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No hay que dar por muerta una idea, sin antes tomarle el pulso

En los afanes del día a día, muchas veces se le da más fuerza a un “no” prematuro, a los gustos y preferencias personales y se pierde la capacidad de ver el potencial de una idea

Carolina Mejía
Carolina Mejía
Directora de planeación, Mullen Lowe - SSP3
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18 de Septiembre de 2018

Cuando un proceso creativo arranca lo primero que se nos viene a la cabeza es apenas un punto de partida. Pero para que una idea sea fuerte y poderosa hace falta recorrer un camino con la ayuda de  otros, explorarlo y moldearlo. A las ideas hay que dejarlas crecer.

Sin embargo, en los afanes del día a día, en la lucha de egos y de poderes tan característica de esta industria, muchas veces se le da más fuerza a un “no” prematuro, a los gustos y preferencias personales y se pierde la capacidad de ver el potencial de una idea.

Detrás de la mayoría de las grandes ideas, hay un equipo grande que se inspiró con una frase, con una imagen, con un desafío, y en la combinación caótica de tantas mentes y puntos de vista, surge algo que logra detonar en otros potentes reacciones.

Por eso, si queremos hacer las ideas que tanto envidiamos, esas que dan la vuelta al mundo y ganan todos los premios, hay que empezar por preguntarse ¿cómo podemos ser más constructivos?

De mi experiencia y mis conversaciones con otros propongo estos caminos para llegar a ese fin.

  • Cambiar el “no” por un “y”: en una reciente conversación con María Fernanda López, experta en innovación y cultura de cambio, ella proponía que en vez de dar un “no” inmediato cuando alguien da una idea, simplemente se agregue un “y”.

El “y” es una invitación a agregar, a sumar y no restar, además de que  genera un ambiente positivo y de confianza en el cual es más fácil que surjan más propuestas.

  • Dejarla en el “parqueadero”: en ciertos momentos surgen ideas que aunque son muy valiosas, no son pertinentes para el momento o para el problema que se debe solucionar. En este caso, puede ser interesante dejarlas “parqueadas” para en otro momento volver a ellas. Estas ideas pueden quedar en un “idea board” que otros puedan consultar.

  • Buscar el nodo: cuando están saliendo varias ideas pequeñas, una buena técnica es buscar cuál es el concepto en el cual intersectan, cuál es el concepto que los agrupa. El nodo, puede llegar a ser más fuerte que una idea suelta y puede potencializar otras que ya hayan salido en la sesión.

  • Dejarlas “marinar”: hay ideas que cuesta verlas. Pueden ser muy potentes para quién las propone pero para los demás pueden no estar tan claras, y esto puede no resolverse en una misma sesión. Para esto puede ser útil dejarlas planteadas y darles unos días para ver si otros pueden ver nuevos ángulos de la propuesta o ésta se puede plantear de forma más contundente.

  • Tener criterios para juzgar la idea: en los procesos creativos todo es subjetivo. Sin embargo, construir ideas cuando todo vale o nada vale se vuelve muy desgastante y frustrante. Para eso lo mejor es establecer criterios con los cuales se define si una idea funciona o no. Esto permite hacer una evaluación más justa, que se queda en la idea y no en la persona.  

 

Sea cual sea la forma de construir, al final lo importante es tener en cuenta que las grandes ideas se hacen mejor en equipo, en ambientes de confianza y de respeto por lo que se está creando, pero sobre todo cuando se les da el espacio y la oportunidad de crecer.

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