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Siempre la ciudadanía

En vista de la situación del país; que transita entre el repunte de violencia y una enorme incapacidad de concretar acuerdos sociales en medio de la polarización política; se hace urgente avanzar en la comprensión e instalación de la formación ciudadana desde la escuela.

Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Coordinador de formación educativa en Proantioquia
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31 de Julio de 2018

En este sentido hay dos grandes retos para los profesionales de la educación: superar los lugares comunes que se vienen creando acerca del ideal del “buen ciudadano”, y la incorporación transversal de la ciudanía en todos las áreas y espacios escolares.

Para trascender de la idea de un ciudadano como aquel que cumple las normas y está dotado con derechos y deberes (lo cual es cierto, pero insuficiente) se hace necesario comprender que la ciudadanía no es solo un “concepto jurídico”, sino una categoría de análisis que nos permite indagar el acceso de las personas a una serie de capacidades que les permite su bien-estar; así como un vehículo para movilizar causas que favorecen procesos de inclusión, enfoques diferenciales e igualdad de derechos.

Dicho de forma más simple, formar en ciudadanía no solo se trata de listar el conjunto de normas que nos permite coexistir, sino apelar a la capacidad de expresar argumentadamente lo que se piensa, y escuchar las perspectivas de los otros en un marco de profundo respeto por las diversas maneras de pensar y existir.

Esta aproximación de la ciudadanía, desarrollada por los griegos hace más de 2500 años, sigue no solo vigente, sino que plantea el reto de instalar varias capacidades ciudadanas. Entre los elementos necesarios para garantizar esta instalación está el uso y apropiación del conocimiento para la toma de decisiones, la escucha activa, la capacidad reflexiva y propositiva, el liderazgo y la agencia.

Pero ¿cómo hacer de la construcción de ciudadanía un asunto no solo del área de ciencias sociales sino una apuesta de la escuela en si misma? Nuestra propuesta implica que los maestros, de todas las áreas, favorezcan algunos de los asuntos que listamos:

 

    1. Insistir (y persistir) en la instalación de valores sociales comunes, como el respeto a la vida, a la libertad de creencia y a la necesidad de respetar las ideas de los otros

    2. Pasar de listar las normas de buen comportamiento a espacios participativos en los que los estudiantes ayuden a definir los acuerdos de convivencia y trabajo colaborativo.

    3. Crear espacios de conversación, debate e interacción estudiantil en la que se puedan visibilizar diversas posturas y puntos de vista

    4. Favorecer el reconocimiento y apropiación de lo público como patrimonio colectivo para el disfrute de todos

    5. Promover la conservación del ambiente

    6. Visibilizar la existencia de diversas identidades y orientaciones; mostrar ejemplos de personas e historias de vida de diversas procedencias, géneros, orientaciones sexuales y reconocimientos étnicos

    7. Consolidar espacios rotativos en los que los estudiantes puedan plantear su mirada individual sobre asuntos coyunturales del país y los contextos en los que se ubica la escuela

 

Desde luego no buscamos construir recetas, o únicos caminos para la formación ciudadana. Lo que si es claro es que seguimos creyendo que la escuela no puede quedarse corta frente a un asunto estructural si queremos un cambio social profundo. Una nueva forma de comunidad nos obliga a redefinir los ciudadanos que formamos, pues solo desde personas con nuevas capacidades de entender su rol social y su relación con los otros podremos pensar en un país sostenible.