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El decreto de los “rascacielos”

 Los proyectos urbanísticos de importancia en el mundo, como podría ser la renovación de algún sector de la ciudad, resultan de combinar por lo menos dos cosas. Primero,  la expedición de las normas urbanísticas que orienten las intervenciones que se deben realizar.  Segundo, las intervenciones  físicas como construcción de vías,  sistemas de transporte, equipamientos  comunitarios y redes de servicios públicos. Unas las desarrolla el sector público, otras el sector privado. En el caso actual de Bogotá sólo se expiden las normas urbanísticas.
Un  ejemplo reciente y arriesgado, porque espera que el desarrollo de la ciudad dependa de la aplicación de la norma, y de la buena voluntad de promotores inmobiliarios y constructores,  es la expedición del decreto 562 de 2014, "Por el cual se reglamentan las condiciones urbanísticas para el tratamiento de renovación urbana, se incorporan áreas a dicho tratamiento, se adoptan las fichas normativas de los sectores con este tratamiento y se dictan otras disposiciones. "
El decreto afecta la mayoría de las zonas residenciales  de Bogotá entre la calle 127 y  calle 6, y la Avenida de los Cerros (Circunvalar) y la Avenida Longitudinal de Occidente (carrera 96).  Esto es una porción gigantesca de la ciudad en la que pueden aparecer en cualquier sitio edificios de cuarenta o más pisos.   
Mi hipótesis, que quiero someter al análisis de los participantes de la Silla Cachaca,  es que los efectos  desastrosos de este decreto no han sido medidos ni siquiera por la Administración Distrital.  Y me refiero, por ejemplo,  al impacto negativo de la densificación incontrolada sobre el tráfico vehicular  y la demanda de servicios públicos; y al deterioro irreversible del espacio urbano que se genera con “rascacielos” construidos en cualquier lugar. Si hubiera conciencia sobre lo que va a pasar no se hubiera expedido este decreto.
Con este decreto, que es un POT (Plan de Ordenamiento Territorial) disfrazado, planteado a última hora por la Administración Distrital para congraciarse con constructores y promotores inmobiliarios, se ha generado probablemente la norma más permisiva que  ha visto la ciudad en su historia reciente.  Ahora el promotor inmobiliario, a cambio de un pago mínimo, logra una utilidad inmensa construyendo lo que más pueda.  El límite máximo de altura y edificabilidad lo espera manejar la Administración Distrital utilizando la copia de una norma de aislamientos contra las construcciones vecinas “tipo ponqué” que se adoptó en Nueva York en 1916 y  ya no se utiliza (ver Galería).
Si esta discusión avanza podremos ir explorando varios temas: ¿hasta dónde es eficiente densificar la ciudad? ¿la densificación genera más espacio público por persona? ¿es posible hacer renovación urbana sólo con decretos? ¿porqué ningún candidato se ha manifestado sobre este tema , si el decreto fue expedido hace tres meses? ¿qué opina la Sociedad Colombiana de Arquitectos? ¿y Camacol?...etc, etc.

Debate

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15 de Marzo de 2015

Mario Noriega
Mario Noriega
Gerente MN+A y Profesor universitario
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