modo alcanza a legitimar el discurso de mártir del dictador, lograría acrecentar un problema de migración irregular y, de ser el caso, la operación no sería con el desembarco de tropas regulares como las del Día “D” en 1944, sería una incursión irregular, con unidades “proxy” o subsidiarias que complejizarían el vecindario por las tácticas no convencionales de combate y evasión de responsabilidad si se tratara de cuestiones relevantes a los derechos humanos o al derecho internacional humanitario.

Aquella idea, que tendría como propósito derrocar al dictador, convulsionaría las calles de Venezuela generando una crisis humanitaria aún más profunda de la existente.

No obstante, aquella hipótesis de intervención militar es poco probable. En primer lugar para que esto suceda, Trump deberá tener aprobación del Congreso de Estados Unidos, así mismo Washington tendría que tener respaldo por el Consejo de Seguridad de la ONU y en ambos escenarios posee fracturas partidistas y vetos de grandes potencias que serían obstáculos legítimos y legales respectivamente.

En segundo lugar, más allá de los discursos y palabras hostiles, Venezuela no representa un interés suficiente para un desgaste militar con amplias consecuencias diplomáticas. Washington cada vez depende menos del petróleo de Caracas.

En tercer lugar, a pesar de los rumores que en el evento de una posible intervención militar estadounidense a suelo venezolano tanto Rusia como China intervendrían a favor de Caracas, también es poco probable.

Moscú y Beijing a pesar de tener intereses geoestratégicos en la región también tienen unas relaciones estrechas, interdependientes y estratégicas con Estados Unidos. Rusia y China, eventualmente elevarían y acusarían a Washington de actos ilegales de acuerdo a los regímenes internacionales pero la situación no iría más allá. Tanto Putin como Xi Jinping tienen sus propios “venezuelas” en sus espacios de interés.

Finalmente la salida a la crisis venezolana es la acción colectiva internacional y multilateral de la región. La idea es, a través de los canales diplomáticos, buscar las herramientas necesarias para quitarle el oxígeno al régimen de Maduro.

Estados Unidos, el Caribe y el resto de América lograrían legitimar sus políticas exteriores en momentos de crisis con la idea de aislar a Caracas hasta que exista una transición.

Si la diplomacia latinoamericana está buscando una nueva oportunidad en la política mundial, su tarea está en hacerle entender a Rusia y China que la Venezuela que les conviene a ambos no es la de Maduro.

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