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¿Qué herencia dejamos? Reflexiones sobre “La Forma de las Ruinas” en el día del acuerdo final


Dario Hidalgo
Dario Hidalgo
Director de la Práctica de Transporte - Centro WRI Ross de Ciudades Sostenibles
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24 de Agosto de 2016

La quinta novela del bogotano Juan Gabriel Vásquez, “La Forma de las Ruinas” es uno de esos libros que uno sigue leyendo aunque tenga sueño. Al basarse en hechos históricos y autobiográficos deja un sabor que toda la ficción es verdad (y de pronto lo es). Nos pasea por varias conspiraciones, alrededor de las muertes de Rafael Uribe Uribe, de John F. Kennedy, de la Primera Guerra Mundial  y sobre todo, del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. El libro nos recuerda muchas cosas de la historia larga de la ciudad, nos pone a pensar en nuestra historia personal, y en la ciudad, el país, que heredaremos a nuestros hijos.  

El autor nos dice que uno es, se define, cuando tiene veinte años. Sí que tiene razón.  Sigue uno el resto de la vida diciendo “en mis tiempos” que generalmente corresponden a los años de la universidad.  Se da cuenta que el segundo círculo de amigos de toda la vida, viene de esa época (el primero viene del colegio, a veces dura). Y hace uno la tarea de tratar de recordar cual era la música que escuchaba en las busetas rumbo a clase: vallenatos de Diomedes, baladas de Miguel Bosé, “rock” en español de Miguel Mateos, pop en inglés de Madona…

Juan Grabriel Vásquez también recuerda las bombas de los narcos que nos aterrorizaron en los años previos a la nueva constitución, y vuelve a la memoria la serie de asesinatos de personas valiosísimas (aunque no estuviéramos de acuerdo con todas ellas): Luis Carlos Galán, Enrique Low Murtra, Rodrigo Lara Bonilla, Valdemar Franklin Quintero, Carlos Pizarro Leongómez, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Jaime Garzón; larga lista de tristezas encadenadas, que no quedó allí, luego vinieron más.  

Su libro se centra en la conspiración alrededor de la muerte de Gaitán que desencadenó el Bogotazo. El parto de la violencia que aún tratamos de resolver. Habla del señor elegante que azuza a la horda a linchar a Roa Sierra, que también aparece en las Memorias de Gabriel García Márquez. De trayectorias balísticas, de ciencias forenses y autopsias, de otros tiradores, y nos deja con la duda de lo que realmente pasó.  Duda que seguirá acompañándonos y que seguramente llenará más páginas de la literatura bogotana.  

El autor nos enfrenta a un personaje odioso, Carlos Carballo, que quiere probar su verdad a como dé lugar, uniendo puntos y atando cabos, no siempre sólidos, para demostrar su teoría. Nos lleva a su programa de aves nocturnas donde hay muchos oídos listos a dar por ciertas todas las historias de conspiraciones, así sean descabelladas. Porque la historia oficial es un recuento de mentiras acomodadas a los intereses de quien la escribe.   

Hoy los Carlos Carballos se multiplican.  Están allí, detrás de una pantalla de computador, atando cabos, uniendo puntos, demostrando perversidades, creando historias, con el apoyo mágico de google. Un grupo creciente de aves nocturnas los replican en redes sociales; rápidamente y a punta de múltiples RTs, se creen sus propias mentiras.  Están “listos a levantar su dedo acusador” en esa ciudad “que puede ser tan cruel en este país enfermo de odio, esa ciudad y este país cuyo pasado heredarán mis hijas como lo he heredado yo: con sus corduras y desmesuras, sus aciertos y sus errores, su inocencia y sus crímenes.” como remata su novela Juan Gabriel Vásquez.    

A pesar de ese tono pesimista, creo que la novela también refleja que somos capaces de acertar.   Ahora nos alistamos a ratificar el acuerdo de paz firmado con la guerrilla que nos ha atormentado por 60 años.  No será la solución a todos nuestros líos, que son muchos, pero si una oportunidad que ninguna generación antes de nosotros tuvo. Y como bien dice Ricardo Silva Romero  ¿Qué herencia dejamos?