Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Capote se está muriendo

Capote es una ciénaga que entrega sus orillas Soplaviento y Mahates y a un sinnúmero de caseríos y corregimientos a lado y lado del canal del Dique, que es fuente de alimento y trabajo para los habitantes de esa extensa zona. Hoy las aguas se han retirado tanto, que para llegar a su orilla, es necesario caminar más de cuarenta minutos. 

David Lara Ramos
David Lara Ramos
129 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

6 Columnas

Columna

40

17 de Mayo de 2015

Hay un cumbia que se titula Soplaviento, de Donaldo Cueto, que canta ese portento de voz que es Catalino Parra: “Ya se divisan los botes/ ya se divisan los botes/que hace rato estamos esperando/ uno a uno van llegando/ hasta el puerto de Capote/ Soplaviento tiene, tiene de verdad, una cumbia brava, brava, buena pa’ gozá./

Capote es una ciénaga que entrega sus orillas Soplaviento y Mahates y a un sinnúmero de caseríos y corregimientos a lado y lado del canal del Dique, que es fuente de alimento y trabajo para los habitantes de esa extensa zona.

Hace 20 años, cuenta el mismo Catalino Parra, que con dos o tres “atarrayazos” era suficiente para abastecer de pescado a la familia y vender el resto o negociarlo en Cartagena. La abundancia era tal que si alguien comentaba que iba para Soplaviento, lo único que le gritaban era: “Me traes un pesca’o”, y la generosidad se revelaba.

Hoy las aguas se han retirado tanto, que para llegar a su orilla, es necesario caminar más de cuarenta minutos. El pescado es traído de lugares como Calamar o  Repelón. Los pocos pescadores que quedan en Soplaviento forman dos bandos. Los que pescan con atarraya y los que pescan con “guimbero”, trasmallos de entre 20 y 35 metros de largo. Un sistema que no discrimina entre peces pequeños y grandes. Una práctica alentada por comerciantes que entregan los trasmallos a cambio de que el fruto sea solo vendido a ellos.  

“Uno a veces viene aquí a comprar pescado, y no se lo venden, porque tienen todo comprometido con los compradores de Santa Rosa, Villanueva, Arenal o Cartagena”, comenta una señora que llegó a Capote y se devolvió con su olla vacía.

Esta ciénaga con apellido de escritor, ofrece un paisaje tan aplastante como inspirador. Eso dice un grupo de universitarios. Unos, de periodismo, otros, de literatura que testimonian lo epifánico que es visitarla. Según ellos, ancestros de Joe García Capote, padrastro del célebre autor de A sangre fría, cruzaron la zona a comienzos del siglo XX en busca de nuevas tierras para expandir cultivos de caña de azúcar. La historia suena descabellada, los muchachos aseguran tener pistas del asunto.

En el pueblo nadie conoce el origen de su nombre ni siquiera el señor Eduardo Ayala, más conocido como Tontile, el pescador más viejo de la zona. A sus 87 años, pesca con su atarraya en su bote amarillo, el más grande atracado en el lugar.

Tontile conoce el problema de la ciénaga. Ha visto su comportamiento desde que tenía 7 años y salía a pescar con su padre: “No hay un chorro, variante, desvío o brazo que yo no conozca, y eso es lo que más rabia me da. Cardique se ha puesto a hacer obras sin preguntar a la comunidad. Traen a un cachaco que no sabe ni nadar a enseñarnos a nosotros cómo se va a salvar la ciénaga, ¡ombe!, eso es un irrespeto” —enfatiza con una energía de un hombre de cuarenta.    

Tontile se refiere a una obra hecha en Mahates, chorro donde la ciénaga de Capote se alimenta. “Allí —explica—, había que construir un puente elevado y lo que hicieron fue un puente para motos a ras de tierra, con unas tuberías de alcantarilla por donde no pasa ni un bote ni mucho menos el agua ni peces ni tarullas”. Tiene sentido.

El verano seguirá siendo recio. Los “gimberos” cierran los ojos del trasmallo. Los atarrayeros piden la intervención de las autoridades, pero las autoridades están más ausentes que los bocachicos.

A pesar de lo dicho por los universitarios, llegar a Capote en estos momentos es como visitar a un familiar amado cuyas esperanzas de vida son reducidas. El puerto de Capote, ese que canta Catalino Parra, es más una hermosa cumbia, que una ciénaga que alienta la esperanza. 

Portada: