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La innovación del consumismo salvaje

La innovación en los nuevos modelos de negocio ha generado nuevas opciones para los consumidores, especialmente en países en desarrollo. Pero ¿cuáles son los límites de la innovación asociada a un mayor consumo de bienes en detrimento de la mano de obra?

Sandra Hurtado
Sandra Hurtado
Experta en Innovación y Desarrollo de Productos.
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09 de Septiembre de 2018

En medio del océano de productos que vemos todos los días en los supermercados, tiendas, centros comerciales, parece que hubiera soluciones para todo. Todos los gustos y preferencias reflejados en un maremagnum de productos de colores, sabores y variedades mil.

El párrafo anterior suena redundante, pero redundante está el mercado también. Muy probablemente todas las ofertas y productos que vemos hoy son el resultado de procesos de innovación en diversas compañías y todos fueron desarrollados bajo el mantra de: "productos enfocados a las necesidades del consumidor", "el consumidor manda", "es lo que el consumidor necesita". ¿Suena familiar? De verdad ¿el consumidor necesita todo eso?

La pregunta que muchas compañías deberían hacerse es ¿lo que voy a lanzar tiene valor real o no? ¿Significa realmente un cambio en la forma de desarrollar, vender y consumir?

Es difícil luchar contra la dinámica que ha planteado el consumismo salvaje. Si no peleo, me gana; si tengo un solo producto pierdo; es mejor tener variedad porque "en la variedad está el placer". Este consumismo ha llegado a niveles tan altos que inclusive las mismas compañías canibalizan sus productos como si esa fuera la estrategia más normal de mercadeo. Muchas variedades y para todos los gustos, con la resalva de que todas, absolutamente, todas las compañías están pensando de la misma forma.

En el mercado de consumo masivo no recuerdo haber visto en los últimos  años un producto que me quitara el aliento. Algo que deseara tener. Más bien, es esta sobre-saturación de la foto, la que ha llevado al crecimiento de propuestas de muy bajo costo y menos variadas en el mercado, comprobando que no siempre tanta variedad encanta, ni tantas opciones enamoran. Más bien confunden.

Cómo siempre el valor real que el consumidor encontró fue el precio por encima de cualquier otro beneficio. Luego vino el hecho de que el nivel de desempeño del producto era "suficiente" (cumple lo que promete) y por útlimo la calidad, que ya no se cuestiona y es considerada como "buena".

Entonces dejamos de hablar de productos para hablar de los modelos de servicio innovadores. Aquellos que lograron desbancar a los jugadores del podio, generar movimientos empresariales más arriesgados, lograr atraer la atención de nuevos consumidores , aquellos negocios que aparecen más seguido en las primeras páginas con resultados brillantes y rápidos.

Estos modelos que nos suenan tan interesantes, están apuntándole a nuevas estrategias de venta, ruptura de paradigmas de consumo, niveles insospechados de negociaciones de precio y una "comoditización" de todo (o casi todo) lo que no estaba comoditizado.

Estas innovaciones en los modelos de servicio hacen que me cuestione si la innovación que hay es válida para todos los actores del proceso. Es decir, para los productores de insumos, los transportadores, los operarios de la planta, los desarrolladores de fórmulas, los encargados de comercializar y distribuir.

En fin, de todas las caras que no se ven pero estuvieron involucradas en generar el resultado. Sucede que tengo la impresión que estos modelos de servicio están siendo útiles para algunos y para otros no. De que la innovación se ve pero no sabemos a qué precio. Inclusive me pregunto ¿si un emprendedor quisiera entrar en el mundo de productos de consumo masivo, qué tendría que hacer  para lograr competir con esta masividad?

Hace un par de meses se publico un estudio en el cual se evidencia que los están afectando a las tiendas de barrio y supermercados independientes. Inclusive, han logrado desbalancear a las multinacionales de consumo masivo, quienes antes cobraban mucho más por sus productos y que hoy están obsesionadas en competir con los productos genéricos o propios de los supermercados bajando el precio

Agunos escépticos dirán que ahora a los pequeños tenderos les toca unirse e innovar. Suena fácil, pero en un país en donde les hemos enseñado a las personas que cada uno debe defenderse por sus propios medios, los esfuerzos de sobrevivencia se vuelven pequeños e ineficientes. 

Creo que son estos modelos los que obligan al sector productivo a reinventarse, pero también creo que la innovación viene desde cualquier lado: desde el tendero que tendrá que inventarse un servicio barato y competitivo; la multinacional que tendrá que pensar mejor en su propio posicionamiento y sobretodo en las personas por detrás del producto y en el consumidor que tiene en sus manos escoger qué quiere comprar de forma consciente.

Mi esperanza, es que sea el consumidor el que empiece a exigir compromiso social en la innovación que compra, respeto por las personas y durante las negociaciones. Desde mi punto de vista, ninguna innovación tiene sentido si socialmente no representa un avance para todos los involucrados.