Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Sin sus paisajes, Bogotá pierde la memoria

Bogotá y sus habitantes cumplen más de 480 años de historia. La memoria de sus vidas se dinamiza en un paisaje urbano que ha sido descuidado y olvidado. Recuperar el paisaje es un ejercicio de resistencia al olvido.

Stefan Ortiz
Stefan Ortiz
Investigador en temas socio-ambientales, de gobernanza, desarrollo rural y de agroecología.
297 Seguidores8 Siguiendo

1 Debates

17 Columnas

Columna

1182

3

06 de Agosto de 2018

En su cumpleaños número 480, Bogotá merece que la entendamos no sólo como una combinación de proyectos de vivienda, infraestructura vial y medios de transporte, sino también como un paisaje único. Bogotá no es sólo un proyecto físico, también es la confluencia de mundos inmateriales, resistencias y memorias.

Cada proyecto de construcción humana debería considerar su efecto en el paisaje, como un elemento no sólo estético y de calidad de vida sino también un libro abierto que narra la historia de nuestro paso por la ciudad. El paisaje urbano es el reflejo de esos 480 años de historia: es transformado por acciones y fenómenos sociales espontáneos, decisiones planeadas, coyunturas y disputas políticas y económicas, transformaciones y fenómenos ambientales. Es nuestra huella en el territorio que la ciudad ocupa.

Las decisiones políticas que influyen en el paisaje bogotano tienden a tomarse por obligaciones burocráticas de ejecución presupuestal, oportunidades de ganancia privada, o simplemente .

Pero el paisaje cuenta historias diversas: barrios que ocuparon espacios vitales de antiguos cuerpos de agua, edificaciones que escalan los cerros que a duras penas logran contenerlas, avenidas que atraviesan humedales y parques, edificios que aparecen y desaparecen, el patrimonio arquitectónico irrespetado.

Más recientemente han proliferado edificios de más de 15 o 20 pisos construidos aleatoriamente, basados en planos estandarizados que no diferencian un barrio de otro ni sus historias arquitectónicas. Esos mismos edificios que se estiran en zonas de los cerros orientales, ocultándolos a la vista de los habitantes de los barrios de más abajo. Logran una vista envidiable desde arriba, pero a la larga son un .


Foto: Stefan Ortiz, 2018.

La ausencia de una sensibilidad paisajística deteriora el patrimonio material e inmaterial de Bogotá. No se da visibilidad a los monumentos y a la arquitectura. Las calles son oscuras y despobladas en las noches.

También en los parques y lugares seminaturales como los bosques, humedales y quebradas sufren el olvido. Predomina el miedo y la desconfianza respecto a estos espacios. Faltan políticas permanentes de apropiación social del espacio público y del paisaje urbano, más allá de eventos puntuales como conciertos, ferias, festivales y tarjetas postales.

Hay que entender el paisaje urbano como un espacio de vida cotidiana. Los graffitis y murales han sido un experimento social de avanzada en ese sentido, dando valor humano a espacios olvidados. La historia de Bogotá también se cuenta en sus muros.


Foto: Stefan Ortiz, 2018.

Los 480 años de Bogotá se podrían narrar en su paisaje. Respetar la visibilidad de los cerros. Darle voz a los muros, a los barrios, parques, plazas de mercado y espacios naturales. Graffitis, alumbrado, monumentos, museos y placas conmemorativas, arbolado, naturaleza y biodiversidad urbana. Todo acompañado de políticas de apropiación social del espacio público.

del bogotazo a lo largo de la carrera 7ª, la historia de los barrios, los personajes que los habitaron, los eventos que los marcaron, los orígenes de sus nombres. Podemos iluminar sus monumentos y dotarlos de significado (como el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación), promover arquitecturas entrelazadas con los paisajes (como las Torres del Parque, el Parque de la Independencia y la Biblioteca Virgilio Barco). Podemos recuperar los hallazgos arqueológicos de Usme, Bosa y Soacha, y recordar que en realidad tenemos mucho más de 500 años de historia.

 


Foto: Civico


Foto: Centro de Memoria Paz y Reconciliación

Existen decenas de barrios silenciados en Bogotá, ricos en historia social, política, cultural, económica y ambiental. Existe una estructura ecológica principal, con cerros, bosques, quebradas y humedales. Bogotá y sus habitantes tenemos mucho que contar, y apropiarnos del paisaje urbano es una forma de hacerlo y resistir al olvido. 

Celebrarle el cumpleaños a nuestra ciudad es celebrarnos a nosotros mismos, sus habitantes y su territorio. Generar memoria y unirnos en la historia es una forma de reivindicar lo público y lo colectivo por encima de las fragmentaciones históricas que son también el reflejo de nuestro país y nuestra sociedad. Es también una forma de reconocernos y esforzarnos para que el olvido no predomine. 

La memoria y los paisajes se diseñan y dinamizan mutuamente. Somos un país de paisajes olvidados y memoria perdida. No es un asunto menor, pues tanto la memoria como los paisajes transforman la realidad cotidiana y le pertenecen a la sociedad como espacios colectivos y bienes comunes. En el paisaje apropiado está la oportunidad de reencontrarnos y redefinirnos colectivamente sin esperar a que lo hagan por nosotros. 

Foto portada: Pacifista ()

Comentarios (3)

JorgeA

08 de Agosto

0 Seguidores

Entiendo la premisa de la columna pero creo que le da la espalda a los muchos ...+ ver más

Entiendo la premisa de la columna pero creo que le da la espalda a los muchos escenarios de la Bogotá que ha crecido durante los últimos 30 años.

Por un lado, se piensa en Bogotá sólo como su borde oriental, cosa que se entiende, ya que es ahí donde la ciudad se expandió en gran parte de su historia. Y es obvio que en cuanto a la apropiación, tanto el gobierno distrital como la ciudadanía poco o nada da importancia a su patrimonio.

No obstante, tal como yo lo observo, la gente vive en su grueso en el occidente y sur de la ciudad, rodeando al centro ampliado. De estos sectores, una proporción minoritaria corresponde a conjuntos residenciales construidos en copy + paste. Sin embargo, la gran mayoría de la gente vive en barrios populares (nombre que yo les doy), donde la alta densidad habitacional, falta de espacio público, inexistencia de arquitectura y modelos urbanos son palpables. Muchos de ellos crecieron espontáneamente, otros pocos fueron inicialmente promovidos por la alcaldía, pero ante la falta de control, la gente se tomo los espacios públicos y los transformó hasta un punto de no retorno.

Yo no apoyo el crecimiento de una ciudad a través de complejos habitacionales de 20 pisos, que le dan la espalda a la calle y donde la vida social se hace en un centro comercial. Pero si creo que eso mucho mejor a un barrio popular. Para mi eso es claro.

En ese orden de ideas, el paisajismo debería llegar a los barrios populares y de invasión, a través de espacios públicos de primera calidad, que se ajusten a nuestra realidad. Es ahí donde se debe localizar la inversión pública, no en programas de graffitis o construir un museo en los hallazgos arqueológicos en la zona rural de Usme.

Por supuesto lo anterior no se debe entender como la terminación de programas que se preocupen de cuidar los cerros y nuestro patrimonio en el centro (que está vuelto mierda, para ser sinceros), pero insisto que es más importante atender los lugares donde las personas viven, que están sustancialmente en peor estado.

Asunto aparte las consecuencias paisajísticas del TM. El estudio de la UN es injusto, cuando olvida contextualizar los antecedentes a cada troncal. La Caracas, antes del Transmilenio era palpablemente peor, ahora sigue mal, pero no como hace 20 años. Se necesita más que un medio de transporte para cambiarla, todo ese eje requiere de un programa integral de revitalización y renovación, de acuerdo a los barrios en particular. La NQS requiere de un arreglo, ajustar correctamente la ciclorruta, la presencia de la policía para evitar la invasión del espacio público y exigir la construcción de edificios que no den la espalda a los andenes. Curiosamente, empezando por la Nacional y el CAN, cuadras y cuadras de rejas donde solo se puede caminar y ver alambres y metal.

Stefan Ortiz

12 de Agosto

297 Seguidores

Muchas gracias por su comentario.
Estoy de acuerdo, me basé más en las...+ ver más

Muchas gracias por su comentario.
Estoy de acuerdo, me basé más en las vivencias cotidianas de localidades del centro y norte de la ciudad. En el caso de barrios populares, o de "autoconstrucción" como los llamo yo, creo que hay lógicas estructurales y estéticas totalmente diferentes. El enfoque aplicado por la Alcaldía de Peñalosa de "darles color" pintando las casas para convertir los barrios en murales enormes, me parece en la mayoría de casos que conozco una utilización paternalista, folclorista y abusiva de la situación de esos barrios. Recuerdo en algún viaje a Brasil, en Rio de Janeiro, noté que una favela había sido pintada entera con los colores y el logo de Coca Cola. La cosa va por ese camino...hacer la pobreza "pintoresca" para distraer la atención sobre sus realidades estructurales. Si así es como la Alcaldía entiende los grafitis o murales, arte urbano, es preferible que no se meta en esos temas.

Más que pensar que los gobiernos deben crear inversiones en grafitis, lo que quería señalar es que también la gente en sus expresiones espontáneas y cotidianas crea y se apropia del paisaje. Entonces es un encuentro constante entre intereses privados, expresiones espontáneas, cotidianidad urbana y política pública.
Entonces uno podría nutrir estas reflexiones a partir de ejes temáticos:
Paisajes urbanos moldeados por:
- Intereses privados, económico-financieros: ejemplo del sector inmobiliario con sus torres estandarizadas y homogéneas.
- Expresiones populares espontáneas y cotidianas: grafitis, arreglos de jardines urbanos, huertas urbanas, economía popular...
- Política pública: corredores viales, infraestructura urbana, parques, transporte público, POT, etc.

Habría que analizar caso por caso, pero el paisaje urbano se juega en esos distintos ejes, a veces contradictorios, a veces complementarios.



José Saramago ..

12 de Agosto

2 Seguidores

- grave es que a los espacios públicos como parques de barrios o zonas verdes...+ ver más

- grave es que a los espacios públicos como parques de barrios o zonas verdes del distrito les aparezcan de la nada supuestos dueños
- la otra cuestión es que se construyen y construyen altas torres de apartamentos (de apartamentos muy pequeños) pero no dejen suficiente espacio publico para posibilitar el movimiento, ni la vista.
- que paso con la construcción de bibliotecas, hospitales, colegios, centros de recreación y deporte, la protección de los cerros orientales. Todo no puede ser torres de apartamentos y centros comerciales.
- Los parques existentes (en donde los hay) donde los niños salen a jugar están muy descuidados.
- para un turista extranjero que podría encontrar de atractivo en la ciudad de Bogotá.