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Matar a Jesús

Este domingo el Presidente Iván Duque, junto con la Ministra de Educación, darán a conocer la nueva estrategia que remplazará a Ser Pilo Paga.

Diana Paola Basto Castro
Diana Paola Basto Castro
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19 de Octubre de 2018

En este país es muy fácil cruzar la línea entre víctima y victimario. Como Lita en Matar a Jesús, a veces creemos que las soluciones radicales son la respuesta a todos nuestros problemas. Lita ve en vivo y en directo como le arrebatan la vida a su papá. Por cosas del destino se vuelve a encontrar con ese asesino y empieza a recorrer un camino con el que espera vengar la muerte de su padre y encontrar la paz.

A Ser Pilo Paga y por ende a los pilos, se los culpa de ser responsables, entre otras cosas, de afectar el financiamiento de la educación pública. Muchas voces se han alzado para mostrar todo lo malo que tiene el programa: Es el colmo que los pilos elijan las universidades privadas sobre las públicas porque por un pilo en la privada podríamos tener por lo menos 5 pilos en la pública; por qué beneficiar a unos cuantos si la educación es un derecho de todos. Incluso, un reconocido “líder” del sector educativo llegó a decir que Ser Pilo Paga era el Agro Ingreso Seguro de la educación. Una aseveración bastante acalorada y apresurada que contribuye a ahondar la eterna polarización en Colombia.

La verdad es que los Pilos, no son los culpables de lo que pasa en este país con la educación. Estamos matando un programa sin dimensionar sus impactos. Siempre he pensado que con Ser Pilo Paga todos ganamos.

Las universidades privadas ganaron porque, el niño de Bosa y el de Rosales se sentaban como iguales a construir. El compromiso del sistema con la permanencia logró que las universidades desarrollaran programas de acompañamiento que iban desde lo socioemocional, pasando por lo nutricional y cerrando esas brechas profundas que no hemos resuelto en la educación media. Los datos de deserción en educación superior han venido cayendo, en 2014 era del 10.1% y para 2016 fue del 9.0%. Para las comunidades y las familias de dónde vienen los pilos, el programa se volvió un factor de conversión.

Era la posibilidad de que los sueños se hicieran realidad para muchos. Este país tenía otros modelos a seguir, niños que nos dan ejemplo de la templanza, la perseverancia, la constancia y la disciplina. Conversar con ellos, conocerlos, es alimento para el alma.

Pero a pesar de que hay muchos ámbitos en la sociedad en dónde podríamos evaluar los impactos del programa, la decisión de que no va más pone en riesgo no solo a futuros pilos sino a los que están en el programa. Aunque ya se dijo que se garantizan los recursos para que las cuatro cohortes terminen, en el gobierno nacional nadie está hablando de cómo vamos a acompañar a los pilos en su transición al mercado laboral y como vamos a catalizar ese grupo de 40 mil jóvenes que tienen todo para transformar este país.

Al contrario, es como si quisiéramos estigmatizarlos al punto que para muchos pilos es vergonzoso decir que son beneficiarios del programa, y no por el supuesto bullying que les han hecho en las universidades, sino por el bullying que les estamos haciendo como sociedad.

Lita, quién después de pensar que todo se solucionaría con matar a Jesús, se da cuenta de que él también era una víctima y que acabar con él no cambiaba nada. Creo que el gobierno decidió que acabar Pilo puede ser la respuesta para muchos de los problemas de la educación superior.

El tiempo lo dirá, pero mientras tanto, los invito a que por primera vez como país dejemos la envidia, el arribismo y la mezquindad a un lado y nos propongamos que los pilos brillen tan alto, que todos nos sintamos orgullosos de ellos. Qué las oportunidades que algunos privilegiados hemos tenido, sean éstas muchas o pocas, sean también las oportunidades de otros.

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