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Comprender las ruralidades para superar las inequidades históricas

"El reto para la educación es comprender la problemática y el potencial de la educación en la ruralidad y trascender las cifras"

María Clara Ortiz Karam
María Clara Ortiz Karam
Subdirectora de la Fundación Empresarios por la Educación,
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26 de Septiembre de 2016

Se dice que Colombia es un país cada vez más urbano. Sin embargo, el crecimiento de las principales ciudades, en buena medida,  lo han generado  cientos de miles de campesinos que han sido desplazados hacia las ciudades por el conflicto armado y/o por condiciones económicas.

 

Este es un momento histórico para comprender que en la ruralidad dispersa viven comunidades enteras que fueron desplazadas, primero por las violencias de la región central y luego por las que fueron llegando para seguirlos desplazando hacia zonas cada vez más lejanas del centro o hacia las ciudades capitales. Una ruralidad a la que llegamos con nuestro imaginario, casi siempre distorsionado. Una ruralidad que pide que nos acerquemos primero a conocerla y a comprenderla y no a decidir por ella.

 

En educación llegamos con muchos preconceptos a la educación rural. Entre ellos, que la educación debe tener un foco en la formación para el trabajo en el campo porque de lo contrario los chicos se van a querer ir para las ciudades o jamás van a querer regresar al campo. Llenamos a estas poblaciones de modelos flexibles que tienen de todo menos de flexibles. Son modelos que pueden funcionar en contextos desescolarizados pero que casi nunca dialogan con los intereses de los estudiantes; modelos que casi siempre contemplan materiales, pero no procesos serios de formación y acompañamiento acordes con las necesidades de los maestros y de los estudiantes.

 

En las escuelas de básica primaria que están en las zonas más dispersas es donde más se evidencia la inequidad. Sin embargo las acciones públicas y privadas se concentran, casi siempre, en las sedes principales que tienen la mayor cantidad de estudiantes y son de más fácil acceso. Ahora, ad portas de un proceso de postconflicto que nos exige acercarnos a nuestra ruralidad, diversa, multicultural y compleja, este es un llamado para que el Estado, los organismos de cooperación, los empresarios y la sociedad civil actuemos con criterio y responsabilidad para aportar a la transformación de la educación y de la sociedad.  

 

Este es el momento de construir conjuntamente con las comunidades para eliminar las barreras al acceso, el aprendizaje y a la permanencia de todos los estudiantes. Es el momento de unirnos para contribuir a la garantía de una educación de calidad para todos, comenzando a cerrar las enormes brechas de inequidad que comienzan en las escuelas rurales.

 

Nuestros colonos, campesinos, indígenas y afrodescendientes han logrado sobrevivir, mantenerse y construir opciones de vida en contextos muy adversos. Los que hoy están en las ciudades quisieran poder contar con las condiciones que les permitan recuperar su espacio vital con calidad de vida. El reto para la educación es comprender la problemática y el potencial de la educación en la ruralidad y trascender las cifras. Es llegar a escuelas multigrado que hacen parte de una institución educativa con la que no tienen contacto y en las que los maestros tratan de hacer lo que pueden en condiciones tremendamente precarias. Es construir con y desde las escuelas y comunidades y no invadirlos con proyectos diseñados en escritorios por “expertos” que lo máximo que conocen de la ruralidad son las fincas de recreo... Este es un buen momento para repensar la educación rural y lo que nuestros campesinos necesitan y quieren en este nuevo panorama que se abre y en el que el sector educativo tiene una inmensa responsabilidad.