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Vieja apaleada en los Cerros Orientales de Bogotá

Acerca de cómo el grave y descontrolado impacto ambiental que por estos días sufre la quebrada La Vieja, en la localidad de Chapinero, podría convertirse en un pretexto y una gran oportunidad para hacer de nuestra ciudad un lugar más feliz e incluyente.

Andrés Plazas Torres
Andrés Plazas Torres
Presidente de la Asociación Amigos de la Montaña
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12 de Agosto de 2016

El pasado 8 de julio salió publicada en el portal del periódico El Tiempo una noticia acerca de la decisión de la administración distrital de ampliar el horario de fin de semana para acceder a los senderos de la quebrada La Vieja, en los Cerros Orientales de la localidad de Chapinero. (Ver la noticia en este enlace)

De los sábados de 5 a 9 de la mañana se pasó a sábados, domingos y festivos de 5 de la mañana a 4 de la tarde con un muy significativo incremento en el número de visitantes, que pasó de 1.900 los fines de semana durante el primer semestre de 2016, a 2.758, 4.103, 3.070 y 2.389 los cuatro fines de semana que siguieron a la decisión, con el consecuente y evidente impacto ambiental en la montaña y en el deterioro de la calidad de vida del vecindario del barrio Rosales, por donde se accede al camino, impactos ya visibles desde mucho antes del cambio de horario.

Muy seguramente esta medida fue tomada con el mejor ánimo de brindar a los ciudadanos mayores posibilidades de contacto con la naturaleza, pero en la forma como está siendo implementada se está saliendo de las manos. Se le está diciendo a los visitantes que pueden permanecer todo el día en la quebrada La Vieja sin que para ello se les brinden unas condiciones básicas para su estadía en el lugar: como un paramédico en caso de emergencia; o unos baños para satisfacer las necesidades de un número tan grande de visitantes que están teniendo que abrir nuevos senderos para ello; o prevenir que se prendan fogatas dentro de la montaña cuando deseen calentar su almuerzo; etc.

Sendero en la quebrada La Vieja

Como causas de esta sobrecarga de visitantes estarían: la necesidad urgente de todos los habitantes de la ciudad de recrearse en contacto con la naturaleza; el cambio de horario de acceso sin consideración de la capacidad de carga del sendero; el cierre desde hace varios meses del camino que sube a Monserrate; y el haberse suspendido desde hace algunos años el acompañamiento que la Policía de Carabineros brindaba al sendero del Pico del Águila, corredor alterno a Monserrate, que hoy podría estar aliviando la carga de visitantes de la quebrada La Vieja.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud, fuente DADEP) un centro urbano como Bogotá debería contar con un mínimo de 10 metros cuadrados de espacio público verde efectivo por cada habitante, siendo 15 metros cuadrados lo deseable. El promedio de Bogotá está en 3,93 concentrados principalmente en las localidades de Engativá (parque La Florida), Teusaquillo (parque Simón Bolívar) y Usaquén, habiendo localidades con este indicador cercano a 1 metro cuadrado por habitante, lo que explicaría algunas de las enfermedades sociales que padece nuestra ciudad (intolerancia, miedo, estrés, violencia, consumo de drogas, etc.).

La quebrada La Vieja es el primer lugar en el que, en un trabajo articulado de las entidades distritales (principalmente la Empresa de Acueducto de Bogotá), la Policía Nacional y la comunidad representada en los Amigos de la Montaña (organización a la que pertenezco), se ha logrado avanzar hacia un uso público respetuoso y seguro de los Cerros Orientales para cubrir de algún modo esta urgente necesidad de los habitantes de la ciudad.

A pesar de los problemas de sobrecarga que podamos estar enfrentando en la quebrada La Vieja, la situación hoy, en general, es mejor que la de hace diez años en la que los Cerros Orientales no eran más que el telón de fondo de la ciudad, telón de fondo al que se le temía porque atracaban. En ese entonces el término “uso público de los Cerros Orientales” era prácticamente inimaginable.

Gracias a la decisión de la Empresa de Acueducto de Bogotá de permitir la contribución de los predios de la quebrada La Vieja al bienestar de los bogotanos, y gracias también al acompañamiento que desde mayo de 2012 presta la Policía Nacional, se ha generado confianza y una presencia cada vez mayor de visitantes necesitados de contacto con la naturaleza. Hoy miles de bogotanos de todas las edades y provenientes de todos los rincones de la ciudad han mejorado su salud y su calidad de vida, son más felices y más sensibles al cuidado de la naturaleza gracias a la posibilidad de recrearse en compañía de sus familiares y amigos recorriendo este espacio.

Pero a pesar de ese gran esfuerzo de las instituciones y de los avances logrados, la situación es aún lamentable y se pone de manifiesto con el cambio de horario en la quebrada La Vieja, situación que se comprende mejor si imaginamos el caso de una ciudad ubicada frente al mar:

Muchas de las ciudades con mar tienen una larga playa a la cual salen a recrearse todos sus habitantes. Es el lugar en el que se encuentran, se reconocen como iguales y mejoran su calidad de vida y su salud.

Los Cerros Orientales podrían ser la playa de Bogotá y de todos sus habitantes, pero aún no lo son. Su situación actual es la de una ciudad cercana al mar en la que se da seguridad a la pequeña playa del barrio elegante. Posiblemente sea la playa que visitan los turistas, el cuerpo diplomático, la gente importante, influyente o adinerada de la ciudad, y al resto de la playa no se le presta esa atención.

Posiblemente en esa ciudad todos sus habitantes se volcarán sobre la pequeña playa segura del barrio elegante, muchos de ellos recorriendo largas distancias para llegar hasta allí, y en su aglomeración destruyéndola y haciendo imposible su sereno disfrute.

Salta a la vista entonces que lo natural sería dar las condiciones a lo largo de toda la playa para que todos los habitantes de la ciudad puedan ejercer ese derecho a disfrutarla de manera segura en un lugar cercano a sus casas, o en donde se les antoje, pues toda la playa es patrimonio de todos los habitantes de la ciudad.

La Reserva Forestal de los Cerros Orientales, nuestra playa, tiene más de 13.000 hectáreas, de ella bajan cerca de 190 quebradas que la ciudad ya decidió recuperar y muchos senderos que conforman una gran red por la que se puede caminar entre las localidades de Usme y Usaquén a todo lo largo de la ciudad. Una gran red que ya ha sido parcialmente georeferenciada y que está lista para que la administración distrital genere las condiciones, como ya ha comenzado a ocurrir, para su disfrute por parte de los ciudadanos. Para acceder a cualquiera de sus senderos bastaría con tomar las rutas de transporte público que van bordeando los 53 kilómetros que tienen los cerros a lo largo de la ciudad.

Red de Senderos Fase 1 - Cerros Orientales de Bogotá.

Creemos entonces que la solución del problema que nos ocupa por estos días tiene dos partes que podrían convertirlo en una oportunidad:

1. En el corto plazo es urgente que se revise la medida del cambio de horario en la quebrada La Vieja y acelerar el Estudio de Capacidad de Carga que se encuentra adelantando la Empresa de Acueducto de Bogotá y que va a determinar cuántos visitantes puede realmente recibir esta quebrada diariamente sin afectar el equilibrio de su ecosistema. Complementando esta medida es también muy importante la articulación de las entidades distritales para minimizar el impacto a los vecinos de la zona de acceso a la montaña.

2. Al mediano y largo plazo, es necesario dar acompañamiento de la Policía Nacional a otros senderos e ir desarrollando un modelo de gestión que permita que todos los habitantes tengamos cerca de nuestras casas un sendero seguro en el cual caminar, aliviando al mismo tiempo la excesiva carga de visitantes hoy concentrada en la quebrada La Vieja.

Comprendiendo que este es un proceso que debe darse de manera gradual, dados los limitados recursos con que cuenta la Policía Nacional y los problemas que tiene que atender en la ciudad, consideramos que los primeros senderos con los que se podría ir avanzando para brindársele el servicio de acompañamiento de la policía, por su ubicación estratégica en la ciudad y una comunidad vecina numerosa que lo demanda, son el sendero del Pico del Águila, ubicado al frente del Fuerte que la Policía de Carabineros tiene en el Parque Nacional, y el sendero de La Aguadora en Usaquén, propiedad de la Empresa de Acueducto de Bogotá.

5:00 am - Formación del servicio de acompañamiento de la policía - Senderos de Chapinero.

El debate entonces no es sobre la quebrada La Vieja. El debate es sobre los Cerros Orientales de Bogotá. La crisis de La Vieja es solo un detonante de lo que puede ser una gran oportunidad para Bogotá.

Las preguntas que podríamos hacernos serían entonces:

¿Qué queremos hacer los bogotanos con nuestros Cerros Orientales?

¿Los queremos seguir observando desde lejos como ese telón de fondo de la ciudad al que le tememos porque atracan, y continuar siendo testigos de las forma como las construcciones de todos los estratos socioeconómicos siguen avanzando sobre ellos?

¿Será que podemos organizarnos instituciones y comunidades brindando las condiciones y la gestión para que mediante un uso público respetuoso y seguro de los Cerros Orientales podamos por fin articularlos con la ciudad mejorando la calidad de vida y la salud de todos sus habitantes?

¿Podremos poner los Cerros Orientales al servicio de todos los niños y jóvenes, de sur a norte de la ciudad, para que en contacto con la naturaleza se formen como mejores seres humanos?

¿Tendremos la capacidad, en cumplimiento de lo establecido en la Sentencia del Consejo de Estado sobre Cerros Orientales, de articularnos para formalizar en el corto plazo e incluir dentro de nuestro imaginario a los barrios populares de esa frontera urbana de Bogotá, con todo lo que socialmente esa inclusión significaría para sus comunidades y para la ciudad?

A su manera, ese sería el reto que hoy nos plantea nuestra querida Vieja, apaleada y con las dificultades por las que está pasando en estos días. De nosotros depende el seguir viendo esas dificultades como obstáculos o convertirlas en una oportunidad para articular por fin los Cerros Orientales con Bogotá haciendo de nuestra ciudad un mejor, más feliz e incluyente lugar para todos sus habitantes.