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El terrorismo persiste y persistirá

Hoy, dada la amenaza terrorista que persiste, hay que reactivar este grupo de trabajo de inteligencia e investigación criminal, que, además con un fiscal antibacrim, también podría orientar sus esfuerzos hacia los grupos de crimen organizado que operan en Bogotá y el país.

Hugo Acero
Hugo Acero
Experto en seguridad y convivencia
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20 de Enero de 2019

El atentado en la Escuela General Santander de la policía en Bogotá solo nos recuerda que el terrorismo sigue ahí amenazando, está latente a pesar de la desmovilización de las Farc. 

Este tipo de acciones ha hecho parte del repertorio criminal del ELN y también de los grupos delincuenciales hoy activos, como las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo y Los Pelusos que tiene estructura armada y personas con capacidad para realizar este tipo de acciones.

Era una modalidad exclusiva de las guerrillas en contra de las Fuerzas Armadas en medio del conflicto armado, pero el narcotráfico a comienzos de los 90, en especial el Cartel de Medellín, convirtió los atentados terroristas en el mecanismo para oponerse a la extradición. A comienzos de este siglo las Farc, después del fallido proceso de paz del Caguán, trasladaron sus acciones terroristas a las ciudades, en especial a Bogotá y el ELN ha mantenido en su historia acciones similares en contra de la Fuerza Pública e instalaciones petroleras y de suministro de energía. En menor escala, tanto las bandas criminales, como grupos de delincuencia común aprendieron y utilizan estas acciones para presionar el pago de extorsiones, saldar cuentas o para asesinar personas con explosivos de menor poder.

Independiente del origen de los atentados, el Estado debe organizarse para enfrentar este tipo de hechos, que por sus características de organización y sorpresa es muy difícil detectarlos y en algunos casos evitarlos. En esta línea, en las grandes ciudades y municipios importantes se requiere que los organismos de inteligencia e investigación criminal de la Policía, de las Fuerzas Militares y de la Fiscalía trabajen en equipo, no de manera coyuntural, sino permanente porque las amenazas de terrorismo persisten.

A manera de ejemplo, en el año 2001, ante las amenazas de las Farc de realizar acciones terroristas en Bogotá después del fallido proceso de paz en El Caguán, se conformó un grupo de trabajo entre las instancias de inteligencia e investigación criminal de la Policía Metropolitana, XIII Brigada, el Cuerpo Técnico de Investigaciones CTI de la Fiscalía y el DAS, grupo que era coordinado por dos fiscales antiterroristas, quienes con base en los informes de cada una de las instituciones involucradas, ordenaban las tareas para recolectar pruebas, desactivar posibles hechos, investigar los actos de terrorismo cometidos, perseguir a los involucrados y ponerlos a disposición de los jueces. Este grupo, del cual hacía parte la Alcaldía Mayor, se reunió todos los jueves desde mayo de 2001 hasta diciembre de 2003. Para este trabajo coordinado entre las distintas agencias de inteligencia se contó con la capacitación en manejo de riesgos, terrorismo, crisis y comunicaciones estratégicas por parte de funcionarios del Departamento de Estado de los EE UU y de Scotland Yard.

Los resultados de este grupo de trabajo fueron muy importantes, se detuvieron con pruebas contundentes a más de 500 miembros de las Farc, se decomisaron toneladas de explosivos y se desactivaron desde camiones bombas hasta petardos, es decir se evitaron muchos hechos terroristas y se tuvo mucha efectividad a la hora de perseguir y poner a disposición de la justicia a los actores de los actos cometidos, como en los casos más recordados que fueron los rockets del 7 de agosto de 2002 durante la posesión del Presidente Uribe y los atentados al Club el Nogal, a Trasmilenio y a la Bocatoma de la Represa de Chingaza.           

Hoy, dada la amenaza terrorista que persiste, hay que reactivar este grupo de trabajo de inteligencia e investigación criminal, que, además con un fiscal antibacrim, también podría orientar sus esfuerzos hacia los grupos de crimen organizado que operan en Bogotá y el país. Esta estructura debe replicarse en otras ciudades y regiones del país, donde los riesgos de terrorismo lo ameriten.

Para complementar este trabajo, se requiere de una amplia participación de los ciudadanos para que denuncien hechos sospechosos e irregulares. Las comunidades, las organizaciones sociales y los ciudadanos en general, frente al terrorismo, deben constituirse en los oídos y ojos de las autoridades en todo el territorio nacional y las autoridades deben atender de manera oportuna, todas las denuncias que hagan los ciudadanos.

Cabe resaltar que, una sociedad que tiene altos niveles de capital social, con amplias redes de organizaciones comunitarias y que trabajan con las autoridades de la mano, es una sociedad menos susceptible a sufrir hechos de terrorismo, violencia y delincuencia.

Toda la solidaridad y apoyo ciudadano con nuestra Policía, las victimas y sus familias.

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Comentarios (1)

edgar montenegro

20 de Enero

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Una guerra sin honor, donde quienes caen son siempre inocentes, una Colombia d...+ ver más

Una guerra sin honor, donde quienes caen son siempre inocentes, una Colombia donde nadie le cede un milímetro de nada a nadie, cada cual, pese a los nefastos efectos, insiste en sus horrores. El 2019 bien puede exigirse un "de donde venimos, en que estamos, a donde queremos ir" que no es solo discurso y actos de buena voluntad. Para solo mencionar un tema e institución: el mismo Ejercito Nacional debe garantizar un hacer constitucional y legal que lo saque del deshonor y cobardía de los crímenes de cada día contra defensores de territorios y de dd.hh. pues su función es, precisamente, la constitucional y legal de proteger la vida de la nación, que somos [email protected], no la de un puñado de criminales. Desde Gaitán las FF.MM. son el soporte de una dictadura de corruptos por un cada vez mas alto presupuesto que los ha conducido a niveles delirantes de corrupción. La guerra les es precisa. Aquí hay un genocidio continuado que parece extenderse en medio de la hipocresía de quienes quieren echarle la culpa de todo hasta al proceso de paz con las FARC pero no tiene inconveniente en alentar la aventura de una guerra con Venezuela. Cuantos jóvenes pensaran sacrificar en ese naufragio los Gobiernos.