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Títulos prometedores

Estamos en la era de la información, en el vórtice de sentir que no nos da la vida ni el tiempo para leer todo lo que quisiéramos. La pregunta es hasta que punto podemos filtrar y empezar a reconocer que contenido nos aportan -autores, bloggers, revistas, periódicos entre otros- y cuáles no. El reto es saber si estamos dispuestos a ser lectores conscientes.

Marcela Escovar
Marcela Escovar
Picnic de Palabras
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10 de Agosto de 2016

Hoy en día se sabe que el negocio está en apostarle a la creación de contenidos. Sin embargo, es un reto hacerlo y además posicionar nuestros propios contenidos en el intento. Todos tenemos ideas y algo que decir. Al final del día puede pasar que a más de uno le esté rondando justo la misma idea ante una serie de necesidades percibidas para mejorar la calidad de vida de las personas y claro, ahí está la oportunidad de negocio - desde todos los ámbitos posibles. 

Sin embargo, de pensar a ejecutar hay un abismo inmenso, y son pocos los que corren el riesgo de intentarlo. De esos, uno de cada cinco logra darle una posibilidad a la idea que están gestionando según un montón de estudios. Lo interesante aquí es que dentro de este círculo de idea y ejecución, estamos bombardeados continuamente por un nuevo tipo de literatura: la del emprendimiento, la innovación y transversal a todo una fuerte tendencia alrededor de la felicidad.  Rodeadas las tres, por supuesto, por un montón de estudios de universidades que conocemos y también desconocidas alrededor de los mismos temas.

Todo esto sucede sin darnos mucha cuenta de que estamos en un círculo de consumo de contenidos que nos están inspirando, ahora más que nunca, a creer que todos podemos hacer un millón de cosas en simultánea. Sin ir muy lejos, estamos llenos de itinerarios de viajes y de acciones que hay que hacer antes de los 20, antes de los 30, antes de los 40… y seguro existe uno que sea antes de morir. Junto a contenidos que traen frases esperanzadoras y que pueden caer en la autoayuda firmados por personas célebres a las que les “creemos”, porque si lo dicen ellos póngale la firma, sin saber a ciencia cierta si sí lo dijeron o no.

¿Qué leer o mejor qué no leer? ¿A quién seguir en redes sociales? ¿Realmente conocemos quienes son los nuevos influenciadores que nos sirven de filtro para hablar y curar información dentro de un océano de publicaciones por minuto? O los seguimos porque ellos mismos han sabido escalar o mejor bucear entre mares de información infinita. En esta ocasión solo quiero dejarles preguntas. Mi propósito es cuestionar qué estamos consumiendo, porqué leemos lo que leemos, y sobre todo si lo hacemos conscientemente.

Con títulos prometedores he llegado a artículos en lo que siento que me dieron un globo de helio para al final explotármelo en la cara. Esta sensación es la que me hizo querer cuestionar el tiempo que le dedicamos a las nuevas tendencias, a leer a otros, y sobre todo a pensar si al final del artículo, libro, e incluso podcast, nos podemos preguntar que tanto nos aportaron, nos mostraron o revelaron cosas que no sabíamos, y si ese tiempo invertido valió la pena. La respuesta está al alcance de un click: cuando queremos compartirlo con otros o no, y ahora somos nosotros los curadores de los contenidos. 

Creo que cada vez leemos más. Sin embargo, la pregunta que me queda es sí en nuestras lecturas somos críticos o lectores pasivos que aceptan, sobre todo, los contenidos que vienen con estudios incluidos para justificar la verdad de las cosas, o si esos estudios son un abrebocas para indagar más allá y llevarnos a profundizar en verificar la naturaleza y fuente de lo que leemos.