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¿Llegó la hora de un currículo nacional para Colombia?

Si Colombia quiere avanzar de manera contundente en el aprendizaje de los estudiantes en habilidades tanto cognitivas como socioemocionales, debe meterle el acelerador a la política docente.

Sandra García
Sandra García
Profesora Asociada de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes
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06 de Noviembre de 2018

La semana pasada se llevó a cabo el noveno Seminario Internacional de Investigación del ICFES.  El tema central de este año fue el de docentes. Y por supuesto, la audiencia principal fueron docentes y directivos docentes de instituciones educativas tanto públicas como privadas de diferentes lugares del país.

Fueron dos días de enriquecedoras presentaciones de investigadores nacionales e internacionales alrededor de temas centrales para el mejoramiento de la calidad de la educación.  Fue realmente emocionante compartir este espacio con más de 1000 docentes concentrados en su desarrollo profesional y en discutir y construir nuevas formas de mejorar el aprendizaje de los estudiantes.  

No hay duda que si Colombia quiere avanzar de manera contundente en el aprendizaje de los estudiantes en habilidades tanto cognitivas como socioemocionales, debe meterle el acelerador a la política docente.  Comparto a continuación algunas lecciones que, desde mi perspectiva, quedan para Colombia del nutrido seminario sobre docentes.

 

Lección # 1: El Estatuto Docente en Colombia ha sido un paso muy positivo hacia la profesionalización docente  

En el libro de Profesión Profesor presentado por Diana Hincapié del Banco Interamericano de Desarrollo, se utilizaron 5 países como casos de referencia sobre acciones concretas que han permitido profesionalizar a los docentes y que están encaminadas a mejorar el prestigio de la profesión docente. Uno de ellos fue Colombia, con el estatuto de profesionalización docente. En efecto, Colombia ha avanzado de manera muy importante en las últimas dos décadas, al implementar un sistema de carrera docente que es meritocrático desde la entrada a la carrera.

Solo por mencionar un dato, la selectividad para entrar a la carrera docente ha aumentado de manera importante: mientras que en el 2004 el 22 por ciento de los postulantes al concurso ganaron una plaza, en 2012 este porcentaje bajó a 8 por ciento (Elaqua et al. 2018).  Por supuesto que el sistema de selección y desarrollo de carrera de los docentes tiene aspectos a mejorar, pero el mensaje principal que deja este libro es que debemos seguir construyendo sobre lo construido.

 

Lección # 2: Colombia necesita tener un acuerdo sobre qué es un “buen maestro”

Maria Paulina Flotts, de la Universidad Católica de Chile, compartió la experiencia de Chile sobre DocenteMás, el sistema de evaluación de desempeño profesional docente. Como en otras áreas de desarrollo, Chile nos lleva años de ventaja. Hoy en día cuentan con un robusto sistema de evaluación que es obligatorio para todos los docentes. Lo más importante de este sistema es que está basado en un marco de referencia de lo que consideran debe ser un buen maestro y que fue construido en conjunto con los docentes hace más de veinte años: el “Marco para la buena Enseñanza”.  

Este marco ofrece una serie de estándares claros y ha sido una guía fundamental para acordar no solamente lo que se debe evaluar en los docentes sino además lo que ellos deben aprender para cada vez ser mejores en su profesión. Flotts afirmaba en su charla que “los estándares son el corazón de la evaluación docente y de la política docente en Chile”, pues enmarcan no solo qué se debe evaluar en los docentes, sino el currículo de formación docente y la  política de profesionalización docente en general.

En Colombia estamos lejos de este escenario.

Si bien hemos avanzado considerablemente al tener una evaluación docente basada en un conjunto de criterios sobre lo que se espera de un docente (la Evaluación Diagnostico Formativa -- ECDF), estos criterios solo aplican para quienes se someten a la evaluación de ascenso . No tenemos un marco o una definición de qué es ser un buen maestro en Colombia. Tener un acuerdo a nivel nacional de qué significa ser un buen docente es fundamental no solo para quienes buscan ascender en la carrera, sino también para guiar a las facultades de educación sobre las competencias que deben tener sus egresados y contribuir a su formación tanto inicial como en servicio.

Por supuesto que se trata de un marco que no podemos “importar” de Chile ni de ningún otro país. Debemos construirlo a partir de nuestro contexto y necesidades como país. Por ejemplo, si estamos de acuerdo con la necesidad de formar para la ciudadanía, ¿cuáles son las competencias que debe tener un maestro para promover el aprendizaje de la autorregulación, la convivencia pacífica y resolución de conflictos? O si estamos de acuerdo con la importancia lograr un nivel de aprendizaje adecuado en lectura y escritura en nuestros estudiantes, ¿cuáles son las competencias que debe tener un maestro para desarrollar las competencias de escritura y pensamiento crítico en los estudiantes? ¿Qué tan lejos o cerca están nuestros docentes de cumplir con estas competencias? ¿Qué están haciendo las facultades de educación para lograr estas competencias en sus egresados?  Al no tener un marco, estas preguntas se quedan sin respuesta.

 

Lección # 3: Colombia necesita un sistema de evaluación docente que contribuya al mejoramiento de su labor y a la vez permita el avance en su carrera.  Lograr ambos propósitos con la misma evaluación es casi imposible.

Una segunda lección que deja la experiencia de Chile (y que ellos aún no han solucionado) es la dificultad de tener un sistema de evaluación que cumpla al mismo tiempo con un propósito sumativo (saber si el docente está haciendo bien su trabajo o no, con las consecuencias de ascenso o permanencia correspondientes) y un propósito formativo (tener información para darle al maestro la herramientas de mejoramiento necesarias).  

Para ser útil en su función formativa, una evaluación debe revelar con el mayor detalle posible cuáles son las debilidades o puntos de mejoramiento de un maestro. En contraste, la evaluación sumativa ofrece información sobre el nivel de desempeño para tomar decisiones sobre si se “pasa” o no al siguiente nivel, o si se premia o no a un docente por su desempeño sobresaliente. Al tener propósitos diferentes, los incentivos para quienes evalúan (incluido el rector y el mismo docente) son diferentes, y no necesariamente se va a proveer la misma información, o por lo menos no con el mismo nivel de detalle y franqueza.  Por ejemplo, en una autoevaluación formativa es probable que el docente sea mucho más crítico que en una sumativa. Una solución que planteaba Flotts para este reto es alternar los ciclos de evaluación, y tener un ciclo de carácter formativo y otro de carácter sumativo. Esta podría ser una buena idea para la evaluación de desempeño en Colombia, la cual se lleva a cabo cada año por parte del rector. Esta evaluación actualmente es de carácter sumativo y da muy poca información sobre los puntos de mejoramiento de los docentes.

 

Lección # 4: Colombia debe abrir la discusión sobre la necesidad de tener un currículo nacional que oriente a los docentes en su quehacer en el aula de clase

En Colombia no solamente no tenemos un acuerdo sobre qué es un buen docente (ver lección # 2), sino que tampoco tenemos un acuerdo sobre qué se debe enseñar y cómo.

Como dice Palabra Maestra, “si el corazón de un aula de clases son los recursos didácticos, el currículo educativo es el esqueleto”. El currículo es la estructura que define qué enseñar (contenidos), para qué se enseña lo que se enseña (objetivos), cómo enseñar (metodología) y cómo hacerle seguimiento al aprendizaje de los estudiantes (evaluación) (ver Palabra Maestra).

Pues bien, en Colombia NO tenemos un currículo nacional. Si bien hay unos estándares o lineamientos de aprendizaje, no hay una “ruta a seguir” para los maestros sobre cómo enseñar ni cómo evaluar el aprendizaje de los estudiantes.

En Colombia nos asusta o incomoda hablar de estándares o de currículo porque creemos que eso va en contra de la libertad y de la autonomía de los maestros y de las instituciones educativas. Pero el extremo de no tener esta ruta a seguir ha dejado a muchos docentes a la deriva.

Una docente me decía hace unos días “estamos perdidos”, y me compartía la angustia de sentir la necesidad de tener mayores herramientas didácticas para lograr en sus estudiantes objetivos de aprendizaje tan complejos de alcanzar como la empatía, la perseverancia, o el pensamiento crítico.

Si a lo anterior se suma que tampoco tenemos una política de textos educativos, podríamos afirmar, siguiendo la analogía anterior, que el sistema educativo colombiano no tiene ni corazón ni esqueleto.

Se han dado algunos pasos en ese sentido para llegarle a algunas instituciones con materiales educativos y acompañamiento a los maestros con, por ejemplo, el Programa Todos a Aprender. Pero no tenemos una política educativa a nivel nacional que oriente el quehacer de los maestros en el aula de clases en cómo enseñar ni cómo evaluar el aprendizaje los estudiantes para ajustar sus prácticas pedagógicas según las necesidades de sus alumnos.  Este es un vacío enorme que llevamos décadas evadiendo en el diseño de la política educativa.

Un paso importante hacia adelante si queremos tener un salto grande en términos de calidad educativa es ofrecer una orientación didáctica sobre el tipo de actividades que funcionan para el logro de diversos objetivos de aprendizaje. Es decir, un currículo. No necesariamente un currículo único y obligatorio. Puede ser un currículo flexible de manera que el docente tenga un portafolio de estrategias a elegir, según el contexto y las necesidades de sus estudiantes, pero siempre apuntando hacia el objetivo de lograr el mismo nivel de aprendizaje para todos, independientemente de su nivel socioeconómico.

 

Lección # 5: Usar la tecnología de manera inteligente para acompañar al maestro en el aula de clase y potenciar el aprendizaje de los estudiantes.

Un punto en común que salió de varios de los investigadores que participaron en el seminario es la importancia de enseñar en el nivel correcto para garantizar el aprendizaje de los estudiantes. 

Luis Sanz, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa de España (INEE), mostró que un factor clave en el aprendizaje de los estudiantes es la capacidad adaptativa del profesor, es decir ser capaz de calibrar la instrucción de la clase según las necesidades del estudiante.  Esta capacidad adaptativa es muy compleja de desarrollar cuando se tiene un número grande y diverso de estudiantes. Y más compleja aun cuando no se tienen lineamientos claros sobre cómo enseñar y cómo evaluar (ver lección # 4).

La tecnología bien utilizada puede dar un empujón enorme para acompañar al profesor a orientar la enseñanza según las necesidades de los estudiantes.

Un ejemplo de ello es la experiencia en India del programa Mindspark. Se trata de un programa adaptativo que mide el nivel en el que está el estudiante y le ofrece ejercicios y explicaciones de acuerdo al nivel en el que está, y va guiando al estudiante según su propio ritmo para alcanzar los objetivos de aprendizaje.  Este programa fue evaluado por Karthik Muralidharan y sus colegas, y demostró una altísima efectividad en el aprendizaje de los estudiantes en tan solo 4 meses.  Otro ejemplo más cercano a nuestro contexto es la Plataforma Adaptativa de Matemáticas, PAM en Uruguay.  

Este tipo de recursos no buscan reemplazar al profesor, sino apoyarlo para que pueda identificar de manera oportuna el nivel de aprendizaje de cada uno de los estudiantes y poder ofrecer de manera casi que personalizada el tipo de actividades que cada estudiante necesita.  

 

Lección final: Las mejoras en educación son producto de apuestas de largo plazo.  La comunidad educativa debe participar activamente y blindar una política de largo plazo.

Las mejoras en educación son producto de cambios que se demoran varios años y que van más allá de un gobierno de turno.  Un currículo, un marco para la enseñanza o incluso un programa computarizado que se adapte al aprendizaje de los estudiantes pueden tardar una década en construirse (mientras se diseña, se implementa, se testea y se perfecciona).  Los protagonistas en la construcción de esta política debe ser la misma comunidad educativa, pues es la que permanece independientemente del gobierno.

Sin embargo, es el gobierno nacional el que debe ayudar a dar el primer empujón, y lanzarse sin miedo a plantear la necesidad de tener un sistema educativo con corazón y esqueleto: un currículo nacional que oriente el quehacer de los docentes, su trabajo diario en el aula, y los materiales educativos necesarios para ello.

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