Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Yo no soy de aquí, pero tú tampoco

La crisis mundial de migrantes irregulares y refugiados no se resuelve con muros, ni con amenazas mediáticas. Requiere de políticas públicas y de corresponsabilidad en el sistema internacional. 

Jessyka Manotas
Jessyka Manotas
Politóloga
25 Seguidores143 Siguiendo

0 Debates

4 Columnas

Columna

814

0

21 de Octubre de 2018

"Somos una especie en viaje, no tenemos pertenencias sino equipaje. Vamos como el polen en el viento, estamos vivos porque estamos en movimiento (…) Somos padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes (…) Yo no soy de aquí, pero tú tampoco"  Movimiento, Jorge Drexler.

Durante un Siglo XX teñido de guerras y muerte, los europeos se dispersaron por el mundo, buscando sobrevivir. Así mismo, muchos árabes y europeos llegaron al Caribe colombiano y a Barranquilla, también en busca de mejores oportunidades. Casi un siglo después, somos testigos de millones de venezolanos, africanos, sirios y centroamericanos, que protagonizan las impactantes imágenes que vemos a diario en la prensa. Olas de humanos en movimiento y llenos de equipajes.

De acuerdo con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados –ACNUR- en 2017 se alcanzó la cifra récord de 68,5 millones de personas en condición de desplazamiento forzado. Esta cifra incluye desplazamientos internos (como sucede en Colombia, a raíz del conflicto) y personas que buscan refugio cruzando las fronteras. Entre las razones de este éxodo mundial se encuentran guerras, persecuciones por razones políticas o culturales, hambrunas y otras violaciones a los derechos humanos.

La ACNUR hace una distinción entre los movimientos migratorios y los flujos de refugiados. Mientras los primeros hacen referencia a personas que abandonan su país sin temor alguno y a partir de diversidad de razones; los refugiados también son migrantes que básicamente buscan salvar sus vidas. Algunos no tienen el estatus de refugiados y son tratados como migrantes irregulares. Pero sucede que la mayoría de los refugiados y de migrantes irregulares son pobres. Entonces la xenofobia o rechazo al extranjero, se convierte en una aporofobia o rechazo y hostilidad hacia los pobres, un fenómeno preocupante en un mundo lleno de desigualdades.

A diferencia de lo que se cree, no todos los refugiados y migrantes irregulares llegan a su meta final, sino que se quedan a mitad de camino. Muchos de los hondureños de la caravana no van a lograr llegar a los Estados Unidos y se quedarán en México; los venezolanos que no alcanzan a llegar a Chile se quedan en Colombia o Perú y los sirios que no podrán poner un pie en Europa se quedan en Turquía. Es decir, países que ya tienen problemas estructurales internos están enfrentando otro desafío.

En ese sentido, las Naciones Unidas viene trabajando en el llamado “Pacto Mundial sobre Refugiados”. Una de las claves del pacto es entender que los países en desarrollo (como Colombia) que vienen recibiendo a gran parte de estos migrantes, necesitan de la cooperación de la comunidad internacional y los países desarrollados para brindar ayuda humanitaria e implementar políticas públicas para los refugiados. La ONU hace un llamado al sector privado y a las ONGs a también asumir responsabilidades en esta tarea.

Particularmente, en América Latina, además de las acciones humanitarias, es importante que se aborden las causas internas de estos flujos de migrantes irregulares y refugiados que provienen de países como Honduras, Venezuela, Haití y Nicaragua. ¿Cuál es la labor que se viene haciendo desde los organismos multilaterales de la región, como la OEA, frente a estos temas? ¿Cuál es la política exterior de países como Colombia para enfrentar esta situación? Evidentemente las intenciones de guerra de algunos de los diplomáticos del nuevo gobierno no son la solución más acertada, ni mucho menos, la más diplomática.

Estamos frente a una crisis de orden mundial que no se puede evitar con muros, ni con rabietas mediáticas de Donald Trump, con fobias, ni con otras guerras. Es un asunto público y político, entonces debe resolverse con políticas públicas. También es un asunto internacional, por lo tanto, requiere de la corresponsabilidad entre los estados. Es momento de estar a la altura de un reto que también requiere empatía, porque en últimas, todos somos migrantes.

 

 

 

Interactiva: