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¡Llegar al territorio!

Esta época suele ser buena para hacer balances y reflexionar sobre la pertinencia de los que hacemos programas de acompañamiento a la escuela. Nuestras acciones, desde el sector social y privado, no pueden perder de vista que se trata de apoyar, nunca de suplantar.

Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Coordinador de formación educativa en Proantioquia
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05 de Diciembre de 2018

En esta medida se hace urgente que identifiquemos a profundidad los roles existentes dentro del sistema educativo, lo que se traduce en reconocer a los directivos docentes como líderes articuladores de los procesos escolares, y a los maestros como los grandes mediadores que tienen a cargo las experiencias que ocurren en las aulas.

En este último caso es necesario decir que si bien nuestros maestros -como los profesionales de cualquier campo- necesitan mejorar su cualificación, ampliar su acceso a consumos culturales y apropiarse de tecnologías que pueden facilitar su práctica, son los profesionales de la educación, y como tal son productores permanentes de saber.

La pregunta, apenas lógica, es ¿qué hacer entonces para acompañar a los maestros sin suplantar su labor?

Las escuelas, y la educación en general, no funcionan como franquicias de una misma compañía. Este entendimiento nos permite reconocer que el contexto no es una “externalidad” de la escuela, sino un insumo fundamental para el diseño y acción educativa. Si queremos trabajar con maestros, es imprescindible que tengamos una comprensión clara de los lugares en los que está la escuela. Si la educación funcionara igual en todas partes podríamos resolver muchos aprendizajes con videos estandarizados. Como no es así, hay que insistir que Dinamarca no es lo mismo que Cundinamarca.

Por esta razón es fundamental que dejemos la pretensión de sacar a los maestros de sus contextos, para “formarlos” en talleres que nada tienen que ver con la escuela en la que ellos trabajan. Si entendemos que los profesores deben mediar permanentemente entre los saberes y las realidades locales, no podemos proponerles siempre casos irreales o simulados y este, a mi manera de ver, debería ser un criterio de los programas de formación docente. Para explicar esto me permitiré la anécdota: hace un tiempo una amiga pedagoga, brillante intelectual por lo demás, nos hizo una recomendación para los profesionales de Ser+Maestro: estar una semana en la escuela, llegando a la hora en que los maestros llegan, conociendo su horario, sus tiempos de descanso, y  sus modos de llegada y salida del territorio.

Este reto, aparentemente simple, cambió por completo nuestro modelo de intervención. Allí reconocimos que si queremos ser un apoyo útil, tenemos que llegar hasta las escuela; usar las pangas, chivas o buses que los profesores usan y no las camionetas que no dejan ver a los niños que caminan kilómetros para llegar a clases; hacer los talleres en los salones de clase de las instituciones educativas entendiendo la precariedad de algunas infraestructuras con las que los maestros tienen que sortear, la ausencia de los proyectores de video o de los equipos de audio que solemos tener al alcance en la ciudad; pero sobre todo, llegar al territorio no como turista, sino con la mente abierta para hacer lo necesario: adaptar nuestras ofertas al sistema educativo y no el sistema educativo al cumplimiento de nuestros indicadores.

Esto, en últimas, implica un ejercicio de concertación con actores del territorio, con los tiempos e intencionalidades de la escuela, con la priorización de contenidos que los docentes y directivos necesitan, y no solo con nuestra mirada de las necesidades de la escuela y el territorio. Desde luego más complejo, este enfoque es un ejercicio de responsabilidad territorial y diseño educativo contextual. Así como a nuestros profesores les pedimos que profundicen los aprendizajes de sus estudiantes en todos los temas con pocos recursos, es justo que nosotros también condicionemos nuestro hacer a las realidades del contexto. Esto es lo que nos hace pertinentes.

A partir de esta comprensión, Ser+Maestro no solo cambió algunos contenidos, sino su modelo de operación. Esto nos ha permitido, solo en 2018, recorrer 41.000 kilómetros hasta  sedes urbanas y rurales en cinco departamentos del país , una distancia mayor a la necesaria para darle la vuelta al mundo. En nuestro caso también ha sido un viaje de aprendizaje acompañados por los mejores guías de una sociedad mejor: los maestros.

No tenemos todas las respuestas a la pregunta que motivó este texto, pero estamos seguros que llegando hasta el territorio vamos construyendo un acercamiento serio y repetuoso. Los invitamos a unirse a esta reflexión para ampliar nuestras miradas.

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