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Construyamos sobre lo construido

Durante este primer semestre, las nuevas administraciones departamentales y municipales están concentradas en la elaboración de sus planes de desarrollo, planes que establecerán la ruta a seguir durante los próximos cuatro años: es el momento de mirar hacia dónde queremos ir y con qué contamos.

María Clara Ortiz Karam
María Clara Ortiz Karam
Subdirectora de la Fundación Empresarios por la Educación,
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29 de Enero de 2016

Durante este primer semestre, las nuevas administraciones departamentales y municipales están concentradas en la elaboración de sus planes de desarrollo, planes que establecerán la ruta a seguir durante los próximos cuatro años: es el momento de mirar hacia dónde queremos ir y con qué contamos.

Tenemos grandes retos en educación que deben ser vistos en el marco de las prioridades de política social de las regiones y del país. Es el momento de mirar las políticas nacionales para armonizarlas con las prioridades regionales y locales y con los programas de gobierno, que es por lo que votamos cuando elegimos un mandatario. El sector  público tiene la responsabilidad de garantizar las condiciones para que todos los estudiantes logren los aprendizajes esperados y que éstos tengan sentido para su vida, para su contexto y para los retos de la sociedad de la información.

Hoy hay un consenso mayoritario en relación con la importancia de fortalecer la formación inicial y el desarrollo profesional de los educadores, dignificando la profesión docente. Algunas acciones deben hacerse bajo la orientación del Ministerio de Educación, pero siempre en diálogo con las particularidades de la región y de las escuelas. Por ejemplo, los requerimientos de formación, acompañamiento y apoyo de un maestro de escuela de la Vereda de Bututo sobre el río Caquetá, en el departamento de Putumayo, con población afrodescendiente proveniente del pacífico nariñense, son diferentes a los del que está en una Institución Educativa de la comuna 20 de Cali o en el municipio de Güicán en Boyacá. Ojalá logremos desarrollar procesos de formación en servicio que respondan a las necesidades de las escuelas y de sus maestros y no a las condiciones que imponen las instituciones formadoras. Lo importante no es cuántos maestros formamos en “n” temas sino cómo esa formación está ayudando a mejorar los aprendizajes de los estudiantes.

La inequidad del país es, en buena medida, reflejo de la inequidad en la educación. Un sistema educativo que no logra equiparar las posibilidades de educación de poblaciones y regiones en clara desventaja social y económica (lo que se evidencia en los resultados de aprendizaje, en la precariedad de la infraestructura escolar y las altas tasas de deserción y repitencia, entre otros),  es un sistema que profundiza las desigualdades. No obstante, se han venido abriendo caminos que hay que retomar para no perder el rumbo. La invitación es a que no desconozcamos los avances logrados por las diferentes administraciones. Con seguridad muchas iniciativas y programas tendrán que corregirse o replantearse, pero siempre encontraremos aquellos que es importante continuar y fortalecer.

Por otra parte, el país tiene una apuesta en relación con la extensión de la jornada escolar. Hay avances importantes en este sentido y es fundamental recordar que el propósito de ampliarla es mejorar los aprendizajes y la formación ciudadana de los estudiantes. Antes de llenarnos de horas sin sentido, pensemos qué seres humanos queremos que la escuela ayude a formar de la mano con la familia, la comunidad y la sociedad civil en general. Hoy, más que nunca, las políticas educativas deben integrar la formación de ciudadanos capaces de construirse en contextos de posconflicto y conscientes de su responsabilidad social y ambiental. Esto pasa por transformar la escuela integrándola con su entorno y su comunidad de forma que la educación posibilite el logro de aprendizajes con sentido, que dialoguen con los intereses y expectativas de los estudiantes. Es hora de superar la concepción de la escuela convencional y avanzar hacia la conformación de ambientes dignos para el aprendizaje y la convivencia, ambientes que integren a la escuela con su comunidad y su contexto y que posibiliten el diálogo entre iguales en función de lograr las más altas expectativas de aprendizaje con todos los estudiantes.