Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Aprender a vivir mejor

Alberto Araujo Merlano: empresario, líder, patriota, ser humano ejemplar, creador de múltiples empresas e iniciativas cívicas y sociales de gran impacto, deja un gran legado con su libro Aprender a Vivir Mejor.

Alberto Espinosa
Alberto Espinosa
Cofundador de la Fundación Empresarios por la Educación
484 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

6 Columnas

Columna

159

0

09 de Julio de 2018

En días pasados falleció el cartagenero Alberto Araujo Merlano a sus 94 años de edad, admirado por todos los que lo conocieron, cabeza de una familia exitosa y destacada, empresario, líder, patriota, ser humano ejemplar, creador de múltiples empresas e iniciativas cívicas y sociales de gran impacto, y autor del libro Aprender a Vivir Mejor. Invito a todos a leerlo y, sobre todo, a aplicar sus enseñanzas y recomendaciones, algunas de las cuales expongo a continuación.

Inspirado en “Mis 20 lecciones de cultura psíquica” de W. R. Borg y “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey, Araújo plantea un camino de mejoramiento personal mediante herramientas orientadas a desarrollar hábitos, actitudes, competencias y virtudes que se reflejan en estilo de vida, métodos y comportamientos que conducen a vivir mejor y a que cada uno alcance sus sueños.

Araújo comienza con una invitación a reflexionar sobre la vida actual del lector y a escribir algunas metas significativas para él y, enseguida, entrega la primera herramienta: “Somos lo que sean nuestros hábitos, el subconsciente es el jardín donde se cultivan los buenos hábitos”.

Continúa con la autodisciplina, planear el uso del tiempo y ser exigente y puntual en su cumplimiento, empezar por conocerse a sí mismo, identificar talentos predominantes -la predisposición natural para realizar algo a la perfección, bien sea un deporte, arte, ciencia, oficio o profesión-, para descubrir su misión de vida y empeñarse en perfeccionarla.

Igualmente, le da gran importancia al desarrollo de la inteligencia emocional que da serenidad, calma y paz para formar un carácter centrado en principios.

Un punto fundamental es la proactividad, responsabilizarse de sus actos y de su vida, desarrollar la autonomía, no culpar a los demás de todo lo que le pasa y administrarse a sí mismo, planear a dónde quiere llegar y hacer cada día lo correcto, bien hecho.

Ser próspero, tener deseo de superación y mejorar en las distintas dimensiones son elementos que dan alegría y marcan el camino a la felicidad.

Todos podemos desarrollar una mente “genial” porque todos nacemos con el embrión de un talento sobresaliente, una inmensa curiosidad y una fecunda imaginación. Los pensamientos que le introducimos, la voluntad, la determinación y la perseverancia son el alimento para aprovechar todo ese potencial.

De las leyes naturales y los principios morales, cuyo origen es el amor, fluyen los valores, entre los que hay cuatro que son como el compendio de todos: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

El ejercicio del amor es la llave maestra de nuestra felicidad: cuando todo lo que hacemos se inspira en el amor, en el auténtico interés por el otro, con deseo de servirlo, cambia la forma como nos relacionamos con quienes nos rodean.

Por ejemplo en el trabajo, cuando nuestra actividad laboral concuerda con nuestra vocación natural, el trabajo se convierte en verdadero pasatiempo que facilita el camino hacia el éxito.

Cuando hablamos de amor también hay que hablar de familia: escoger una pareja, con unas ciertas cualidades, y que haya enamoramiento y claridad sobre la decisión de que se trata, ante todo, de hacer feliz al otro.

Si como parejas, padres, abuelos y bisabuelos sembramos un liderazgo familiar centrado en principios correctos, es mucho el amor que podremos derramar sobre el núcleo familiar y, a través suyo, a toda la comunidad.

La educación de un buen ciudadano debe empezar antes de su nacimiento, y el instrumento primero y esencial es el amor de sus padres y de quienes lo rodean. En los primeros años empieza a edificarse su personalidad, su confianza en sí mismo y su propia capacidad de amar y va descubriendo gustos, intereses y talentos.

El ser humano es un compuesto de cuerpo y alma: el cuerpo se rige por leyes físicas y el alma por leyes espirituales. El sentido de la vida de cada persona depende de sus creencias y valores. A través de la conciencia, la divinidad o energía superior participa en nosotros y nos conduce a desarrollar una existencia terrenal saludable, próspera y feliz.

Por último, nos enseña Araújo, un profundo legado antes de partir, si diariamente meditamos y repetimos frases que nos inspiran y nos orientan, estas penetrarán en nuestro subconsciente e irán formando nuevos hábitos que nos permitirán corregir fallas o defectos y desarrollar hábitos, habilidades, cualidades y virtudes.

 

Alberto Araújo (Q.E.P.D) recibiendo una condecoración de manos del presidente Juan Manuel Santos. Foto de El Universal (Cartagena).