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El desplazamiento forzado en Colombia no solo proviene del conflicto armado y tampoco ha terminado

El nuevo presidente no puede seguir pensando que el único problema de Colombia son las Farc, ni tampoco que la única salida sea irse contra las élites que nos han gobernado.

Elvira Maria Restrepo
Elvira Maria Restrepo
Profesora de Estudios Internacionales, The George Washington University
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15 de Junio de 2018

Distraídos por la aparente polarización electoral entre derecha y izquierda, muchos colombianos no estamos teniendo en cuenta lo que esta en juego en la segunda vuelta presidencial. Los votos de los habitantes de las zonas más violentas estuvieron divididos en la primera vuelta entre los dos candidatos que se disputan la presidencia.

En esta época electoral pocos se detienen a pensar en las millones de víctimas y, en particular, en los más de 7 millones de desplazados que se encuentran en el Registro Único de Victimas (RUV). Ellos representan aproximadamente el 13 por ciento de la población del país. Colombia es hoy, el segundo país con mayor población desplazada en el mundo, después de Siria, considerada como una de las peores crisis humanitarias actuales.

Pero el desplazamiento forzado en Colombia no puede explicarse exclusivamente como consecuencia del conflicto. Las cifras muestran que casi la mitad de los desplazados registrados no identifican su agente expulsor. 

Cito un párrafo de uno de los reportes del Centro de Memoria Histórica titulado, sin exageración alguna, Una Nación Desplazada para poner mi argumento en contexto

"Evidentemente menos visibilizado, el desplazamiento también ha sido el resultado de múltiples prácticas violentas, provocadas y promovidas por empresas criminales conformadas por alianzas entre distintos actores –narcotraficantes, empresarios y políticos–, por motivaciones ideológico-políticas y también por motivaciones puramente rentistas funcionales a un modelo de acumulación y apropiación de poder y riqueza. En este escenario, debido a la cooptación de la institucionalidad, el desplazamiento también ha sido favorecido por políticas públicas que incentivan la implantación y expansión de proyectos agroindustriales, mineros, de infraestructura y explotación de hidrocarburos, o para la consolidación de una economía ilegal controlada por organizaciones criminales, o por una mezcla de ambos propósitos".

En el 2004, la Corte Constitucional declaró el Estado de Cosas Inconstitucional en la materia, a través de la emblemática sentencia T-025 de 2004. En ella determinó que esta situación era inconstitucional para las víctimas y que, además, incumplía la legislación nacional. Hoy, después de más de una década, en un escenario paralelo de crimen organizado, violencia y postconflicto, continúan varios de los problemas estructurales que dieron origen a la situación denunciada por la Corte.

Lo que esta en juego en las próximas semanas va mas allá de lo que lo que muchos colombianos que tienen la posibilidad de votar están teniendo en cuenta por culpa de estar distraídos por la retórica izquierda-derecha.

Por ello nuestra elección es crítica. Está en manos del próximo presidente de Colombia manejar una violencia restructurada que, como en otros países del mundo después de un largo conflicto, involucra al crimen organizado ahora nutrido de disidentes de las Farc, el ELN y hasta carteles mexicanos. Pero también a los políticos y empresarios que se lucran de éste, y de las políticas publicas que han incentivado las alianzas entre todos estos actores.  

El nuevo presidente no puede seguir pensando que el único problema de Colombia son las Farc, ni tampoco que la única salida sea irse contra las élites que nos han gobernado. Necesitamos un país donde quepamos todos y donde el desarrollo y los derechos humanos no sean dos categorías excluyentes.

Quienes votamos por Fajardo quedamos atrapados entre dos extremos todavía y nos enfrentamos todavía a una elusiva paz.

Comentarios (1)

Manuel Alejandro Mena Salazar

18 de Junio

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Quienes votaron por Fajardo repitieron un discurso de antipolarizacion sesgado...+ ver más

Quienes votaron por Fajardo repitieron un discurso de antipolarizacion sesgado. Promover como extremos iguales a quienes matan al diferente, que a quienes denuncian las matanzas. Discurso que no reconoce la inclusion de los movimientos sociales afro e indigenas en esta contienda, y que plantea a toda la izquierda como un unico "extremo", como si la izquierda no fuera un movimiento supremamente amplio y dificil de definir ideologicamente, que va desde la socialdemocracia (origen de nuestra constitucion colombiana) y el populismo academico, hasta la anarquia y el marxismo-leninismo. Las propuestas de Petro en tierras, defensa del acuerdo e inclusion de las comunidades atacaban directamente el problema de desplazamiento forzado (de alli su idea de tambien incluir civiles como objeto de la jep). Cambiemos de discurso, que si algo quedo claro en esta contienda, es que este pais no se divide en "extremos iguales".