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La escuela hiper-democratizada

Urge cambiar la naturaleza de la educación y la escuela actual. Una cierta hiperdemocratización escolar ha invertido los roles de los agentes educativos, los padres dicen a los profesores lo que deben hacer y viceversa. Olvidamos que exigir es formativo.

Jose Darwin Lenis Mejía
Jose Darwin Lenis Mejía
Exsubsecretario de Educación de Cali. Profesor Universitario.
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07 de Octubre de 2018

 

En las últimas décadas las escuelas colombianas sufren el síndrome de la hiper-democratitis, una especie de virus o afección escolar donde todos los participantes de la comunidad educativa, especialmente los estudiantes pueden hacer en la escuela lo que a bien les parece en hechos, palabras y actuaciones. Siempre bajo los ya recurrentes argumentos del libre desarrollo de la personalidad, violación a sus derechos, discriminación extrema, persecución, juzgamiento inadecuado u otras serie de juicios que se han validado y posicionados socialmente como legítimos y ciertos. Por lo general, en casi todos estos sucesos prevalecen padres y estudiantes “avispados” que con las célebres frases “eso no tiene nada de malo o así no es” buscan contrariar las instituciones o sus procedimientos para sacar ventaja situacional e incumplir acuerdos, desconocer compromisos o eludir sus propias responsabilidades.

La gran mayoría de estas personas al fingir ser “víctimas” se autoengañan y por esta vía olvidan que cuando se rompen acuerdos se genera para algunos jóvenes un perjuicio formativo que marca el inicio de ciertas conductas reprochables que poco dignifican su proyecto de vida, desconocen que sus comportamientos afectan la imagen institucional y siembran mal ejemplo para la convivencia escolar.

Padres que al apoyar las arbitrariedades de sus hijos, fomentan la irresponsabilidad, el irrespeto y el “todo vale” atizando prácticas unidireccionales de “primero yo y después los demás” o con la famosa frase “sea vivo mijo” contribuyen notablemente a corromper la formación integral de sus protegidos y abandonan el precepto de ser corresponsable. En esta perspectiva, varios de los proyectos que se generan en las escuelas y colegios desde los comités de convivencia, las consejerías éticas o los proyectos pedagógicos para la paz entre otros, quedan como meros planteamientos teóricos, con sanas intenciones o en ejercicios bien formulados para cumplir la ley que los ordena.

En la escuela de este siglo, todo se igualó o superó, todos saben por igual, padres asumen roles de maestros y dictaminan los mínimos y los máximos de las actividades y compromisos escolares o como ya es cotidiano en redes sociales como whatsapp o grupos de facebook circulan quejas-comentarios e incluso con palabras inadecuadas refiriéndose a los profesores o las instituciones escolares, porque ahora se normalizó que padres y estudiantes ponen las condiciones de ingreso a clases, tendencias y hasta modas escolares.

La escuela ahora tiene funciones invertidas y es reflejo a pequeña escala del país y la sociedad que somos. Asuntos como seguimiento, acompañamiento e incluso el control de los jóvenes frente a los consumos, adicciones o bullying, hoy son responsabilidad de la escuela y liberan a las familias de toda culpa.  

La democratitis extrema, desconoce la institucionalidad y provoca conflictos  escolares que se resuelven por vía jurídica, no pedagógica, de dialogo o de responsabilidades compartidas.

Es tarea de los educadores persistir y empeñar el esfuerzo en edificar pilares básicos para el entendimiento, el desarrollo de inteligencias sociales y de valores que permitan vivir con dignidad en una sociedad convulsionada por las extremas libertades.

Recordemos que la calidad humana nace en casa y no se embotella en la escuela, la escuela no es una fábrica que fundamenta exclusivamente la condición del ser humano, esta labor proviene basicamente de las familias y la sociedad.

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