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Unas Fiestas de Independencia para reconstruir Cartagena

Una de las líderes de la revitalización de las Fiestas populares de Cartagena, Maristella Madero, analiza el camino que queda por recorrer para que éstas puedan contribuir a recuperar la ciudadanía resquebrajada.

Maristella Madero
Maristella Madero
Miembro del Comité de Revitalización De las Fiestas de Independencia
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12 de Noviembre de 2018

Estas fiestas son tal vez las más esperadas por los cartageneros, con su desfile, los banditos, los cabildos y las reinas. Como nunca, los ciudadanos comparten un escenario común.

En una ciudad débil institucionalmente, con alcaldes destituidos, procesados y encargados, en el que reina una sensación de exclusión de las dinámicas culturales y económicas, las Fiestas de Independencia son (o podrían ser) el lugar de la re-construcción de la ciudadanía. El momento de encuentro y celebración de la “cartageneidad”, de la integración festiva y de la cimentación de los valores urbanos y la convivencia. La fiesta popular como eje de la re-construccion de la ciudadanía, permitiría la reflexión sobre la pertenencia a la ciudad y la re-significación permanente de sus símbolos y su historia.

En los barrios populares esa idea cobra sentido, porque son los cabildos, carnavales, banditos y fiestas, tal vez los únicos espacios colectivos en los que se expresan las alegrías, las rabias y los dolores por una ciudadanía resquebrajada por las necesidades, la exclusión y la estigmatización.

Es cierto que por mucho tiempo las Fiestas fueron sinónimo de desorden, vandalismo y violencia. Este año la prensa local nos lo recordó con mucho esmero, mostrando insistentemente en primera plana cuán peligrosas e inseguras son las manifestaciones festivas en los barrios populares. Tal vez por eso no logramos creernos que las fiestas realmente han mejorado, evolucionado y avanzado en los últimos 15 años. Sin contar que la administración distrital reforzó esa idea de peligrosidad prohibiendo las manifestaciones y celebraciones por fuera de la agenda festiva institucional ¿Acaso esto no va en clara contravía del sentido mismo de lo festivo-popular? Mucho daño hace la prensa cuando atribuye a una mayoría los comportamientos violentos.

Mientras, la movilización festiva en los barrios no para: los lanceros, las reinas, las capitanas, la música, los buscapiés y la maicena nos recuerdan que hay una ciudad que vibra a pesar de esas decisiones institucionales. Pero sin duda, esa ciudad espera que la institucionalidad entienda que las fiestas son un fin, pero también pueden ser un medio para generar nuevas dinámicas ciudadanas.

El Cabildo Festivo de la Comuna 6 es un ejemplo de cómo la fiesta popular puede generar dinámicas sociales distintas. En este escenario distintas organizaciones comunitarias de los barrios El Pozón, Olaya, Nuevo Paraíso, Fredonia, entre otros, barrios vulnerables y excluidos, apoyados por diversas organizaciones de la sociedad civil, realizaron su Cabildo de manera creativa y pacífica. No hubo un muerto. No hubo una pelea.

En cambio, los habitantes reconocieron en sus vecinos de los otros barrios su amor por las manifestaciones culturales. Otros valoraron que un desfile de bailarines y músicos por primera vez pasó por el frente de su calle sin pavimentar. Como este, otros barrios hicieron sus bandos, cabildos y carnavales, pero el de la Comuna 6 tiene un sentido especial porque justamente buscaba tejer confianzas entre los vecinos y entre estos y las Fiestas de la ciudad (Ver https://www.facebook.com/Somoscomuna6/)

Infortunadamente, las Fiestas hoy no cuentan con una política pública que permita darle sentido y propósito. Por eso este año vimos con pesar cómo se volvía a unir el Desfile de Independencia con el Reinado Nacional de Belleza, debilitándose la celebración popular y quitándole el protagonismo a las músicas, personajes y danzas tradicionales.

Como cartageneros hoy tenemos en el horizonte sacar adelante un Plan Especial de Salvaguardia para proteger las Fiestas, que sería la política pública esperada que abriría el camino para que éstas se reconozcan como patrimonio inmaterial de la Nación. Pero aún debemos hacer un esfuerzo enorme por valorar e incluir el mundo festivo de lo popular como parte de nuestra memoria festiva. Nos queda reivindicar como cartageneros el derecho a las expresiones festivas en los barrios y el deber del goce pacífico.

Nos queda también un camino por recorrer para que las fiestas populares puedan contribuir a recuperar nuestra ciudadanía resquebrajada. Las tradiciones nos unen y la memoria cultural nos recuerda lo que valoramos, lo que nos enorgullece. A lo mejor ese es el cemento que nos hace falta para reconstruirnos como ciudadanos cartageneros.

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Comentarios (1)

Armando Lugo Martínez

16 de Noviembre

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