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Reseña del ELN en el Caribe colombiano

Esta guerrilla tiene una estructura descentralizada. Por eso es importante entenderla desde lo territorial. 

Luis Fernando Trejos Rosero
Luis Fernando Trejos Rosero
Director del Centro de Pensamiento UNCaribe de la Universidad del Norte.
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22 de Junio de 2018

El ELN históricamente ha mantenido una estructura descentralizada y autónoma lo que hace que sus dinámicas político-militares regionales sean muy diferentes. Se divide territorialmente en Frentes de Guerra, que a su vez se subdividen en frentes guerrilleros, compañías y equipos especializados. Su máxima instancia de dirección es el Comando Central (COCE).

El ELN define como Frente de Guerra a un: “Conjunto de estructuras urbanas y rurales, que desarrollan la política de la organización en una gran región del país y que por sus características exige un diseño estratégico específico. Un rasgo importante en la formación social colombiana es la estructuración de la actividad económica, política, social y cultural por regiones, las cuales tienen por eje y polo de su desarrollo una gran ciudad. Hemos considerado 5 frentes de guerra, que serían el diseño básico para una estrategia de poder”.

El Frente de Guerra Norte (FGN), se conformó como tal en la segunda mitad de los noventa, a pesar de que las primeras unidades del ELN en el norte colombiano hicieron presencia en la Serranía del Perijá, en la década de los setenta, específicamente en el sur del Departamento del Cesar, conformando el Frente “Camilo Torres Restrepo”.

Años después, una comisión de este frente se instalaría en el centro del departamento del Cesar, dando nacimiento al Frente “José Manuel Martínez Quiroz”, la primera estructura armada de lo que posteriormente sería el FGN. De éste saldrían las unidades que conformarían en la primera mitad de los noventa el Frente “6 de diciembre”, en la parte del departamento del Cesar ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta, simultáneamente se establecían en los Montes de María las primeras unidades de lo que sería el Frente “Jaime Bateman Cayón”.

Posteriormente, en el Departamento del Magdalena, nacerían los frentes “Francisco Javier Castaño”, en las partes medias y altas de la Sierra Nevada de Santa Marta, y el “Frente Domingo Barrios”, en la zona plana del Municipio de Ciénaga y en algunas áreas de la Ciénaga Grande de la Magdalena, llegando hasta el tramo final del Río Magdalena en las goteras de Barranquilla.

En la segunda mitad de los noventa, se conformarían las Compañías Guerrilleras “Oscar Enrique Sánchez Caicedo” en el Perijá, la “Héroes de las Bananeras” en la Sierra Nevada, y en la Guajira, los frentes “Luciano Ariza” en el Perijá, el “Gustavo Palmesano” en la Sierra Nevada; y después del año 2000, se conformarían las compañías “Guerreros Chimilas” (fuerzas especiales) con jurisdicción en todo el FGN y la “Augusto Montes”, en la Guajira. También hicieron parte del FGN los frentes urbanos “Kaleb Gómez Padrón”, en el Departamento del Atlántico y el “Héroes de Cartagena,” en ciudad del mismo nombre.

Una variable externa que jugó en contra del desarrollo político-militar del FGN, fue la geográfica, ya que sus estructuras rurales se distribuyeron en tres sistemas montañosos aislados entre si.

Estos escenarios son: La Sierra Nevada de Santa Marta (Cesar, Guajira y Magdalena), Serranía del Perijá (Cesar y Guajira) y Los Montes de María (Bolívar y Sucre). Esta situación imposibilitó la concentración regional de fuerzas militares, lo que explicaría entre otras razones el por qué nunca logró superar la guerra de guerrillas (primera fase de la guerra irregular), y tampoco ensayar la constitución de un Batallón (como sí sucedió en Arauca, Catatumbo, Oriente Antioqueño y el Sur de Bolívar), y porque nunca desarrollo acciones militares de mediana o gran envergadura en contra de las Fuerzas Armadas o los grupos paramilitares.

En la misma línea, gran parte del estancamiento militar del FGN se explica en que sólo hasta el año 2000 se conformó como tal la Dirección del Frente de Guerra Norte, es decir, sólo hasta ese año se dieron los primeros borradores de planes militares regionales, que en un primer momento se concentraron en la creación de unidades militares.

La operatividad de los planes militares se estrelló con la expansión, copamiento y control paramilitar de importantes áreas de presencia del ELN, especialmente en las zonas planas de los Departamentos del Cesar y Magdalena, en este último departamento, el Frente Domingo Barrios fue literalmente extirpado de la Ciénaga grande de la Magdalena, teniendo que replegarse a las partes altas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Lo mismo sucedió con el Frente 6 de diciembre, que fue desterrado de las zonas planas del Cesar y tuvo que replegarse a las partes medias y altas de la Sierra Nevada, algo parecido le ocurrió al Frente José Manuel Martínez Quiroz, en la Serranía del Perijá.

En este contexto de avance paramilitar, se da la elección de Álvaro Uribe Vélez, quien escaló el conflicto, puso a las Fuerzas Armadas a la ofensiva, profundizó la operatividad del ejército, creó los Batallones de Alta Montaña y desarrolló la guerra aérea, factor clave en la derrota militar de la insurgencia.

A esto hay que sumarle la hostilidad del Bloque Caribe de las Farc-EP, especialmente en la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada, hostilidad que entre 1999 y 2003, se tradujo en asaltos armados contra unidades de los Frentes Luciano Ariza y 6 de diciembre, muerte de milicianos en el Cesar y robo de armamento en la Guajira.

En el plano económico, el FGN sustentó el grueso de sus ingresos en los secuestros y en menor medida en la extorsión y el abigeato (en su área de operaciones toda la coca era manejada por los paramilitares, el carbón y su infraestructura están muy bien resguardados y no hay petróleo). No alcanzando a preveer los altos costos políticos y militares que la dependencia de estas prácticas delincuenciales le produciría.

La pérdida de las cabeceras municipales con los paramilitares, el control del Ejército y los paramilitares de las entradas a la Sierra Nevada, la Serranía del Perijá y los Montes de María (bloqueos permanentes), junto con la aplicación exitosa del Plan Candado en las ciudades más importantes de la Costa Caribe colombiana, produjeron una disminución dramática de la operatividad urbana del FGN, y teniendo en cuenta que el grueso de sus ingresos financieros provenía de áreas urbanas, se produjo una aguda crisis económica que se inició en el 2000 y se profundizó en el 2004.

Esta situación impactó directamente en el accionar militar del FGN, ya que gran parte de los recursos bélicos se pusieron en función de objetivos financieros, de ahí, que entre los años 2004 y 2006 fueran capturados una gran cantidad de militantes y cuadros del FGN en la planeación y ejecución de acciones económicas, destacándose las capturas de “Parmenio”, primer Comandante del Frente 6 de diciembre, en la ciudad de Valledupar en el año 2004 y la captura de “Simón”, primer Comandante del Frente Luciano Ariza, en el sector del Rodadero en Santa Marta en el año 2006.

Situaciones como la tardía conformación de la dirección del Frente de Guerra Norte, las dificultades geográficas que impidieron la concentración de su fuerza militar, la pérdida de zonas estratégicas (territorio y población) con los paramilitares, la penetración del Ejército en sus zonas de retaguardia, la imposibilidad de contrarrestar el desarrollo de la guerra aérea, sumado a la ausencia de un plan militar regional afectaron políticamente al FGN. 

Ya que en el conflicto armado colombiano lo político y lo militar son factores dinámicos e interdependientes, tal como lo manifestó Clausewitz, las acciones militares son el medio dinamizador de la actividad política, es decir, a mayor intensidad y capacidad de desarrollar acciones militares, mayores serán los espacios y escenarios de difusión e interacción política que se generen para el actor armado en cuestión. En este caso, el poder militar es el mejor respaldo práctico de las propuestas políticas.

En la misma línea, al no haber podido diversificar sus fuentes de ingresos económicos y depender exclusivamente del secuestro y la extorsión, junto a la especialización de los grupos antisecuestro (GAULA) y el control paramilitar urbano, produjeron la inactividad política y militar de varias estructuras, lo se tradujo en la perdida de territorios, su repliegue hacia las partes altas de los sistemas montañosos antes citados y por ende, su virtual desaparición física y total marginación del escenario político-social de la Costa Caribe colombiana.

En la actualidad, las pocas unidades del FGN que aún subsisten lo hacen en las partes altas de la Serranía del Perijá en la frontera con Venezuela, especialmente en el centro y sur del Cesar, siendo marginales a las dinámicas político económicas de la región.