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La promesa de un desempleo estable

En Colombia 18 de cada 100 jóvenes ni estudia ni trabaja, la segunda peor tasa de Latinoamérica. La mitad de los desempleados tiene menos de 29 años.

Amaury Núñez González
Amaury Núñez González
Politólogo y estudiante de periodismo
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18 de Septiembre de 2018

En Colombia 18 de cada 100 jóvenes ni estudia ni trabaja, la segunda peor tasa de Latinoamérica. La política laboral hacia la juventud no impacta a un recién egresado de la educación superior y formaliza pocos empleos.

De los 12 millones 800 mil (entre 18 y 28 años hay más de 3 millones 400 mil no tienen empleo. La mitad de las personas que no consiguen un trabajo tienen menos de 29 años.

Para la promoción del empleo en la población joven se han ensayado políticas laborales para promover su contratación, pero no se puede afirmar su éxito.

De acuerdo con Stefano Farné, director del Observatorio Laboral de la Universidad Externado de Colombia, “la decisión de contratar jóvenes por parte de empresas formales no depende de manera determinante de la regulación laboral”.

Según Daniel Jaramillo Jassir, en su estudio Desempleo juvenil en Colombia (2016), estas políticas, que son una declaración de principios e intenciones para abordar el problema, tuvieron un bajo impacto en la formalización de la juventud trabajadora.

En 2011, primer año de la vigencia de la Ley de Primer Empleo, fueron creadas un poco más de 237 mil pequeñas empresas, de las cuales solo fueron beneficiarias de la ley 7.345. Solo el 3,1 por ciento de las empresas manifestaron a la Dian su intención de acogerse a los beneficios de reducción de aportes al sistema de seguridad social, como estímulo a la formalización en el marco de la Ley de primer empleo.

“Las garantías de primer empleo han mostrado ser ineficaces, fundamentalmente por propender a vínculos temporales y a centrar la estrategia en el impulso de políticas de promoción del emprendimiento para deslaboralizar la vinculación y trasladar la responsabilidad ocupacional al conjunto de trabajadores”, concluye Jaramillo Jassir en su estudio.

Experiencias como la de México, recuerda Farné, con el programa de creación de empleo juvenil, que previó 450 mil nuevos empleos por año, y entre 2007 y 2009 solo garantizó 50 mil: el 3,7 por ciento.

A lo anterior se suman la incidencia que tienen las brechas económicas regionales. De acuerdo con Kelly Orozco y Ania Villalba, en su trabajo Análisis de los efectos de la ley de formalización y primer empleo en las pequeñas y medianas empresas (pymes) de Cartagena (2014), el 84 por ciento de las empresas inscritas para acogerse al beneficio de la ley en 2011 pertenecían a cinco seccionales de la Dian: Bogotá, con más de la mitad, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y Pereira.

La Escuela Nacional Sindical, en su informe sobre el trabajo decente en Colombia, señala que las condiciones estructurales del desempleo han tenido un enfoque equivocado. Las políticas frente al trabajo de la juventud se han focalizado en sectores pobres con soluciones ligadas al emprendimiento, otra forma de llamar al trabajo de cuenta propia. En promedio, durante los últimos 10 años, 68 de cada 100 jóvenes trabajaban en la informalidad.

Los estímulos laborales obedecen a la promoción basada en un aparato productivo (más empresas, más mercado y más consumo) que demande empleados. Cuando se implementó la Ley de primer empleo no hubo ninguna variación significativa en el empleo juvenil.

Todo lo contrario. Desde 2015 hay un incremento sostenido del desempleo en este grupo poblacional.

Con la quiebra de los aparatos productivos, el desplazamiento de la mano de obra hacia lugares en donde cuesta menos y su tecnificación, el trabajo se ha transformado -o destruido-. Algunos países de Europa registran tasas de desempleo juvenil que superan en un 50 por ciento a la colombiana.

Un libro de Ulrich Beck, Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización, lo pone de este modo: el capitalismo actual transformó los valores sobre el trabajo. La alianza histórica entre el capitalismo, el Estado asistencial y la democracia está en entredicho.

La pregunta que hace Beck es si la liberación de puestos de trabajo, o de destrucción de esos puestos, puede replantearse como una compensación dirigida hacia la autonomía de la fuerza laboral.

Es decir, transformar esa precariedad laboral en una actividad económica discontinua que puede traer consigo beneficios. Otra manera de llamar al desempleo, al subempleo, a la informalidad, a la pérdida de capacidad de consumo: la libertad de serlo, padecerlo.

Que un joven en Bangkok compita por el trabajo de un joven pobre del primer mundo (donde reside la casa matriz de su empleador, por ejemplo), es otra ironía de la globalización del neoliberalismo.

La competencia entre los pobres también puede, sin saberlo, ser global. En Colombia, como en el mundo, el desempleo juvenil es una especie de promesa: ya no se puede aspirar, con cierta certeza, a ser menos pobre que sus propios padres.

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Comentarios (1)

Edgar Marin

22 de Septiembre

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