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Elecciones locales en el Caribe: ¿Es posible acceder sin clientelismo?

Para un importante segmento de los grupos políticos minoritarios, quedó la sensación que se puede cambiar la inercia que vienen dejando las elecciones locales, en donde las casas políticas hegemónicas han incrementado su poder.

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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11 de Octubre de 2018

A propósito de la “Primera Jornada para pensar (soñar) el Caribe colombiano a 20 años”, organizada por el portal La Silla Vacía y la Universidad del Norte, fui invitado como panelista, intentando dar respuesta a este trascendental interrogante. Muy pertinente e interesante este encuentro de opiniones, en la especial coyuntura que vivimos en el Caribe después de las elecciones presidenciales y ad portas (en un año) de las elecciones locales.

En la primera vuelta presidencial en el Atlántico, la gran derrotada parece haber sido la maquinaria política. Cambio Radical sólo obtuvo 171.000 votos; Gustavo Petro, 441.000; Iván Duque con 331.000 sufragios y finalmente, Fajardo con 85.000 votos. Se esperaban incluso más votos para Petro que al final ganó por un estrecho margen en el total Caribe, perdiendo en segunda vuelta con Duque también por pocos votos.

Para un importante segmento de los grupos políticos minoritarios, quedó la sensación que se puede cambiar la inercia que vienen dejando las elecciones locales, en donde las casas políticas hegemónicas han incrementado su poder.

Parece lógico este aroma en el ambiente después de la consulta anticorrupción que logró la significativa suma de 11,5 millones de votos a nivel nacional y un importante número de votos en departamentos como en el Atlántico en donde se alcanzaron  442.000 sufragios. Nada despreciable si se tiene en cuenta las tradicionales formas de hacer política en la región.

Pero la realidad parece ser más compleja que la simple suma aritmética de votos. La volátil votación de opinión parece no pertenecer a ningún partido o movimiento político. Responde más a una idea de cambio frente a las costumbres políticas tradicionales. La necesidad de algo nuevo.

Un hastío similar por lo tradicional se vivió en ola de opinión post constituyente del 1991 y para poder derrotar a la fuerte clase política de ese entonces, hubo que promover un proceso alrededor de una coalición de diferentes fuerzas de disímil origen: el Movimiento de Salvación Nacional, liderado por Álvaro Gómez; la AD-M19, el Nuevo Liberalismo y Voluntad Popular, en cabeza de Fuad Char (quien terminó dando un lamentable viraje hasta el día de  hoy).

Ese esfuerzo, propició el triunfo final de Gustavo Bell a la Gobernación del Atlántico y la emergencia de nuevos liderazgos en los cuerpos colegiados. Los votos no cayeron del cielo.

Tan importante fue este proceso, que en las siguientes votaciones a la gobernación, todos los candidatos han necesitado del voto de opinión para hacerse elegir. El triunfo de  Eduardo Verano, en contra de toda la clase política tradicional, es el caso más paradigmático.

El poder hegemónico de las casas políticas tradicionales en lo local es hoy es mucho mayor que hace algunos años. La degradación clientelar, han impuesto la ley de la compra masiva de votos como requisito para logar el poder. Sin la necesaria confluencia de actores distintos que promuevan un  proceso creíble para la ciudadana en las próximas elecciones, será muy complejo -para responder la pregunta inicial- acceder al poder local a través del voto de opinión. 

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