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Una Copa silenciosa: Los triunfos femeninos en los deportes

El periodismo deportivo ha sido una práctica dominada por los hombres, lo cual hace que la valoración de los deportes se haga desde su propia perspectiva, la cual ha sido construida y representa su visión de lo “masculino” en un momento y contexto histórico determinado.

Jair Vega Casanova
Jair Vega Casanova
Profesor - Investigador
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10 de Diciembre de 2018

Hace algunas semanas, una sobrina que estudia comunicación social me consultó sobre su proyecto de investigación con la pregunta ¿por qué razón no se le da tanta importancia al “porrismo” en la cobertura periodística deportiva? Propuesta que había presentado como trabajo para opción de grado. Sus mayores dudas radicaban en si este tema podría ser o no pertinente.

Para poder responderle, la invité a que hiciéramos una rápida búsqueda sobre investigaciones relacionadas con la aparición de este tipo de deportes, en particular de los practicados por mujeres, en los medios de comunicación masiva. Para nuestra sorpresa, encontramos que ya existe una vasta literatura sobre el cubrimiento periodístico de los deportes considerados minoritarios o minorizados.

En general, los estudios concluyen que, a pesar del incremento del reconocimiento olímpico y de la práctica de los deportes femeninos en los países, la cobertura periodística de los deportes está espectacularizada y futbolizada, es decir, priman aquellos que han podido ser convertidos en espectáculo y, dentro ellos, con un peso mayoritario el futbol, en ambos casos con predominancia de participación por parte de los hombres. Por esta razón, no es sorprendente el trato que le han dado los medios de comunicación, y en general muchos sectores de la sociedad, tanto al campeonato nacional de futbol femenino como al “espectacular” paso del equipo femenino del Deportivo Huila por los distintos partidos hasta llegar a ser campeonas de la Copa Libertadores de fútbol en esa categoría.

De hecho, bien envidiaría el Pipa de Ávila, en sus múltiples finales de la Copa Libertadores de América, la precisión con la cual Aldana Cometti y Yoreli Rincón realizaron los últimos dos cobros desde punto penal, así como la frialdad de Daniela Solera en el arco, a la manera de Higuita en 1989, para traerse para Colombia la codiciada copa.

Los argumentos que explican este lado silencioso de la espiral cuando hablamos de deportes practicados por mujeres y muy aclamados cuando lo hacen los hombres, son a su vez diversos y complejos.

El primero que salta a la vista es que el periodismo deportivo ha sido una práctica históricamente dominada por los hombres, lo cual hace que la mirada y valoración de los deportes se haga desde su propia perspectiva, la cual ha sido construida y representa su visión de lo “masculino” en un momento y contexto histórico determinado. En ella, según los estudios revisados, se privilegia por un lado una exclusión sexista de las mujeres, al no considerar “espectaculares” sus deportes, o una inclusión sexualizante de la participación de las mujeres en los deportes, tal como lo expresó Joseph Blatter, presidente de la FIFA en el año 2011, cuando afirmó que para incrementar la popularidad del futbol femenino las mujeres deberían jugar con “ropas más femeninas como lo hacen en el vóleibol”.

De hecho, los estudios sobre las culturas organizacionales de los medios de comunicación, de manera particular en los de cobertura deportiva, muestran que en la diferencia de roles siguen asignando a las mujeres bien en el de la cara linda de las noticias o el de las asistentes que se encargan de todo el trabajo detrás de los exitosos y reconocidos periodistas expertos.

Un segundo factor explicativo está en la mirada de los editores de deportes, quienes al armar sus parrillas de programación tan solo incluyen aquellos que consideran que ya tienen un nicho establecido en el mercado, esto es, un público cautivo, el cual está compuesto generalmente por hombres. Los estudios sustentan como los gustos, tanto de hombres como de mujeres, en el consumo y práctica de los deportes no son algo natural. Por el contrario, esos gustos son una construcción cultural y hacen parte de los hábitos a través de los cuales se reproduce la cultura y tienen que ver con los roles de género asignados tanto a hombres como a mujeres. 

En tercer lugar, aparecen los anunciantes, quienes en la mayoría de los casos no se atreven a explorar nuevos espacios, y menos aquellos que puedan cuestionar algunos elementos valorativos relacionados con el ordenamiento social dominante. Es curioso que a periodistas, editores y anunciantes pueda parecerles grotesco y poco atractivo mostrar a una mujer practicando un deporte que exija mucha destreza y fuerza, y por el contrario ven como muy llamativo mostrar a una mujer muy ligera de ropa entregando un presente o decorando la celebración de un triunfo de un hombre en cualquier deporte. 

Claro, es sencillo para todos estos hombres reproducir y lucrarse con cierta facilidad al reproducir mecánicamente las características asociadas culturalmente a lo masculino o a lo femenino, que apostarle a una apertura hacia nuevas formas de ver y asumir las características y roles de género que, aunque no son nuevas, cada vez son más visibles y reconocidas por el conjunto de la sociedad. En este sentido, lo estudios muestran como las culturas organizacionales de los medios legitiman imágenes y discursos, no solo sobre las mujeres y los deportes, sino también sobre minorías étnicas, los cuales simplemente se reproducen.

Por supuesto en la base de todo el engranaje está la cultura patriarcal de la cual aún somos parte y que nos impele a reproducir sus cánones. Entonces, sería mucho pedir, que industrias culturales como la de la espectacularización y comercialización del consumo de los deportes asuma la responsabilidad de proponer estos cambios, aún a costa de su lucro. 

Por todas estas razones celebro la intención de mi sobrina de apostarle al periodismo deportivo, un camino en el que por fortuna han comenzado a participar varias mujeres, aunque en su caso, más allá de la fama, no solo con la intención de ser la cara linda de la tele o de la cabina de radio, sino con el propósito de apostarle a la construcción de una forma de cubrir los deportes de una manera más incluyente y menos sexista. Sin embargo, bien sabemos que tendrá grandes retos con colegas, editores y anunciantes, entre muchos otros.

De hecho, un estudio reciente, que revisó ocho manuales de enseñanza de periodismo deportivo, no encontró en ellos ninguna referencia a la necesidad de apostarle romper las inequidades en la cobertura deportiva, reproduciendo un patrón que sigue reforzando la hegemonía masculina en este campo. No sería extraño entonces, mi querida sobrina, que incluso tengas que enfrentar a algún profesor que llegue a considerar que un foco como este para una tesis sobre periodismo deportivo no tenga suficiente pertinencia en el campo de la comunicación social.

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