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El doble reloj demográfico

En la metáfora del reloj de Lewis Carroll, el país cuenta con poblaciones que van en el reloj cuántico de última generación, mientras que otra parte importante parece estar en la era del reloj de arena. Ambos, descalibrados. 

Alejandro Feged Rivadeneira
Alejandro Feged Rivadeneira
Profesor Asistente en la Universidad del Rosario, en el programa de Gestión y Desarrollo Urbanos de la Facultad de Ciencia Política
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12 de Noviembre de 2018

En una de sus provocativas historias que tratan de romper la lógica, Lewis Carroll propone el siguiente razonamiento: ¿Qué es preferible, un reloj que de bien la hora dos veces en el día, o uno que lo haga una vez al año? La respuesta, que parece obvia, es totalmente contraintuitiva: el primero está completamente dañado, sus manecillas no avanzan y permanece estático anunciando siempre la misma hora del día. El segundo, se retrasa un minuto por día, con lo cual, lejos de ser ideal, es mucho mejor que el anterior. 

Con los resultados del último censo poblacional, cuyas cifras conocemos a cuentagotas, la prensa y algunos líderes de opinión han entablado un debate que, a mi juicio, ha sido totalmente desinformado por falta de claridad en algunos conceptos básicos de demografía. Acá los discuto a la luz de una investigación recientemente publicada sobre la transición demográfica. 

 

Ya no seremos 50 millones…

¿Quién quería que lo fuéramos? Sin duda, la población colombiana llegará y sobrepasará los 50 millones, pero no los fuimos en 2018. Muchos han argumentado que la explicación es la falta de ajuste con estadísticas vitales del reloj poblacional, lo cual puede ser parte de la explicación, pero no se puede asumir como cierta porque se pueden desconocer muchas complejidades importantes de la demografía del país. 

En primer lugar, una proyección demográfica simple, como es el reloj poblacional, es una de las más básicas que se pueden realizar. Las que se hicieron en Colombia son particularmente problemáticas porque no se han ajustado en el periodo intercensal con estadísticas vitales y otras herramientas que se usan comúnmente. 

Lo más importante, a mi juicio, es que algunas personas equivocadamente atribuyen la desaceleración observada del crecimiento poblacional a cambios de fertilidad. Para estudiar los cambios en patrones de fertilidad se debe hacer una proyección de una población estructurada, en la cual estadísticas de fertilidad y mortalidad por edad se calculan para ajustar las dinámicas poblacionales por edades específicas. Este tipo de poblaciones en demografía se conocen como “estables”, no porque se mantengan invariables en el tiempo (esas se denominan “estacionarias”), sino porque sus tasas de fertilidad y mortalidad por edad se mantienen constantes. 

Si bien parece ser una contribución muy sencilla con respecto al reloj poblacional, esta simple innovación permite identificar diferencias sustanciales entre fenómenos muy diferentes (y relevantes para un país): cambios sustanciales en patrones de fertilidad (transición demográfica) o sencillamente oscilaciones que se pueden describir con las proyecciones estructuradas, que convergen en el tiempo a una distribución de población descrita por el eigenvector dominante de la matriz Leslie. Ambas deben fallar en el contexto de la transición demográfica, pero yerran en magnitudes diferentes. 

 

¿Cómo se debe ajustar el censo electoral? 

Esta no es una pregunta demográfica. Si el censo electoral está errado, no es consecuencia de las proyecciones poblacionales.

 

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. Con base en trabajo etnográfico, teníamos la hipótesis de que las características demográficas de las poblaciones indígenas (de los Nükak, para ser más precisos, pues cuentan con una historia única) están sufriendo un cambio importante a medida que modifican sus patrones de subsistencia por habitar entornos peri-urbanos de los centros poblados más cercanos. En particular, se ha documentado para poblaciones cazadoras-recolectoras, que la fertilidad de las mujeres se incrementa cuando: 

 

1. Aumenta la disponibilidad calórica

2. Se modifican los patrones de subsistencia

 

En la investigación, logramos documentar, además, que de la mano de una transición demográfica, hay una transición en la micro-epidemiología de la población, en la cual la demografía es un factor crucial para determinar la vulnerabilidad de la población a la enfermedad. Para evaluar la validez de nuestros hallazgos, hicimos cálculos para identificar las poblaciones más endémicas en morbilidad por malaria, y encontramos que las poblaciones indígenas de centros poblados de menos de 50 mil habitantes están en una situación de vulnerabilidad más alta. 

El estudio tuvo lugar en poblaciones Nükak de San José del Guaviare, Chécamo, y Laguna Pavón II. 

 

 

Las pirámides poblacionales de tres poblaciones Nükak parecen ser muy similares a ojo de pájaro, sin embargo, sus patrones de fertilidad cambiaron drásticamente en años recientes. 

 

 

El cambio demográfico está asociado a un cambio en el perfil epidemiológico. Acá se ven dos poblaciones Nükak. 

 

 

Para corroborar los resultados, identificamos las poblaciones más endémicas de malaria en Colombia. En la mayoría de ellas habitan poblaciones Embera, una de las minorías étnicas más afectadas por el conflicto armado. Ademas, comunidades cuyos patrones de asentamiento promueven la existencia de malaria. 

 

¿Por qué es relevante esto para interpretar los resultados sorprendentes del censo? 

Es muy importante poner las cosas en contexto. Colombia ha vivido la transición demográfica de  manera particularmente acelerada para sus indicadores sociodemográficos. Los académicos que han estudiado esto, le atribuyen el fenómeno al trabajo de instituciones como Profamilia, que puso a disposición de la población colombiana una política de seguridad sexual y reproductiva de avanzada (como muchas cosas en nuestro país). En pocas palabras, estas medidas progresistas en términos de salud pública de la sexualidad tuvieron un impacto poblacional, en el cual Colombia se volvió un país “industrial” (por llamarlo de alguna manera) en términos demográficos mucho más rápido de lo que ha debido. 

 

Nuevamente, ¿por qué es importante eso? 

La demografía y la economía, por ejemplo, han estado estrechamente relacionadas. En Colombia, Robert Wade y los principales economistas del Banco de la República coinciden en que el crecimiento económico de los últimos 50 años se le puede atribuir en gran parte al bono demográfico (un periodo en medio de la transición demográfica donde hay más personas activas en la población), y en gran parte a la inserción de las mujeres en el mercado laboral. 

A medida que la población colombiana vivió una transición demográfica acelerada, las ciudades pequeñas fueron rezagadas, y en particular en sus zonas peri-urbanas, se viven transiciones epidemiológicas y demográficas que van en contra del saber establecido. 

Algo que Peñalosa no entiende, al ver las defectuosas y desatinadas proyecciones con las cuales intenta vender su proyecto de urbanizar el norte de la ciudad, es que el crecimiento de las grandes ciudades de Colombia se ha desacelerado. Las tasas más altas de crecimiento en poblaciones urbanas se va a dar en Colombia en ciudades pequeñas. En pocas palabras, la población colombiana se va a “descentralizar” en términos demográficos en los próximos años, donde las regiones y ciudades pequeñas van a empezar apenas el proceso de transición demográfica. Y no será un proceso donde falten brotes epidémicos en las poblaciones más vulnerables. Tristemente, además, los discursos dominantes en muchas zonas del país son fuertemente conservadores, y se empeñan en desmontar precisamente los programas de salud sexual y reproductiva que pueden ayudar en estos procesos. 

Para volver a la metáfora del reloj de Lewis Carroll, el país cuenta con poblaciones que van en el reloj cuántico de última generación, mientras que otra parte importante (la que más va a crecer y aquella que tiene pendiente la transición demográfica) parece estar en la era del reloj de arena. Ambos, curiosamente, parecen estar descalibrados. Personalmente, no creo que sea un caso de reloj dañado, que de la hora correcta sencillamente por la circularidad del tiempo y no por precisión en la medición. Es absolutamente normal que se descachen las proyecciones.

Lo que no es normal es que se convierta en una discusión política un asunto que es de largo plazo, y que debe estar por encima de agenda partidista, por un lado, y por otro, que haya políticos que aprovechan esta falta de precisión en las cifras para justificar sus agendas personales (Peñalosa y sus proyecciones demográficas que carecen de todo rigor académico, para mencionar un ejemplo). 

Para terminar, un cálculo sencillo pero que poco he visto en el análisis, pero que considero muy importante: el estado del bono demográfico de cada población en el país. El mapa fue construido para una investigación que realizamos con varios estudiantes doctorales sobre el efecto de la migración en el crecimiento de la mancha urbana.

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