Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

El país rico más pobre del mundo: la hiperinflación en Venezuela

Seguir quitando ceros al bolívar, cambiarle de color a los billetes, o crear una criptomoneda (el “petro”), no serán las soluciones ni a la inflación ni a tantas otras tragedias que sufre el hermano país.

Alejandro J. Useche
Alejandro J. Useche
Profesor, Director MBA, Universidad del Rosario
37 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

1171

3

16 de Septiembre de 2018

La inflación es uno de los males económicos que más afecta la calidad de vida en un país, perjudicando de forma particular a los habitantes de menores ingresos, quienes no cuentan con los recursos suficientes para acceder a mecanismos de cobertura, sino que, simplemente, ven cómo su poder de compra se reduce al tener que pagar más por los bienes y servicios que consumen a diario.

A pesar de los aumentos de precios que enfrentamos con frecuencia, Colombia es un país privilegiado en el contexto latinoamericano en cuanto al desempeño de la inflación: mientras prácticamente la totalidad de vecinos ha atravesado graves crisis monetarias, ha tenido que quitar ceros a su moneda o incluso la ha reemplazado por una nueva, ninguna de estas situaciones le ha ocurrido a nuestro peso colombiano.

Si bien es cierto que en repetidas oportunidades se ha discutido sobre la posibilidad de quitarle tres ceros a nuestra moneda, la necesidad de tal ajuste no ha sido inminente y si se llegara a hacer, no sería una consecuencia de la altísima inflación, sino una manera de facilitar el manejo de los precios y hacer más sencilla de manejar la contabilidad.

Un análisis de la historia de la inflación en Colombia permite ver cómo su más alto valor fue alcanzado durante la llamada Guerra de los Mil Días (1899-1902), periodo en el cual la emisión de dinero aumentó a un ritmo sin precedentes, alcanzando el 117,9% anual en 1900, de acuerdo con datos publicados en el documento “El Banco de la República: antecedentes, evolución y estructura”, de Adolfo Meisel Roca, fenómeno que explicó en buena medida por qué el nivel de precios subió un 398,9% en 1901 (otras estimaciones, expuestas en el mismo documento mencionado, la sitúan en máximos de 211%, 278% y 338% anual).

Tales niveles, sin embargo, bajaron muy rápidamente después de esa época, estabilizándose en valores similares a los previos al conflicto hacia 1904 y 1905.

En cuanto a historia más reciente, una revisión de los datos publicados por el Banco de la República desde 1955 muestra que las tasas de inflación más altas de los últimos 63 años se presentaron en 1963 (33,60%) y 1990 (32,36%), respectivamente, situándose en un solo dígito desde 1999 hasta la fecha. Si se acumulan todos los incrementos en el índice de precios al consumidor, la inflación acumulada en el periodo 1955-2018 llega al 382.477% (suponiendo que la de 2018 cierre en 3%).

Una interpretación aproximada es que un producto o una canasta de bienes que costara $100 en 1955, valdría $382.477 en 2018. Así las cosas, la inflación anual promedio en los últimos 63 años es de 10,77%.

Contrastan estos datos con la información que le da la vuelta al mundo en relación con el comportamiento de los precios en Venezuela, país que cuenta con las mayores reservas probadas d petróleo en la actualidad: el Fondo Monetario Internacional pronosticó que la inflación podrá llegar a la astronómica cifra de 1’000.000% en 2018, situación acompañada de una caída de 25% en su producción al corte del primer semestre, escenario que, en el campo económico, es el peor que se puede enfrentar, fenómeno conocido como estanflación (reducción de la producción más aumento de la inflación).

En términos comparativos, la inflación de solo este año en Venezuela sería 2,6 veces mayor que la acumulada en Colombia durante los pasados 63 años. Para tener una imagen más concreta, suponga que un mercado básico que costara $300.000 en nuestro país el primer día de enero, llegara a $ 1.147’732.065 el último día de diciembre (sí, más de mil millones de pesos).

El aumento de precios en el caso venezolano actual (equivalente a un aproximado de 2,56% diario) está aún lejos de alcanzar los records históricos de países como Hungría en 1946 (207% diario), Zimbabwe en 2008 (98% diario) o Yugoslavia en 1994 (64% diario), pero, de seguir en la actual espiral inflacionaria, podría en un plazo no muy largo llevar al colapso definitivo del bolívar.

A su sufrida moneda ya le han quitado ocho ceros en los pasados diez años, cambio puramente cosmético, una cortina de humo que nada ha contribuido a la estabilidad de la misma o al bienestar económico de la población.

Ya hace tiempo mucha gente ha renunciado a hacer transacciones en tal moneda y es cada vez más común usar otras divisas, e incluso realizar pagos en oro o recurrir al trueque.

Las causas detrás de la actual hiperinflación venezolana no son nuevas cuando se comparan las que han llevado a otras grandes crisis económicas en la historia: exceso de emisión de dinero, desorden en la asignación del gasto público, déficit fiscal creciente, escasez de bienes de consumo y medicamentos, deterioro en el suministro de servicios públicos, colapso de la producción industrial, disparada de la devaluación. Todo lo anterior, agravado por un recrudecimiento de la violencia y el riesgo político, acompañado todo esto por una de las más graves crisis humanitarias de la actualidad.

Seguir quitando ceros al bolívar, cambiarle de color a los billetes, o crear una criptomoneda (el “petro”), no serán las soluciones ni a la inflación ni a tantas otras tragedias que sufre el hermano país.

La historia ha demostrado que, en estos escenarios, es necesaria una solución de fondo, que arranque de raíz la causa del problema: para volver a una senda de crecimiento económico y progreso social, se requiere un regreso a la democracia, a la libertad, un cambio total de modelo que permita recuperar el derecho a vivir dignamente en el que tristemente se define hoy como “el país rico más pobre del mundo”.

Interactiva: 

Comentarios (3)

Edgar Marin

22 de Septiembre

0 Seguidores

Y la inflación y tragedias sociales y políticas de nuestro "hermoso" país q...+ ver más

Y la inflación y tragedias sociales y políticas de nuestro "hermoso" país que...???

Andres Felipe Garcia Rovira

28 de Septiembre

2 Seguidores

Señor Venezolano a eso se refirio el profesor, entiendo que no sepa que en Co...+ ver más

Señor Venezolano a eso se refirio el profesor, entiendo que no sepa que en Colombia la inflación es del 3%, si uno no trabaja porque se la pasa en paro de pronto no entiende que la inflación no impacta tanto sobretodo cuando es esperada.

Andres Felipe Garcia Rovira

28 de Septiembre

2 Seguidores

Antes de la constitución del 91, nuestra inflación era "alta" (20%-30%)pero ...+ ver más

Antes de la constitución del 91, nuestra inflación era "alta" (20%-30%)pero estable, por el tema del señoraje que le producia recursos al banco de la republica en el optimo de la curva de laffen de recaudo y en la medida en que los cambios no generaban distorsiones para los agentes no fue un problema para la economia Colombia.