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La guerra persiste en los sures del Caribe

Este es un balance de la confrontación armada en el Caribe durante el primer trimestre de 2018. Por el investigador de la Universidad del Norte, Luis Fernando Trejos.

Luis Fernando Trejos Rosero
Luis Fernando Trejos Rosero
Director del Centro de Pensamiento UNCaribe de la Universidad del Norte.
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02 de Abril de 2018

A pesar del exitoso desarme del Bloque Martín Caballero de las Farc, que hacía presencia en el Caribe, aún persisten acciones armadas en tres subregiones de esta región: el sur de los departamentos de Córdoba, Bolívar y Cesar. Hay que aclarar, sin embargo, que estas dinámicas de violencia están más ligadas a circuitos de ilegalidad del Úraba, Magdalena Medio y el Catatumbo, respectivamente.  

En el caso del sur de Córdoba, especialmente en los Municipios de Tierralta, Valencia, Montelibano, Puerto Libertador y San José de Ure, la criminalidad es dominada por el Clan del Golfo. Aunque recientemente han aparecido competidores armados, que buscan disputarle el control de las zonas de cultivos de coca y procesamiento de clorhidrato de cocaína, así como las rutas que van desde los laboratorios o cocinas hasta los puntos de exportación ubicados en los municipios de Canalete, Los Córdobas, Moñitos y Puerto Escondido.

Dentro de los nuevos actores armados presentes en este territorio, se destacan los Caparrapos (que vienen desde el Bajo Cauca) y los JJ, estos últimos, según la Defensoría del Pueblo, aparecieron en diciembre del año pasado en zona rural de Tierralta y estarían conformados en su mayoría por ex integrantes del desmovilizado frente 58 de las Farc.

Además serían financiados por carteles de la droga mexicanos, que buscan mantener estable y ampliar la producción de clorhidrato de cocaína en los territorios desocupados por las Farc, lo que explicaría los recientes asesinatos de líderes sociales que estaban al frente de procesos de sustitución voluntaria de cultivos en comunidades rurales de Tierralta y San José de Ure.

En este sentido, es importante resaltar que el sur de Córdoba es geográficamente estratégico porque sirve como corredor de movilidad entre la Costa Caribe, el Bajo Cauca, el Norte de Antioquia y Urabá (antioqueño y chocoano), teniendo como nodo central el Parque Nacional Nudo de Paramillo.

El control territorial de este parque natural resulta importante por la extensa red de conexiones terrestres y fluviales que ofrece, entre otras cosas porque conecta zonas de cultivos y centros de producción y acopio de clorhidrato de cocaína, con rutas de transporte y puntos de exportación. 

En las otras dos subregiones, hace presencia activa el ELN, por medio de unidades guerrilleras adscritas al Frente de Guerra Nororiental, en el caso del sur del Cesar y al Frente de Guerra Darío Ramírez Castro, en el sur de Bolívar.  

En estos territorios el ELN mantiene todavía cierta capacidad operativa, como se evidenció durante el reciente paro armado de febrero. Cinco de las seis acciones armadas que desarrollaron en la región Caribe se concentraron en el ataque a infraestructura vial y energética ubicada en municipios del sur del Cesar (Aguachica, Curumaní, Gamarra, La Gloria y Pelaya) y días antes atacaron una patrulla de la Policía de Tránsito que se desplazaba entre Aguachica y Río de Oro.

En el sur de Bolívar (subregión con cultivos de coca y minería ilegal), aunque con menor intensidad, durante el 2018 también han pasado a la ofensiva atacando con explosivos las estaciones de Policía de los municipios de Arenal y Norosí y en el mes de enero en el corregimiento Buenavista de Santa Rosa del Sur, también fue atacado el puesto de Policía con un lamentable saldo de dos agentes muertos.

En esta área el ELN hace presencia activa en la zona rural de los municipios de Arenal, Cantagallo, Morales, Montecristo, Río Viejo y Santa Rosa del Sur.

Con este contexto puede afirmarse que la actividad armada desplegada por el ELN desde mediados del mes de enero tendría como objetivo presionar al Gobierno para suscribir un nuevo cese al fuego bilateral y ante la proximidad de las elecciones presidenciales buscaría hacerse sentir con el fin de que el nuevo Gobierno continúe con las negociaciones que se adelantan en Quito.