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Innovación: de Millhouse al Triángulo de las Bermudas

Una propuesta para generar acuerdos y evitar confundir innovación con invención.

Javier Barrera
Javier Barrera
Antropólogo
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12 de Agosto de 2016

El 24 de septiembre de 1995 Millhouse Van Houten descubrió que repetir sistemáticamente una palabra hace que esta pierda sentido. , explicó a Bart Simpson.

 

Pienso en este episodio siempre durante las conversaciones donde se habla, critica y debate la innovación. Esta se ha convertido en discurso obligado, es la dualidad que resume el desarrollo económico hoy. A pesar de esto, todos hablamos del tema sin ponernos de acuerdo en lo que significa. Como Millhouse, usamos tanto la palabra que ya le hemos quitado todo su significado.

Incluso el CONPES 3834, en su versión aprobada el 2 de julio de 2015, nos dice que quienes invierten en innovación tendrán derecho a deducciones de renta. Maravilloso, sí, hasta que uno lee la definición de innovación, que se reduce básicamente a: , como quien dice un invento, un método o un servicio, y ahí es donde pienso que los debates sobre innovación son como hablar de fenómenos paranormales.

Verán, de niño siempre me fascinó el Triángulo de las Bermudas. Hasta que un día descubrí que más allá de su mística este es el armario donde se arrumaban todos los fenómenos que nadie podía explicar.

Así es la innovación, es todo y nada, una solución de la que se  habla pero sobre la que no hay acuerdos. Un discurso que hace fila para entrar en esos cajones reservados para el “lugar común” donde palabras como sinergia, optimización, beneficio y calidad, esperan ansiosas la llegada de su amiga “innovación”.

La innovación no es objeto, un invento, un bien y tampoco un servicio. Aun así, si vamos a dejar que el desarrollo del país se apoye en la “invención” lo mínimo por hacer es ponerle un reto a los inventos.

No se trata de registrar patentes por deporte, se trata de valorar aquellas ideas, aquellos cambios, que generen un impacto en la sociedad. , pero sólo necesitó de una para generar un cambio dramático en la sociedad, la economía y la historia.

No seamos como Millhouse, no repitamos palabras por obligación. Entendamos que la innovación es en realidad el proceso con el que se producen inventos o servicios que generan cambios en la sociedad. Esta sólo existe cuando su resultado, el invento, es utilizado y adoptado, cuando genera cambios e influye en nuestra forma de vivir.

Tal vez suene más bonito y ambicioso relacionar la innovación con invención, con patentes, con número de inventos. Pero si la cantidad fuera un reflejo de logro, Agatha Christie sería, de lejos, mejor escritora que Shakespeare, y la verdad es que no.