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Vuelve la burra al trigo y el toro al ruedo

No acabamos de celebrar el fallo que prohíbe la caza deportiva cuando vuelve la temporada taurina de Bogotá.

Natalia Parra Osorio
Natalia Parra Osorio
Administradora Pública, Directora @PlataformaALTO
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09 de Febrero de 2019

A mediados de esta semana estábamos celebrando el fallo histórico de la Corte Constitucional que por fin prohíbe, a partir del año entrante, la práctica de la caza deportiva en Colombia.

Sin embargo, no podíamos destinar tanto tiempo a la celebración, nos tocaba "cambiarnos de canal" y reenfocarnos en apoyar a quienes dan la lucha por el Río Cauca frente al ecocidio de Hidroituango, sin perder de vista las gestiones para incluir temas por los animales y sus ecosistemas en el Plan Nacional de Desarrollo. Claro, sin dejar de atender los casos y gestiones que nos demanda diariamente el activismo animalista.

No termina la semana y el “cambio de canal” no puede dejar por fuera el comienzo de la temporada taurina en Bogotá.

Luego del martirio que significa diciembre y enero para el animalismo, dado que en esas fechas se desarrollan varias temporadas de corralejas, cabalgatas, corridas, entre otras modalidades de daño animal en diferentes zonas del país, continúa el año con las temporadas en Bogotá y Medellín, con la fortuna de que este año no viabilizaron estos espectáculos crueles en la capital de Antioquia.

Entonces, henos aquí de nuevo en el “canal” Temporada (Taurina, de tortura y muerte de toros, de violencia legalizada contra los toros, o como le queramos llamar) de Bogotá. Les cuento varios aspectos.

Por solicitud de la Corporación Taurina de Bogotá, en las observaciones a los pliegos de contratación de la Plaza Santamaría, emitidos por el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD), la temporada fue reducida de cinco corridas y una novillada a tres corridas este año. Lo anterior no está mal, pues significa que al menos 18 toros no serán torturados.

Sin embargo, queda la duda de que si el IDRD no hubiera aceptado la observación y la Corporación se hubiera visto en el escenario de tener que realizar el número tradicional de corridas, ¿hubiera logrado el equilibrio económico? ¿Qué motivó a la Corporación a solicitar la reducción de días? ¿Tiene que ver algo con el equilibrio económico del negocio, ante la realidad que muestra que la acogida del espectáculo ya no es la misma de antes?

Otro aspecto que nos genera inquietudes tiene que ver con los toreros extranjeros que anuncian en los carteles. Esperamos que su ingreso al país no se haga en la calidad de turistas, sino con visas de trabajo, ya que a diferencia de un turista, ellos van a recibir ingresos nada despreciables (un torero afamado como ‘El Juli’ o Roca Rey gana aproximadamente entre 200 y 400 millones de pesos por tarde de toros).

Esperamos que sí se apliquen los impuestos de ley para pagos a extranjeros, ya que ignoramos este aspecto, debido a que los toreros son favorecidos con el habeas data.

Hablando de tributos, hace poco veíamos una nota en un reconocido medio donde el nuevo presidente de la Corporación Taurina afirmaba que la temporada le deja una importante cifra de recursos al Distrito.

Si bien es cierto que desde hace dos años logramos, por vía de proposición a los pliegos de contratación, la inclusión de determinados impuestos, no resulta tan cierto que lo recaudado se destine directamente a Bogotá, ya que el costo de disposición para cada corrida sumado a los gastos en que incurre el Distrito para el cerco de seguridad que implica no solo un importante número de policías, vallas, en ocasiones helicóptero, entre otros elementos, puede llegar a costarle más a la ciudad que lo tributado por el alquiler del espacio.

No entendemos cómo se ha considerado cancelar algunos partidos de fútbol porque los organizadores no han podido costear el dispositivo policial, pero en este caso no trasladan ese costo a los organizadores de la Temporada Taurina.

Los espectáculos taurinos están exentos de pagar IVA. Si bien hemos hecho el mayor esfuerzo y gestión durante los trámites de las dos últimas reformas tributarias, las mayorías del Congreso y los ministros de Hacienda, tanto del presidente Juan Manuel Santos como de Iván Duque, se han opuesto a la eliminación de dicha exención. Ya en un anterior artículo me refería a este y otros privilegios de los que goza esta actividad.

También ha sido reiterada la pregunta: ¿Por qué en Medellín y no en Bogotá? Tristemente porque para el caso de la capital del país existe un fallo con el que la Corte ordenó la vuelta de las corridas tras la suspensión durante tres años consecutivos, dejando la posibilidad de una prohibición exclusivamente a la decisión del Congreso.

Sin embargo, la Corte, en anteriores sentencias, estableció el deber del Estado para desincentivar estos espectáculos. Y es que en el caso de Bogotá hemos visto más acatamiento de lo primero que de lo segundo, salvo casos particulares.

En los tres procesos contractuales llevados a cabo por el IDRD desde que la Corte ordenó el regreso de las corridas a Bogotá, invocando nuestro derecho ciudadano hemos participado (cada vez con mayor dificultad), radicando observaciones a los pliegos, precisamente sugiriendo herramientas de desestímulo que bien podría aplicar esa entidad.

A diferencia de las de la Corporación Taurina, la gran mayoría de nuestras observaciones no han sido aceptadas por el IDRD. También fue desatendido el llamado para que la contratación se haga sobre un canon fijo y no por concepto de boletería vendida.

Si bien el IDRD ha sentado posición en contra de la celebración de las corridas de toros, no identificamos mayores gestiones en el tema y mucho menos incidencia en los pliegos de contratación de la Plaza. Sólo en el ámbito de la construcción de participación hemos visto real voluntad para aplicar el desestímulo a estas actividades crueles con los animales de parte del Distrito.

Entonces también nos preguntan: ¿Van a hacer manifestación afuera de la Plaza? ¿Van a marchar?

Debo contestar que el animalismo es diverso y puede tener diferentes lecturas sobre a esto. Sé que hay grupos convocando a manifestación para este domingo. Sin embargo, por ejemplo desde la Plataforma ALTO y algunos de nuestros aliados, hemos decidido no asistir físicamente, como en otras ocasiones, sino movilizarnos fuertemente por las redes por medio de una “cibermanifestación”.

¿Por qué? Porque consideramos que no hay garantías para el ejercicio pleno del derecho a la movilización. No concebimos la manifestación social como un mero hecho de desahogo. Y eso es lo único que garantiza hoy la Secretaría de Gobierno. Un espacio lejano a la Plaza, tras una malla metálica (al mejor estilo de las películas del apocalipsis zombie) donde restringen a la ciudadanía a eso: a desahogarse sin mayor impacto.

Nos molesta que para la Secretaría de Gobierno los antitaurinos seamos convocados a reuniones solamente en estas épocas. Sólo para que les informemos qué planes tenemos en cuanto a la manifestación. Sin embargo, las puertas no son abiertas para que evaluemos entre sociedad civil y Distrito formas para desincentivar o eliminar los consabidos privilegios de los que goza la Temporada Taurina.

Sin embargo, consideramos que sigue siendo fundamental manifestarse de otras formas y en otros espacios, en recorridos por la ciudad, haciendo pedagogía de no violencia contra los animales, realizando flashmobs y, por supuesto, la cibermanifestación.

Adicionalmente, estamos haciendo un llamado para que así como se dispone el inmenso operativo de seguridad con tantos policías, también se disponga uno de movilidad. Estamos acostumbrados a ver en las diferentes corridas, corralejas, mangas de coleo y cabalgatas en el país que un porcentaje importante de los asistentes sale del evento en evidente estado de alicoramiento a conducir vehículos.

Con tanta alusión dentro de este artículo a pliegos de contratación, recursos, impuestos, privilegios y fallos no quiero dejar en el olvido el fondo de esta discusión: estamos hablando de Dolor. Del dolor de un ser vivo que es torturado, lacerado, aterrorizado y ahogado en su propia sangre. Seguimos condenando a algunos animales a permanecer en la oscuridad de la edad media.

Esos toros, que seguro a esta hora ya están en las instalaciones de la Plaza, el domingo experimentarán la angustia y el sufrimiento, pero sus ojos de terror no serán objeto de compasión de los asistentes, sus gemidos de dolor quedarán ahogados por la algarabía. Si usted me está leyendo, con la mano en el corazón quizás se pregunte si es justo que esto siga ocurriendo.

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