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"Irresponsabilidad de la prensa"

El escritor barranquillero Álvaro Cepeda Samudio presenta un texto que parece escito hace unos cuantos días, una reflexión sobre el papel de la prensa.

David Lara Ramos
David Lara Ramos
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24 de Junio de 2015

En la contraportada del libro A plomo herido, escrito por Maryluz Vallejo, se asegura que los deportes nacionales durante el siglo XIX fueron hacer la guerra y fundar periódicos. En aquellos comienzos, la prensa soportaba los intereses de un partido y su gran responsabilidad era con sus ideales. Una edición estaba plagada de comentarios, catilinarias, insultos, injurias y diatribas contra los del bando contrario, y poco (o nada) se pensaba en el ciudadano común y en sus necesidades informativas.

Esa referencia se me vino a la mente al leer la columna de León Valencia, sobre el trabajo de Gurisatti. También cuando Julio Sánchez comentó, quizá con ironía, ignorancia o sarcasmo, que ¿cuándo se había visto que un periodista criticara a otro de sus colegas?

Es, sin dudarlo, una vieja tradición, como hemos mencionado, y que al parecer ha resurgido muy entrado el siglo XXI.

En medio de búsquedas para alentar esta columna, encontré un texto titulado “Irresponsabilidad de la prensa”, de un periodista de otro tiempo cuya voz aún podemos escuchar. Se trata de Álvaro Cepeda Samudio, que ejerció el periodismo, la crónica, escribió cuentos y hasta una novela. Murió en 1972, tenía 46 años. Por la brevedad de su columna, la reproduzco ahora, tomada de la Antología, Álvaro Cepeda Samudio, compilada por Daniel Samper Pizano. Dice:

Publica El Espectador un buen artículo de Jorge Zalamea en el cual analiza la evolución que ha sufrido la prensa del mundo al convertirse en un instrumento de los intereses políticos de los países. Anota Zalamea que de un órgano de información veraz y responsable, la prensa ha pasado a ser una institución mentirosa e irresponsable.

No hay sino que tomar, como dice el autor del artículo, los despachos de las agencias noticiosas norteamericanas para ver la forma como adulteran la veracidad de las informaciones dándoles a todas un carácter francamente tendencioso y beligerante cuando se relacionan con Rusia y con el comunismo del mundo. Los rusos, por su parte, hacen lo mismo al hablar de Norteamérica.

En Colombia esta irresponsabilidad de la prensa ha sido uno de los peores males de la república. Los periódicos, sujetos a los intereses de figuritas politiqueras, deforman la verdad de los hechos y falsean la realidad de los hechos. Los partidos tienen a su servicio los grandes diarios del país y las informaciones de estos son siempre acomodaticias y de una marcada intención partidista. Los periodistas pasan por encima de la propia conciencia para hacer de la prensa un instrumento de la mentira conveniente y no de la verdad escueta y clara de los hechos.

La prensa representa un gran poder y su influencia sobre los pueblos es tremenda; de aquí que sean periódicos responsables por las ideas y sentimientos de las masas. Desde un periódico se puede desencadenar una guerra o hacer una matanza. Se puede destruir una sociedad, desconectar y llevar al caos a un pueblo o sostener alta su moral en los momentos de crisis. La prensa forma y dirige la opinión de las colectividades y es la suprema dictadora de las convicciones. Y cuando esta fuerza es utilizada en un sentido opuesto a la línea de veracidad informativa y honradez de criterio que debe seguir, la paz y la tranquilidad peligran por su causa.

Este es el caso de la prensa colombiana. Y mayores proporciones el de la prensa del mundo al falsear las informaciones creando en los pueblos un odio y una desconfianza entre sí que tarde o temprano habrá de traducirse en una guerra. Esta actitud de la prensa de Rusia y U.S.A., principalmente, mantiene a los hombres en un desconcierto perenne, no sabiendo nadie a qué atenerse.

Finaliza Zalamea su artículo haciendo esta alarmante afirmación: “Nunca como ahora estuvo el mundo tan necesitado de verdad; sucede que tal vez nunca estuvo más nutrido de mentira.

En 1909, según comenta Maryluz Vallejo, aparece la primera edición del periódico El domingo. En su editorial de presentación se escribe: “Aquí se funda un periódico para defender una candidatura, propagar una bandera política, atacar una personalidad, contradecir, comentar, ridiculizar todo lo que se emprende o se hace, sacar de la nada a un individuo que al caer arrastra consigo todo aquello que lo ha levantado y, por último, para enardecer un partido y ahogar la patria entre la sangre de sus propios hijos porque ese es nuestro carácter, esa nuestra sola ambición y es nuestro patriotismo”.

Parece que algunos medios de hoy siguen de cerca esos ideales, con la única diferencia que El domingo los vocifera de entrada, mientras que los actuales los callan o los presenta de manera solapada.