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Por Laura Ardila Arrieta · 01 de Diciembre de 2019

Char y algunos de sus funcionarios en homenaje a Dilan Cruz, el día de la inauguración de la prolongación de la 72 hasta el Malecón.

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Barranquilla es una de las ciudades del país en las que con mayor tranquilidad se ha vivido el paro nacional, que arrancó el pasado 21 de noviembre bajo la expectativa de posibles grandes hechos de violencia, impulsada principalmente desde el Gobierno Nacional.

Las razones son que el alcalde Álex Char le apostó desde el principio a una actitud de no represión, en la que ha combinado llamados a la unión y a la defensa de la ciudad con resultados de su gobierno y medidas no coercitivas por parte de la Fuerza Pública.

Y que esa posición se juntó con el proceso que desde hace años lideran varias organizaciones sociales locales en conversación con el Distrito para garantizar la protesta en Barranquilla, que tiene tradición de movilizaciones.

La marcha masiva del 21N, otras menos grandes pero igual nutridas, cacerolazos, plantones, velatones, se han venido realizando, pues, de manera pacífica y alegre, y destacablemente sin enfrentamientos entre marchantes y Fuerza Pública, como sí se ha visto en otras ciudades.

La excepción de estos ocho días ocurrió el pasado viernes, cuando el Esmad, al meterse a dispersar a un grupo de manifestantes que pretendieron bloquear totalmente la avenida Circunvalar, la principal arteria de la ciudad; terminó reteniendo e impidiendo el trabajo de varios periodistas presentes. Un asunto que generó críticas y rechazo, incluyendo un pronunciamiento de la Fundación para la Libertad de Prensa FLIP.  

El paro de Char

Char marcó su derrotero frente al paro dos días antes de la jornada del 21N, con un video en el que invitaba a marchar pacíficamente, apelando al sentido de pertenencia con la ciudad.

Su actitud de entrada contrastó con la del presidente Iván Duque, quien puso el fantasma del miedo sobre la protesta; y con la de otros alcaldes, como Federico Gutiérrez de Medellín, que anunció que daría garantías a los marchantes pero sin ocultar su desacuerdo con el paro.  

“Si quieres marchar, te vamos a acompañar, te vamos a proteger. ¡Hazlo! Con toda la confianza del mundo, pero no violentes a tu ciudad”, dijo Char a los barranquilleros.

El 21N compartió, con felicitación incluida, el video de unos jóvenes en plena marcha limpiando la ventana de un restaurante que otros manifestantes habían rayado con grafitis.

Esta narrativa de cuidado por Barranquilla durante el paro le encajó con la inauguración, dos días después, de un sector de recreación (un kilómetro y medio de zonas verdes, canchas y parques, incluyendo uno de agua y otro para mascotas) en el Gran Malecón que le devolvió a la ciudad la vista a su río Magdalena y ha sido gestionado durante la era Char.

Aunque el Alcalde no relacionó el evento con las manifestaciones de manera directa, ese día y el siguiente, con el paro estallado en ciudades como Bogotá y Cali, lo que reportaron los periodistas locales sobre Barranquilla fue la noticia de esa nueva obra.

De forma más explícita, esta semana Char reaccionó a la dolorosa muerte de Dilan Cruz, el estudiante de Bogotá al que mató un disparo del Esmad y quien se convirtió en el nuevo símbolo del paro, haciéndole un homenaje durante la inauguración de la prolongación de una calle (la 72) hasta el Malecón.

Ese día, el mandatario y varios de sus altos funcionarios repartieron claveles blancos, caminaron con ellos en alto, y Char dijo: “Ojalá que la puesta en servicio de esta vía sirva para abrirles los corazones a los colombianos”.

Con ello, no sólo le apostó a mostrar empatía en un gesto abiertamente combinado con un logro de su Gobierno, sino que trasladó a la institucionalidad parte de la reacción por lo de Dilan, que en todo caso motivó cacerolazos y otras manifestaciones ciudadanas entre los barranquilleros.

Además de esas acciones públicas, están las medidas de la Administración respecto a la Fuerza Pública frente a las manifestaciones.

Por ejemplo, la decisión, concertada con los convocantes del paro en una Mesa de Garantías distrital, de que los policías que custodian las marchas vayan sin armas (únicamente con el bolillo y el radioteléfono), a unos metros de distancia y en número reducido.

Y la de no sacar Esmad (en la marcha del 21N no hubo) o hacerlo en casos puntuales, pero no frente a la gente para no generar presión.

Así sucedió, por ejemplo, en el primer gran cacerolazo que hubo en la Plaza de la Paz, el viernes 22 de noviembre, en el que se registró un bloqueo en la carrera 46, el Esmad se apostó casi sobre la carrera 47 y no se registró ningún percance.

Una alta fuente que tiene como saberlo nos contó que Char permanentemente llama a los jefes de la Policía a decirles que tengan “paciencia y cariño”, y que en las reuniones de coordinación con los convocantes del paro, la Administración ha dicho cosas como: “A nosotros no nos pueden poner en la misma bolsa” (que al Gobierno Nacional).

Para mayor complejidad, hay que decir que de todas maneras la tranquilidad general del paro nacional en Barranquilla también tiene que ver con un proceso local que hace varios años arrancaron organizaciones sociales, como el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, Foro Costa Atlántica, algunos sindicatos y los estudiantes, para coordinar y garantizar la protesta en la ciudad.

El Comité de Solidaridad y Foro, de hecho, están entre las organizaciones que lideraron la estructuración de un protocolo para la protesta que ya está en manos de la Administración y que será firmado ahora en diciembre, según nos dijeron en la Administración.

La comunicación y el trabajo en red que han logrado varias de esas organizaciones fue clave, por ejemplo, para que algunos sectores estudiantiles desistieran de su idea de bloquear el puente Pumarejo sobre el río Magdalena (que conecta al Atlántico con Magdalena y el resto del país) el 21N, como querían hacerlo.

“Esa idea la manifestaron algunos en reuniones previas al paro que tuvieron las organizaciones sociales, la mayoría no estaba de acuerdo, y primó el deseo de la manifestación pacífica”, nos contó Jessyka Manotas, directora de Foro Costa Atlántica.

Y también juegan a favor medidas de los marchantes, como la que tienen los estudiantes de la Universidad del Atlántico con sus “chalecos amarillos”: un grupo de alumnos de lenguas extranjeras que, inspirados en el movimiento francés, se ponen chalecos de ese color, hacen cordón humano frente a su marcha y están pendientes de protegerse y de que no se les infiltren vándalos.

 

Para explicar el camino que la Administración ha decidido tomar frente al paro, el secretario de Gobierno, Clemente Fajardo, quien ha liderado reuniones de coordinación y está siempre en el Puesto de Mando Unificado, nos dijo que el Alcalde Char tiene “la total convicción de que las marchas hay que acompañarlas”.

De manera no excluyente con eso que se evidencia cierto, es inevitable leer la movida como una forma con la que, además, Char intenta garantizar que nada vaya a afectar su gran popularidad (la más alta de un alcalde en el país, según varios sondeos), a pocas semanas de terminar su periodo y cuando existe la expectativa de una eventual candidatura presidencial suya.

“Hay que reconocer que el Alcalde ha cumplido con la resolución 1190 del Ministerio del Interior (de 2018, Gobierno de Juan Manuel Santos, que adopta el protocolo para garantizar la protesta pacífica en Colombia), pero esto también tiene una lectura política y son las aspiraciones nacionales que él tiene después de su segundo periodo”, nos comentó al respecto Michael Messino, líder estudiantil de la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior Unees, que participó en la Mesa de Garantías del paro que convocó la Gobernación.

En cualquier caso, la estrategia tropezó hace dos días.

La entrada del Esmad a escena

Este viernes que pasó, a las 8 de la mañana, estaba citado un plantón en el Sena de la 30, conformado sobre todo por estudiantes de entidades privadas y públicas.

La manifestación decidió, rato después, bloquear la avenida Circunvalar, a la altura del puente de la Murillo, en cercanías al estadio Metropolitano.

Según dos personas que estuvieron en el lugar: una estudiante que prefirió no ser mencionada con su nombre y la periodista de El Heraldo Cheyenne Luján, eran entre 150 y 200 personas aprovisionadas con recipientes grandes de agua porque planeaban quedarse hasta las 5 de la tarde.

La acción de entrada fue tensionante porque se trata de un punto neurálgico de la principal gran vía de Barranquilla que, entre otras, por ahí comunica con el aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz. 

La Policía acordó con ellos, a través de la Defensoría del Pueblo que estaba haciendo presencia, que los uniformados no iban a intervenir y alejarían un poco el cordón de policías que habían armado, y los manifestantes harían un bloqueo intercalado: media hora en un carril y media hora en el otro, para no colapsar completamente la Circunvalar.

A esa tensión se sumó el enfrentamiento que, alrededor del mediodía, los marchantes tuvieron con un grupo de mototaxistas que tiene una estación improvisada bajo el puente de la Murillo y que estaba viendo afectado su trabajo por el bloqueo.

Mototaxistas y manifestantes llegaron incluso a tirarse piedras entre sí.

A raíz de eso, el plantón se movió sobre la vía hasta la altura del barrio Las Cayenas, en donde algunos comenzaron a proponer bloquear completamente la Circunvalar a lo que la Policía respondió con la intervención del Esmad.

Aunque las autoridades habían dado 15 minutos para desalojar la vía, el Escuadrón comenzó a dispersar a los cinco minutos del anuncio y en medio del operativo se llevó a varios retenidos, incluyendo cinco periodistas, dos de ellos de El Heraldo.

Cheyenne Luján, una de las periodistas retenidas, le contó a La Silla Caribe que en varios momentos el Esmad les bloqueó con sus escudos los lentes de los celulares y cámaras y luego los montó a empujones a un camión, a pesar de ellos haberse identificado como periodistas, un asunto que está probado en videos que publicó El Heraldo y que han corrido en redes.

En uno de esos videos se puede ver también cómo un fotógrafo llamado Carlos Cordero es sometido en el piso y despojado de su cámara.

Los periodistas estuvieron unos 40 minutos en el camión, luego de lo cual los de El Heraldo fueron llevados a un CAI, en donde tuvieron que esperar que los fueran a buscar dos de sus jefes del periódico.

Cuenta Cheyenne que, antes de irse, un Mayor (cuyo nombre ella no recuerda) les dijo que para esos casos deben presentarse ante el comandante del operativo , y luego los hicieron firmar una minuta en la que consta que les entregaron sus materiales de trabajo sin borrarles nada.

Al respecto, el Secretario de Gobierno Fajardo nos dijo recién sucedidos los hechos que la información que tenía es que el Esmad había confundido a los periodistas porque no tenían ni escarapelas ni chalecos.

Mientras que el comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, general Ricardo Alarcón, aseguró en El Heraldo que, tras cuatro horas de bloqueo, dio la orden para recuperar la movilidad en la Circunvalar y que en el operativo no se identificó a los periodistas (intentamos comunicarnos con él, pero no fue posible).

El viernes por la noche en la Unidad de Reacción Inmediata URI quedaban ocho manifestantes detenidos, según nos dijo María Cedeño, del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, que estaba en el lugar y además nos detalló que hay bastantes quejas de supuestos atropellos del Esmad durante su operativó.

Este hecho es el tropiezo de una estrategia que, hasta ahora, sólo había producido noticias sobre la tranquilidad del paro en Barranquilla, que de todos modos, debido a que las medidas del principio siguen, es posible que se mantenga así.

Mucho más si el Junior de los amores barranquilleros, que está de finalista, llega a quedar otra vez campeón del fútbol colombiano, en una final que arranca hoy.

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