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La innovación como proceso, no como suceso

Hacer check-in en el aeropuerto, comunicarse con un familiar que vive lejos o consultar la actualidad en Rusia son ejemplos de actividades que han cambiado desde que la tecnología se instaló en nuestra vida cotidiana. Enviar una carta a un familiar pasó de tomar meses a unos cuantos segundos.*

Diana Paola Basto Castro
Diana Paola Basto Castro
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29 de Enero de 2018

Que la tecnología transforme radicalmente nuestra vida cotidiana es una reflexión de suma importancia para quienes dedicamos nuestra atención a la educación, pues, el saber deja de estar concentrado en instituciones específicas (bibliotecas, escuelas, universidades) y empieza a habitar espacios y dispositivos cotidianos como el celular o un juego en la sala con los amigos.

Sin embargo, la dinámica de cambio que la tecnología ha generado en las sociedades no es igual en todos los países; aquellos cuyo desarrollo económico es más sólido han volcado su atención de manera más rápida y contundente al desarrollo y apropiación de innovaciones para la formación de ciudadanos y de sus prácticas productivas.

En Colombia requerimos una transformación de las prácticas educativas, que han sido en su mayoría transmisivas, hacia unas que ubiquen al estudiante en el centro del desarrollo de las actividades para la construcción de saberes y que usen la tecnología como un aliado para favorecer aprendizajes significativos.

Avanzar en este proceso implicaría que se establezcan criterios coherentes con nuestras realidades y desafíos para que la tecnología se incorpore a las prácticas pedagógicas de modo que constituya puentes entre los saberes y los contextos, que propicie la colaboración entre los estudiantes, los docentes y con la comunidad educativa.

Algunas experiencias como Plan TESO, Fundación Telefónica y Colegios 10TIC, están trabajando en este sentido y algunas de sus lecciones aprendidas nos permiten identificar acciones para iniciar el camino hacia escuelas innovadoras:

1. Ampliar el papel de los jóvenes en el proceso de aprendizaje, mediante el desarrollo de competencias del siglo XXI.

2. El uso de plataformas digitales de aprendizaje que faciliten la interacción entre docentes y estudiantes.

3. El uso de las redes digitales para socializar proyectos con diversos actores de las comunidades educativas.

4. Avanzar en ambientes de aprendizaje diseñados para una pedagogía flexible y adaptable. La escuela entera se abre y se despliega en múltiples formatos para incluir el uso activo de la tecnología.

 

Estos cuatro acercamientos empiezan a situar innovaciones tecnológicas en el campo de los procesos pedagógicos, no de manera alterna, sino complementaria. De esta forma la apuesta está centrada en el desarrollo de la capacidad de aprender a aprender, el pensamiento crítico y el uso de las tecnologías para potenciar el aprendizaje por proyectos. Sin embargo, es fundamental recordar que la innovación funciona como un proceso, no como suceso.