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La pereza, la avaricia y el miedo hacen la historia

El motor de la historia son la pereza, la codicia y el miedo. Ellas son el motor de la innovación, el motor de la historia.

Carlos Maldonado
Carlos Maldonado
Profesor Titular - Facultad de Ciencia Política y Gobierno, Universidad del Rosario
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27 de Marzo de 2018

De acuerdo con Marx, el motor de la historia es la violencia. Esto quiere decir que los pueblos y las sociedades actúan como agentes de sí mismos cuando están hartos de violencia, opresión, exclusiones y marginamiento. El oprobio y el sufrimiento son las razones que hacen actuar a los seres humanos, y entonces actúan, individual y mancomunadamente hacia la libertad, hacia la igualdad, hacia la independencia. Si la pobreza opera como catalizador de las acciones humanas, la equidad y la igualdad deben ser los resultados de la acción colectiva.

Sin embargo, esta visión no es cierta. Es lo que afirma Max Weber. Contra Marx, por el contrario, Weber sostiene que el motor de la historia es el trabajo denodado de los individuos, el esfuerzo sincero, la entrega a sus actividades y la capacidad de soñar y hacer reales sus sueños. Como dicen los gringos: One hundred percent inspiration, ninety-nine percent perspiration (uno por ciento de inspiración, noventa y nueve por ciento de transpiración). El sueño americano, enmarcado en la ética del protestantismo es la verificación de las ideas weberianas.  Cada quien se forja su propio destino y nadie tiene a alguien más que reprocharle sus fracasos sino a su propia falta de esfuerzo.

Estas son, en tiempos recientes, las dos lecturas de la historia, la sociedad y la cultura. Una, que pone el énfasis en la acción colectiva. La otra, en el trabajo individual y en la entrega al esfuerzo como a la vida misma.

Muy recientemente, un historiador conspicuo, I. Morris, ha venido a elaborar la mejor aproximación a una teoría unificada de la historia con base en otra lectura, distinta pero original. El motor de la historia son la pereza, la codicia y el miedo. Ellas son el motor de la innovación, el motor de la historia.

La humanidad está compuesta, en su gran mayoría por agentes que pueden ser explicados por la física estadística.

Esencialmente, alrededor del mundo, toda la gente es esencialmente semejante. Desde luego que existen diferencias y matices, pero no son ellas las que pueden explicar por qué razón las cosas suceden, o cambian.

Lo dicho, la historia la hacen las mayorías, no las excepciones o las inflexiones. Y lo cierto es que la mayoría de la gente busca el menor esfuerzo, trabaja lo menos posible, y sólo actúa cuando no hay más remedio que hacerlo.

Los seres humanos son asustadizos y avariciosos; siempre buscan hacer las cosas fáciles, no las más difíciles, las cosas más provechosas o seguras, no las riesgosas o las que implican incertidumbre. Los seres humanos, en fin, se mueven por inercia, podríamos decir.

Con base en eta asunción, Morris explica uno de lo asuntos de mayor envergadura: por qué la civilización occidental ha mandado durante los últimos quince mil años, y por qué en el futuro inmediato podrá hacerlo, aunque a mediano y lago plazo surjan numerosas dudas y cuestionamientos.

El motor de la historia no es el valor o el coraje, la astucia o la inteligencia, el desafío y los riesgos y las apuestas. Los seres humanos siempre parecen haber hecho apenas lo suficiente para mantener las cosas o cambiarlas. Son sistemas físicos, y la física es una dimensión de la realidad esencialmente perezosa. (Por esta razón la física se ha explicado durante la mayor parte del tiempo en términos de gravedad, inercia, acción-reacción, caída libre, movimiento uniformemente acelerado y otras explicaciones semejantes y próximas. Todo eso se llama técnicamente: mecánica clásica).

Hay un historiador agudo y con profundo sarcasmo y sentido (negro) del humor, que es C. Cipolla. Cipolla es uno de esos casos rarísimos en la historia de la ciencia en general que se caracteriza por que ha escrito libros breves, jamás extensos, pero con creatividad y chispa. Más un número de artículos, claro.

Uno de los libros de Cipolla se basa en mostrar las leyes fundamentales de la estupidez humana. El libro lleva el sugestivo nombre de Alegro ma non troppo: la historia sucede, pero no de manera acelerada. La vida es trágica pero a veces cómica, y ambas, comedia y tragedia se suceden a intervalos de contrapunteo. Un Marx de mediana edad ya lo intuyó en algún pasaje, aunque nunca lo desarrolló plenamente: los seres humanos hacen la historia, peor no siempre la hacen como lo desean, o lo desearían.

Simple: la acción humana no le pertenece a los seres humanos, los desborda continuamente, incluso hay ocasiones en los que lo aliena o los enajena. Lo más propio de la existencia humana, la acción, es algo que no les pertenece enteramente.

Hoy por hoy medio mundo se llena la boca hablando de innovación. Las universidades tienen, casi que unánimemente, una división de innovación (y emprendimiento). Las empresas se llenan la boca hablando del tema y gastan sumas enormes en seminarios, coaching y asesorías de innovación.

Pero la verdad es que las empresas, el estado y las universidades le tienen pavor a la innovación. Quieren generarla para controlarla inmediatamente. Ditto: pereza, codicia y miedo. Todo lo contrario a hybris – que fue siempre el motto del cambio y las revoluciones.

Naturalmente que no todo el mundo es asustadizo, cobarde o perezoso. No faltaba más. Pero la historia, la sociedad, la economía y la política sucede a pesar de ellos. No gracias a ellos. Son precisamente esa manada de codiciosos, perezosos y asustadizos los que han desarrollado esos mecanismo de control panóptico imperantes en contra de los radicalmente innovadores, los estructuralmente radicales, en fin, los arrojadizos y valientes. El pensamiento panóptico, la psicología que le es propia, y la ingeniería social sobre la que se sostiene parecieran darle la razón a Morris – contra Marx, e incluso a pesar de Weber mismo.

La dificultad enorme estriba en el hecho de que los seres humanos han tenido una dificultad histórica en comprenderse y explicarse a sí mismos. Esa es exactamente la tarea de las ciencias sociales y humanas, y allí está su piedra de toque.

La historia constituye una de las herramientas mediante la cuales podemos comprender al homo sapiens. Esa especie que, según parece, actúa cuando no hay más remedio que hacerlo; porque mientras tanto, aguanta, padece y resiste. Bonito panorama para un mundo en crisis.

Comentarios (2)

Andres Felipe Garcia Rovira

27 de Marzo

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Deliciosa entrada me recuerda el libro de Edgerton llamado innovación y tradi...+ ver más

Deliciosa entrada me recuerda el libro de Edgerton llamado innovación y tradición que habla de como la vida media de los aviones de Guerra de USA son 50 años o que para la guerra relampago Hitler utilizó mas caballos que camiones. Aqui en Colombia tenemos un deprimente manejo del concepto, aqui para el sector publico eso es mermelada, para las universidades son grupos de estudio inscritos en colciencias, para los profesores son publicaciones indexadas y para el resto de la ciudadania es el ultimo celular o Televisor LED, En el fondo creo que así como en las ciencias sociales vemos terribles generalizaciones para descalificar enormes segmentos de la población por sus creencias politicas, de igual forma solo reaccionaremos de cara al abismo.

Carlos Maldonado

27 de Marzo

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Existe una doble moral sobre el tema (la innovación). Y ese ese moralismo sob...+ ver más

Existe una doble moral sobre el tema (la innovación). Y ese ese moralismo sobre el tema lo que resulta verdaderamente irritante. Y esto sucede aquí y allí...