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El Niño juega con candela

En Caquetá y Guaviare, el uso de fuego es uno de los factores de expansión de la intervención antrópica sobre el ecosistema, así como también en el bajo Cauca, mientras que en el Magdalena no parece haber uso intensivo de fuego para deforestar.

Alejandro Feged Rivadeneira
Alejandro Feged Rivadeneira
Profesor Asistente en la Universidad del Rosario, en el programa de Gestión y Desarrollo Urbanos de la Facultad de Ciencia Política
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23 de Diciembre de 2018

Uno de los temas que más lo impacta a uno de pasar tiempo en una comunidad indígena es la manera como cuidan a sus hijos, obviamente no porque sea mejor o peor, sino porque tienen un manejo muy diferente del peligro frente a temas como instrumentos cortopunzantes y el fuego. Recuerdo en particular una ocasión en la cual, tras preocupar por meses mi mente occidental cuando veía niños muy pequeños corriendo con cuchillos, me corté la mano tratando de pelar una caña de azúcar. Los niños, quienes son una de las principales compañías del antropólogo, soltaron una pequeña carcajada al ver mi torpeza. Sin saber muy bien por qué, intenté ocultar mi dolor y reír con ellos, mientras trataba de contener la sangre.

 

Este es uno de los intereses que he tenido desde hace mucho tiempo (la manera como diferentes culturas con diferentes modos de subsistencia crían a sus hijos), y era la pregunta central de mi propuesta de investigación cuando mandé mi solicitud de ingreso al doctorado. Tuve la suerte de ser aceptado en un pequeño enclave de la escuela de  ecología humana en una disciplina donde el pensamiento poscolonial ha sido una aplanadora frente a otras maneras de pensar, donde varios profesores colaboraban para entender el efecto del fuego utilizado por las comunidades aborígenes para cazar sobre la biodiversidad del desierto australiano. Fue uno de esos artículos y hallazgos científicos que marcaron el departamento mientras yo estuve allá, pues atrajo mucha atención de la comunidad científica, y también fue un texto que se utilizó como ejemplo en muchas de las discusiones de clase.

 

Lo que ellos encontraron fue fascinante: el uso de quemas controladas aumenta la biodiversidad del paisaje. Los mosaicos de paisaje eran mucho más homogéneos (menos biodiversos) en ausencia total de actividad antropogénica, mientras que los lugares con mayor intervención de fuegos por parte de comunidades que habitan el ecosistema hace muchos años aumenta la heterogeneidad.

 

 

Satellite images of habitat heterogeneity in the Martu homelands. (A) Landsat 7 ETM+ image mosaic (bands 7, 4, 2) of the study region surrounding Parnngurr Community taken November and December 2002. Recent fires are shaded red to orange, regrowing habitat appears yellow to green, and mature growth as dark green to blue. (B and C) Images are enlarged to show detail in the habitat mosaic of two 28-km2 landscapes: a landscape under a primarily anthropogenic regime 19 km from community (center 122.437E, 22.910 S) (B); a landscape under a primarily lightning ignition regime 91 km from community (center 123.505 E, 22.915 S) (C).

 

 

 

En el departamento donde yo estudié, como muchos otros lugares con énfasis en ecología, vivió una transformación reciente en su enfoque frente a los recursos naturales. Un cambio de enfoque donde el uso del suelo por parte de poblaciones humanas empezó a ser valorado de manera mucho más sistemática, y donde el uso de conservación empezó a ser cuestionado como la mejor opción para preservar la biodiversidad. No significa que no se deban establecer áreas protegidas ni mucho menos, sino que la conservación (medida donde se minimiza la transformación antropogénica) es una intervención bastante fuerte a un ecosistema, y una donde la biodiversidad y otros valores de interés ecológico pueden no ser la variable que se maximiza.

 

En este contexto, una de las maneras más eficientes de controlar el impacto de los incendios forestales, es por medio de fuegos controlados. A pesar de que suene contraintuitivo, hay mucha evidencia de que puede funcionar como medida de control, y ya hay varios lugares donde se.

 

 

¿Por qué es importante esto para Colombia?

 

Se avecina un fenómeno de El Niño que, según expertos dedicados al tema, puede ser bastante fuerte.  Ya se confirmó el incremento en la temperatura de las aguas en la zona de observación, y las autoridades que determinan si hay o no fenómeno están esperando solamente que la temperatura del agua afecte la atmósfera para declarar el evento. En todo caso, que haya o no fenómeno climático oficial no significa que los daños potenciales sean mayores o menores. Esta relación se ha cuestionado con los recientes huracanes y otros fenómenos climáticos extremos, que en ocasiones sin El Niño o La Niña causan más estragos que en años donde se declara el fenómeno oficialmente. Lo cierto es que probablemente habrá un fenómeno tardío.

 

 

Esto para Colombia normalmente significa sequías intensas y una temporada de verano donde probablemente habrá temperaturas más altas y por periodos más prolongados de lo normal. Una de las consecuencias más frecuentes del fenómeno son justamente los incendios forestales descontrolados, pues ante sequías enormes, la vegetación se torna en el terreno más fértil posible para el fuego. Esto, además, en el contexto de una deforestación acelerada tras la firma de los acuerdos, donde la explotación desenfrenada de recursos forestales en regiones de anterior ocupación por parte de actores ilegales del conflicto está lejos de ser una de las prioridades del gobierno.

 

Mi propuesta es realizar quemas controladas (no para deforestar) en diferentes frentes del país. Para ello, hice una simple visualización de los incendios forestales desde 2017 y la deforestación de los últimos 18 años (en azul los incendios forestales, y en rojo la deforestación). Es evidente que en la frontera de mayor deforestación, Caquetá y Guaviare, el uso de fuego es uno de los factores de expansión de la intervención antrópica sobre el ecosistema, así como también en el bajo Cauca, mientras que en el Magdalena no parece haber uso intensivo de fuego para deforestar.

 

En general, considero particularmente peligroso que las quemas ilegales para la deforestación en Caquetá y Guaviare se salgan de las manos, y expandan la frontera mucho más lejos de lo que los mismos emprendedores forestales tienen en sus cálculos más optimistas, además porque las sabanas del Guaviare son, como varios ecosistemas australianos y califonianos, biomas adaptados al fuego y con mucha vegetación inflamable.

 

Para volver a la metáfora de los niños jugando con cuchillos, nuestra mente occidental se obsesiona con el peligro de los incendios como yo lo hice con  el uso de cuchillos en los niños, cuando realmente debería preocuparse un poco más por enseñar su buen uso desde pequeños y de una manera sostenible para evitar incidentes de torpeza por falta de conocimiento y práctica en su uso, e incluso tener un efecto positivo sobre la biodiversidad del ecosistema.

 

 Referencias:

 

Bird, R. Bliege, et al. "The “fire stick farming” hypothesis: Australian Aboriginal foraging strategies, biodiversity, and anthropogenic fire mosaics." Proceedings of the National Academy of Sciences (2008).

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Comentarios (1)

psophia

26 de Diciembre

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Interesante entrada, ¿podría el autor, o algún lector, citar estudios publi...+ ver más

Interesante entrada, ¿podría el autor, o algún lector, citar estudios publicados que sustenten la hipótesis según la cual "las sabanas del Guaviare son, como varios ecosistemas australianos y califonianos, biomas adaptados al fuego"?