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La cultura de ahorro de agua en Bogotá #YoAhorroAgua

La Silla Cachaca y #LaBogotáQueYoQuiero de Bancolombia, Corpovisionarios y ProBogotá estamos invitando a la ciudadanía a registrar sus prácticas exitosas y compartir las estrategias que les han funcionado para reducir su consumo de agua. Para esto los invitamos a usar la etiqueta #YoAhorroAgua y contarnos cómo ahorran agua.

Henry Murraín
Henry Murraín
Director Ejecutivo de Corpovisionarios
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Columna

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24 de Febrero de 2016

La reciente crisis de abastecimiento de agua representa uno de esos temas en los cuales la cultura ciudadana puede ser un elemento determinante en la consecución de una solución que afecta la vida de millones de personas.

A pesar de que la gran mayoría de los colombianos han escuchado sobre la crisis de agua que enfrenta nuestro país, lo cierto es que son pocos los que tienen claro qué es exactamente lo que tienen que hacer para cooperar. 

Con el fin de revisar este tema, realizamos un sondeo en Twitter en el que preguntamos a las personas cuánta agua creían que gastan en una ducha diaria. Los resultados son muy ilustradores: la mayoría de las personas (41 %) afirmó que utilizan entre 1 y 10 litros de agua en un ducha, mientras que sólo un 12% de las personas dio una respuesta que se acerca más a la realidad (más de 40 litros de agua).     

 

 

La experiencia de trabajo en cultura ciudadana en más de 50 ciudades del mundo nos ha enseñado que uno de los principales obstáculos de las iniciativas que buscan transformar comportamientos colectivos es la falta de información confiable y veraz sobre los comportamientos y las creencias de los ciudadanos.

La experiencia de ahorro de Bogotá de 1995 nos enseñó que estos mensajes  generales (“debemos ahorrar agua”) no ayudan pues cada ciudadano puede entender cosas muy distintas por “ahorrar agua”.

Se identificó de hecho que la mayoría de las personas estaban siendo muy cuidadosas con tres cosas: 1) el agua del lavamanos, 2) la lavada de carros y 3) la regada de jardines. Las personas estaban ayudando de la forma como creían que debían hacerlo.

Sin embargo el consumo de agua de la ciudad generado en estos tres aspectos era muy pequeño comparado con otros puntos donde el impacto es mucho mayor.  La ducha, la cisterna y la lavada de ropa son los tres consumos más voluminosos en un hogar promedio en la ciudad. En muchos casos en estos tres aspectos se concentra el 80 por ciento del consumo de agua de los hogares.

 

- La experiencia en Bogotá de 1995

 

Durante la primera semana de la crisis de agua de 1995 el alcalde Antanas Mockus lanzó la consigna general a los ciudadanos de “debemos ahorrar agua” explicando la situación generada por dos derrumbes que habían cerrado la salida de agua de la represa de Chingaza.

La represa alterna de San Rafael con la que cuenta Bogotá podía abastecer el agua de la ciudad durante los tres meses que duraba la reparación de Chingaza siempre y cuando se redujera el consumo de agua de la ciudad por lo menos en un 15 por ciento.

La mayoría de técnicos expertos en el tema de agua le dijeron al alcalde Mockus que no se conocía hasta esa fecha de ninguna ciudad del mundo donde se hubiera logrado ahorrar más del 2 por ciento de agua de manera voluntaria. Ellos sugerían por ende hacer racionamientos.

Mockus, que creía en la pedagogía, es decir que creía en la gente, supuso que si explicaba bien el tema de la crisis la gente cooperaría. Durante la primera semana de la crisis, al lanzar la mera consigna genérica (“ahorremos agua”) no se observaron mejoras en el consumo, incluso se observó un aumento del consumo de 2 por ciento.

El alcalde Mockus, muy frustrado por el resultado, estuvo a punto de claudicar y aplicar el racionamiento cuando el Director de Cultura de ese entonces y miembro de La Silla Cachaca, Paul Bromberg, le pidió que le permitiera hacer una medición y una evaluación relámpago más detallada de lo que estaba ocurriendo pues la situación era muy extraña.

Así, el equipo de cultura realizó muy rápidamente una encuesta masiva de cuatro preguntas la cual arrojó resultados muy importantes. Primero que más del 90 por ciento de los ciudadanos de la ciudad había escuchado la solicitud de ahorrar agua. Segundo, que un porcentaje similar de personas creía que estaba ahorrando agua y, tercero, que al preguntarle a la gente qué estaba haciendo para enfrentar  esta crisis de agua la gente había dicho que estaba básicamente haciendo las siguientes cosas: 1) ahorrando agua al cepillarse los dientes utilizando un vaso de agua en vez de utilizar el agua directamente del grifo, 2) habían dejado de regar jardines y lavar carros y 3) que además estaban recolectando agua en canecas y baldes por si llegara a escasear el agua. La última de estas tres acciones explicaba por qué se había aumentado el consumo de agua.

La gente quería cooperar pero no se había dicho cómo hacerlo. Así, detectada esta carencia se explicó en más detalle dónde se podría producir un ahorro mayor.

En cada entrevista que daba el alcalde, independientemente del tema que se tratase, llevaba botellas y vasos de agua que ponía en frente y las cuales representaban la cantidad de agua que se usaba al bajar la cisterna o la cantidad de botellas y vasos de agua que se usaban en una ducha.

Una vez entendió cuál era la clave del reto pedagógico el alcalde priorizó la agenda de cultura ciudadana en la ducha y la cisterna. Al enfocarse en estos puntos, especificándole a la gente las formas en las que podrían cooperar, el consumo promedio de la ciudad comenzó a reducirse.  Fue así como Bogotá logró superar la crisis de agua sin necesidad de hacer racionamientos.

Lo bueno de los cambios culturales reales es que luego viven en la ciudanía sin necesitar de un agente (como el gobierno) que las promueva. Es así como en Bogotá siguió reduciéndose en consumo de agua por casa y quince años después logramos llegar a un promedio de consumo por hogar del 50 por ciento de lo que se consumía en ese entonces.

Hoy en día Colombia, no sólo Bogotá, enfrenta un reto muy importante con la sequía generada por el fenómeno del Niño que ha tenido efectos nefastos a nivel rural y que en muchas ciudades ha forzado el racionamiento del servicio de agua. En estos momentos es fundamental poner en práctica los aprendizajes de las experiencias exitosas, como la mencionada en 1995, no únicamente para superar la coyuntura actual sino para adoptar prácticas colectivas sostenibles.

Con base en algunas tablas de consumos que dan pistas de donde se presentan los mayores consumos en un hogar: [Una ducha (entre 80 y 132 litros de agua), Cisterna (13 a 25 litros de agua), Lavada de platos (32 litros de agua), Rasurada (21 litros de agua), Cepillada de dientes (11 litros de agua)] La Silla Cachaca y #LaBogotáQueYoQuiero de junto con  y estamos invitando a la ciudadanía a registrar sus prácticas exitosas y compartir las estrategias que les han funcionado para reducir su consumo de agua en estos puntos críticos. Para esto los invitamos a usar la etiqueta #YoAhorroAgua y contarnos cómo ahorran agua.

Al final de esta campaña retomaremos sus ideas en esta página. Esto nos permitirá aprender colectivamente cómo podemos ahorrar y descubrir que somos muchos los que ya estamos cooperando y cuidando del agua, para así motivar a otros a cooperar.