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La sonrisa van der Hammen 4.0

Debemos traer el pensamiento ecologista y visionario que pensó la reserva a la era de la información.

Alejandro Feged Rivadeneira
Alejandro Feged Rivadeneira
Profesor Asistente en la Universidad del Rosario, en el programa de Gestión y Desarrollo Urbanos de la Facultad de Ciencia Política
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25 de Octubre de 2018

Últimamente se habla mucho sobre la Reserva van der Hammen (RVDH) en prensa y verbenas de la sociedad bogotana. Todos parecemos tener una impresión muy firme sobre lo que se debe o no hacer con el borde norte de la ciudad, y en general con la RVDH. Para ser una alcaldía que se vanagloria por lo técnico, he visto muy pocos estudios con los datos disponibles sobre el ordenamiento territorial óptimo para la reserva y el norte de la ciudad, y no solo de parte de la alcaldía, sino también entre muchos de sus férreos opositores.

Decidí, por ello, explorar un poco el estado de la vegetación en la Sabana de Bogotá desde la detección remota para ver cuáles pueden ser esos "corredores" ecológicos que están funcionando actualmente.

Para este fin, tomé el índice normalizado de vegetación (NDVI por sus siglas en inglés), que de alguna manera captura la vegetación saludable. Decidí hacerlo a la escala más fina disponible (10 métros), para ser tan preciso como es posible sin adquirir imágenes comerciales.

También, decidí calcular dónde ha crecido más la ciudad, así que hice un cálculo de los cambios en la luminosidad, que son una aproximación a la actividad antrópica (y por ende un proxy de la mancha urbana). Luego comparé la distribución espacial de estas capas con las de zonas protegidas en la Sabana de Bogotá (tal vez no está completa).

En verde, el NDVI para el período 2016-2017. En rojo, la deforestación calculada por el Global Forest Watch. En gris, las zonas protegidas en la cuenca alta del Río Bogotá, y también la RDVH (al norte de Suba).

 

 

 

 

 

 

Ahora, al combinar estas imágenes con la expansión urbana y la mancha antrópica, se puede ver cómo se combina la expansión del a ciudad con la presión sobre la vegetación, y si las zonas protegidas están asociadas con corredores que conecten estas zonas.

Primero la expansión urbana. Azul donde hay expansión baja, y rojo donde es alto el cambio en actividad antrópica (como proxy).

 

 

Ahora para actividad antrópica actual:

 

 

 

 

Reflexiones

El profesor van der Hammen pensó la reserva hace muchos años, cuando el cambio climático apenas era un asunto serio para las mentes más visionarias. La reserva obedeció a una lógica fuera de su tiempo.

Hoy, sabemos que las ciudades deben moderar su huella de carbono y adaptarse al cambio climático con base en sus ecosistemas. No es una opción. Depender de los combustibles fósiles es aumentar la vulnerabilidad de la población, y reducir su viabilidad del asentamiento a largo plazo. La pérdida de ecosistemas también es muy grave, no como un asunto puramente paisajístico y hedónico, sino para reducir el impacto de la variación climática y los eventos atípicos, como las lluvias extremas y sequías, sobre todo para la población más vulnerable.

Si nos quedamos en defender la RVDH solamente, no hemos hecho mucho. Debemos traer el pensamiento ecologista y visionario que la pensó a esta era, donde el cambio climático es una realidad, y donde contamos con los sistemas de información para definir y monitorear variables como el crecimiento urbano y diagnosticar la capa vegetal con mayor actividad fotosintética.

Debemos pensar en mitigar los efectos de los asentamientos humanos en TODA la Sabana de Bogotá. Pensar en la conectividad entre las masas de bosque, pues como productores principales, siempre serán una buena aproximación a la actividad ecosistémica (aunque no perfecta, obvio).

En primer lugar, la RVDH fue pensada en estrecha relación con el borde norte de la ciudad. Sin embargo, el mayor crecimiento se dio hacia el occidente de la ciudad. En segundo, la RVDH es una de muchas conexiones que existen entre las biomasas de vegetación más grandes de la zona geográficamente un poco más ampliada.

Tenemos que empezar a pensar corredores de manera mucho más activa, pues además, las zonas protegidas en torno a la cuenca alta del Río Bogotá (CARB) son perpendiculares a la conectividad necesaria.

En particular, me parece importante analizar la presencia de corredores "de facto" de biomasa vegetal, que se han dado entre la RVDH y la biomasa vegetal que está ubicada entre Chía, Tabio, Tenjo y Cajicá. Esta es una de las que más presión ha sufrido por la expansión de los municipios vecinos a Bogotá, y una que concentra la mayor cantidad de deforestación en la región. Otra observación, es que la biomasa vegetal de Torca es CRUCIAL para lograr la conectividad entre los cerros y la RVDH.

Adicionalmente, donde más ha crecido la mancha antrópica (en el occidente de la ciudad) se está fragmentando rápidamente la biomasa vegetal, a causa del corredor vial que conecta Madrid con Facatativá. Si se pierde esta conexión, los bosques del suroccidente de la ciudad quedarán aislados.

Estas zonas cuentan con una amplia zona con desarrollo informal y con pendiente, por lo cual es, a mi juicio, una de las zonas de riesgo más altas en el futuro. Esta debería ser una de las prioridades ambientales de adaptación al Cambio Climático, en mi opinión, pues es donde probablemente los eventos climáticos atípicos tengan mayor impacto.

Sobre todo, es necesario desarrollar un pensamiento REGIONAL para debatir si se modifica o no la RVDH. El debate que se ha sostenido, y que plantea la alcaldía es, a mí juicio (y afortunadamente al juicio del Humboldt) desacertado, falto de autocrítica y de diálogo.

Es un debate que debe abarcar el balance de carbono de la ciudad, y la conectividad ecológica de las biomasas más importantes de la Sabana completa, pensando el papel que cumple en la conexión entre la vertiente oriental y occidental de la cordillera.

Adicionalmente, se debe pensar el desarrollo urbano de la ciudad con mediciones precisas de dónde ha crecido (más allá de los límites político administrativos, que ya son bastante obsoletos para entender el conjunto de asentamientos que hay en la Sabana), y dónde está la población vulnerable. La desconexión de todas las zonas forestales es preocupante, y hay muchos otros frentes de la ciudad que requieren atención.

Para una alcaldía que se ufana de técnica, es una vergüenza el proyecto que acaba de ser rechazado por el Humboltd, a causa justamente de la falta de detalles técnicos. Si Peñalosa se vende como buen administrador, debe demostrar que tiene capacidad no solo de pensar planes para el desarrollo urbanístico del norte.

El pensamiento ambiental que necesita Bogotá pasa por gestionar la conectividad ecológica de la Sabana de Bogotá en su totalidad y con la totalidad de las herramientas disponibles para medir hasta el cansancio todos los componentes.

Si en apenas un ejercicio didáctico para un portal como La Silla yo pude desarrollar este análisis, sin duda la alcaldía ha tenido tiempo y recursos para ultimar todos los detalles técnicos de una intervención ecosistémica como la que proponen. La pregunta en la que resueno con el comunicado del Humboldt es:

¿Dónde están esos análisis técnicos con el pensamiento "verdaderamente" ambiental con el que nos vende la alcaldía sus propuestas? Algunas otras preguntas que le haría a Peñalosa si fuera mi estudiante: ¿Dónde está el balance en la huella de carbono de la ciudad de la expansión de Transmilenio y de Ciudad Paz? ¿Por qué justifica la modificación de la RVDH asociada a la expansión urbana si donde más ha crecido la ciudad es en el occidente?¿Dónde encaja el modelo de ciudad del proyecto que modifica la RVDH con la planeación ambiental de la Sabana de Bogotá? ¿Dónde están los estudios con inventarios de especies, seguimientos de parcelas, y estudios de ecología de las especies animales para definir esos corredores?

Acá un ejemplo de los movimientos de los alces en la región periférica de Yellowstone, el primer parque nacional en el mundo, en el cual se ve cómo se debe tener en cuenta el ordenamiento territorial cercano a los parques y zonas protegidas, pues los animales no se limitan exclusivamente a estos espacios a lo largo del año.

Estas rutas migratorias han sido usadas para diseñar zonas de amortiguación para la fauna, y para establecer, de manera científica y técnica, los corredores necesarios. ¿Dónde están esos estudios? Tal vez si la alcaldía escuchara alguno del 95% de los ambientalistas que le dicen que debe modificar el proyecto, tendría esta información, técnica, para poder tomar sus decisiones.

 

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