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El futuro presidente

Dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece. Qué desgracia. Como decía el sabio Nicolás Gómez Dávila, nuestra última esperanza está en la injusticia divina. Ojalá se haga la injusticia y consigamos algún día un presidente mejor que su pueblo.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario
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30 de Enero de 2018

Dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece. Qué desgracia. Pero como decía el sabio bogotano  Nicolás Gómez Dávila, nuestra última esperanza radica en la injusticia divina. El Dios generoso nos obsequia con regalos inmerecidos, como el perdón. Ojalá que esa injusticia se realice entre nosotros y consigamos algún día un presidente mejor que su pueblo.

La triste realidad, todos la saben, es que no hay candidato que de la talla a semejantes expectativas. Pedir lo bueno y lo justo en política parece ser un despropósito. Toca bajar la vara y pedir menos y esperar otro tanto. Razón suficiente para que a la política no le demos demasiado poder en nuestras vidas; ya que no puede dar mucho, y la clase política no puede ser mejor que lo que es, vale más repartir entre varias fuerzas nuestras esperanzas: confiar en el arte, la religión, la ciencia, el deporte, el pensamiento y el afecto de los cercanos. Exigirle más a la empresa privada y esperar más del comercio y la industria. Pedirle mucho a la escuela y a la universidad. Disfrutar del clima y no sufrir por pendejadas.

Pero ya que toca de todas maneras tener un presidente y éste sigue teniendo algún poder en los destinos de nuestra nación, pensar en quien nos va a gobernar no es cosa de poca monta. Sobre todo porque no elegimos a un individuo sino a un grupo de personas e intereses. Sobre todo porque el establishment tampoco nos deja mucho margen para elegir.

Durante años las guerrillas han sido las encargadas de decidir quién es el presidente de Colombia, y no sólo los carteles de la droga. Estas elecciones no parecen ser la excepción. A pesar de que las FARC-EP entregaron las armas, sin embargo la sombra de la vieja guerrilla parece seguir teniendo más peso político en la conciencia de los colombianos que la pálida lucecita del partido político que ahora han creado. "Paz" es para muchos una palabra que tiene sabor amargo a guerrilla. Otra vez es la sombra de las viejas FARC la que tomará la decisión en el alma colectiva.

Es muy triste. A pesar de mi realismo no dejo de soñar con un país en el que la decisión electoral obedezca a otros criterios o problemas: la propuesta educativa, la apuesta por el bienestar, la visión de la ciencia y la industria del futuro. Alguna cosa distinta. Hace años, antes de los umbrales y las reformas políticas, por lo menos cabían en el tarjetón algunos chistes: toreros y brujas que nos recordaban como bufones los límites del teatro pobre que es la política. Ahora ni siquiera eso. Ya no se puede sonreír al leer el tarjetón.

La gente en Colombia vota con rabia (cuando no hay un tamal o unas tejas para la casa de intermedio). Si no es con rabia, es con miedo. Si no es con miedo, con resignación. Habría que medir cuánto voto "en contra" hay. Seguro que supera el "a favor".

Digámonos la verdad. El próximo presidente será Vargas Lleras. Lo sabemos desde hace años. Desde hace años nos lo vienen advirtiendo. Ahorita viene con nadadito de perro esperando a que Uribe le de su empujón. Y saldrá elegido no sólo por su posición ambigua entre el sí y el no y el tal vez (político que no sea incoherente no tiene éxito), sino por qué su perfil cumple perfectamente con lo que esperan las señoras bien.

No hay manera de que los colombianos elijan a una mujer. Sobre todo porque las mujeres no votan por otra mujer. Mucho menos si es homosexual. Algo así la gente promedio lo tolera en el congreso, donde se elige de todo. Pero no en la casa de Nariño, donde el presidente tiene, si es posible, un apellido de presidente.

Los que sí votan son los fieles de las iglesias neopentecostales. Nadie más lo hace. Ellos eligen presidente. La iglesia católica postconciliar ya no le interesa poner presidentes. Eso era en tiempos de Laureano. Ni siquiera el Opus tiene la disciplina política para hacerlo. Las mayorías católicas de hoy son escépticas y por eso no votan.

Los ateos y progres logran elegir concejales y hasta congresistas porque no se necesitan muchos votos para eso.  Pero el presidente de Colombia es como las reinas de belleza: que deben parecer vírgenes así no lo sean.

El candidato elegible a la presidencia de Colombia le toca parecer hombre, parecer heterosexual,  parecer creyente, parecer casado, preferiblemente en una iglesia y no en un circo, y tener hijos. A la mayoría de la gente no le importa otra cosa.

Claro, también debe parecer honesto y prometer mucho. Reflejar los miedos profundos de los colombianos en su discurso. Pero lo más importante sigue siendo su perfil. Un perfil que sea admisible para la moral veterotestamentaria de las iglesias neopentecostales. El perfil que es admisible para la tradicional mentalidad colombiana. El presidente que los colombianos se merecen. Qué vaina.

Comentarios (1)

Armando Lugo Martínez

08 de Febrero

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Un excelente presidente debe ser: Gestor del ahorro de agua y energía a nivel...+ ver más

Un excelente presidente debe ser: Gestor del ahorro de agua y energía a nivel mundial. Filántropo. Autodidacta, Inventor. Escritor cinematográfico. Gerente producción. Creador. Diseñador. Organizador de proyectos.