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La seguridad en Barranquilla, un debate que no da más espera

El lamentable atentado terrorista contra un CAI en esta ciudad abre de manera inevitable las puertas a un debate al que las autoridades locales al parecer le venían sacando el cuerpo.

Luis Fernando Trejos Rosero
Luis Fernando Trejos Rosero
Director del Centro de Pensamiento UNCaribe de la Universidad del Norte.
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27 de Enero de 2018

Hasta el momento de esta publicación, cinco policías resultaron asesinados tras el atentado terrorista a una estación de esa institución en Barranquilla. Esa dolorosa coyuntura abre de manera inevitable las puertas a un debate al que las autoridades locales al parecer le venían sacando el cuerpo.

El innegable crecimiento del Distrito de Barranquilla contrasta con sus negativos indicadores de seguridad ciudadana, especialmente en lo referido a homicidios y hurtos (hace un año, La Silla Caribe detalló que Barranquilla tuvo el enero más violento de los últimos años, en lo referido a asesinatos).

Basta con revisar los informes sobre calidad de vida de la iniciativa ciudadana “Barranquilla Cómo Vamos”, para evidenciar que en este tema, en los últimos diez años las distintas administraciones de la ciudad han venido pedaleando en una bicicleta estática, ya que antes de disminuir, estos hechos criminales han venido en continuo aumento.

Esto motivado en cierta forma por la falta de una política integral de seguridad y por el desinterés de las autoridades policivas y administrativas de abrir espacios de diálogo con actores sociales que podrían aportar conocimientos, experiencias y metodologías para la prevención y abordaje de la inseguridad.

Por otro lado, se hace necesario aceptar que en Barranquilla sí hay presencia de Grupos Armados organizados, que han venido implementando una estrategia de aplicación de principios empresariales a su práctica criminal, ya que los grupos delincuenciales locales (40 negritos, Papalopez, entre otros) han sido subcontratados u operan como franquicias de organizaciones con sede en otras regiones del país (eso podría ayudar a entender por qué el único capturado como autor material hasta el momento no es barranquillero).

En este sentido, comprendieron que la cooptación e instrumentalización de dichos grupos (sub contratación), era más rentable en términos logísticos y de seguridad, ya que la implantación de una estructura criminal en un nuevo territorio implica la movilización de recursos humanos y materiales, tiempo para conocer el terreno y constituir la red de aliados, además del desgaste y riesgo que produce la disputa armada con los competidores locales.

La negación continua de esta situación, impide acertar en las estrategias necesarias para su combate y desmonte.

Por otro lado, este atentado también pone sobre la mesa un tema aplazado en la ciudad y es el del posacuerdo, en parte por la instalación en el imaginario colectivo de que la ciudad se mantuvo al margen de las dinámicas regionales y nacionales del conflicto armado, a pesar de que en Barranquilla la guerrilla y los paramilitares operaron activamente por medio del Frente Urbano Kaleb Gómez Padrón del ELN, la red Urbana José Antequera de las FARC-EP y el Frente José Pablo Díaz de las AUC, que al igual que organizaciones de narcotraficantes han llegado a la ciudad por su dinamismo económico y comercial (fundamental para la captura de rentas y acceso a bienes y servicios) y también por su privilegiada condición de puerto marítimo y desembocadura del río Magdalena.

Precisamente, esta ubicación geográfica ha hecho de Barranquilla un punto estratégico para la exportación de clorhidrato de cocaína y el ingreso de dólares, armas e insumos químicos.

Es decir, se debe asumir que la ciudad sí fue escenario de la confrontación armada y, por lo tanto, se hace imperativo conocer y analizar esta realidad para tomar las medidas necesarias tendientes a evitar la conformación o establecimiento de estructuras armadas en la ciudad, especialmente en sus periferias.      

Lo que sorprende del ataque a la estación de Policía del barrio San José, es que ni en los momentos de mayor escalamiento del conflicto armado se presentó una acción violenta con un saldo de víctimas de estas dimensiones, en contra de la Fuerza Pública establecida en Barranquilla.

De ahí a que, en lo personal, desestime la hipótesis que señala como culpables del hecho a organizaciones locales en retaliación por acciones policivas en su contra. Esto, porque el crimen local no cuenta con la capacidad para declarar y menos enfrentar una guerra contra la Policía o el Distrito, ya que la clave de su existencia radica en evitar la confrontación directa con las autoridades, de ahí que se ubiquen en territorios con poca o nula presencia estatal (periferias).  

La escogencia de la hora y lugar del ataque, indica un proceso de inteligencia previa, propio de Grupos Armados organizados (nacionales) y tendría como objetivo real desviar la atención de las autoridades de un multimillonario robo que se desarrollaba en otro punto de la ciudad (y que dejó otros dos muertos, unos vigilantes).

En conclusión, este lamentable y condenable atentado debe verse como una oportunidad para abrir una amplia discusión sobre estos temas en la ciudad de Barranquilla, incluyendo a la sociedad civil con el fin de promover un verdadero proceso de gobernanza en torno a la seguridad ciudadana y el crimen organizado.