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Por Laura Ardila Arrieta · 09 de Marzo de 2018

La entrada a la trocha 'La cortica' es una suerte de precaria terminal de transportes, en la que, a la sombra de varios árboles, se parquean vehículos sucios y casi siempre viejos y destartalados a dejar y recoger pasajeros. Una cuerda que atraviesa la vía a lo ancho y el aviso escrito sobre un pedazo de madera advierten que el negocio informal tiene algún dueño: “PARE. YENO O BASÍO PAGA”. Fotos: Laura Ardila Arrieta.

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Todos los días en el corregimiento de Paraguachón, cada 10 ó 15 minutos salen entre el polvorín por ‘La cortica’ uno o dos camiones, o camionetas, o automóviles, o motos, cargados de personas o mercancías, o personas con mercancías, que llegan rumbo a buscar alguna oportunidad en suelo colombiano, aunque no necesariamente para quedarse del todo.

 

Le dicen “La cortica” por rápida. Por breve. Porque de todos los laberintos posibles es el más reducido. Es una de las casi 200 trochas por las que en este momento están entrando masivamente venezolanos en la frontera guajira del municipio de Maicao, y en los últimos años se ha convertido en corredor de la calamidad.

Apenas a unos dos kilómetros de ese punto, el paso fronterizo legal. La postal de la misma diáspora, pero con papeles.

Ni la Alcaldía ni la Gobernación ni Acnur (la agencia de la ONU para los refugiados, que el año pasado arrancó una nueva operación en La Guajira para facilitar la protección internacional de las personas provenientes de Venezuela) cuentan con las cifras para determinar cuántos a ciencia cierta son los que arriban -y si se quedan o se devuelven- a diario por esos caminos sinuosos, que han existido desde siempre como pasillo del contrabando, en los que la única ley es la del que tenga el arma.

Lo que se sabe, porque es evidente, es que muchos se vienen a malvivir a la Calle 13 de Maicao: cinco cuadras en línea recta, más algunas aledañas, repletas de venezolanos con drama en la mirada, apostados a lado y lado, que a la intemperie intentan vender mercancía de todo tipo, incluyendo las pertenencias de sus casas.

Un montón duerme allí mismo. Si es que logran dormir. En el suelo o en chinchorros colgados en las terrazas o los árboles. El que consigue un baño en alquiler se baña. El que da con un almuerzo que pueda pagar se alimenta.

En otro éxodo menos visible, también se sabe que los predominantes indígenas wayuu que residían o iban y volvían de Venezuela, debido a la crisis están retornando de manera permanente a sus territorios ancestrales y cementerios (el lazo wayuu con la tierra está determinado por el lugar en el que cada uno tiene enterrados a sus muertos), dispersos -y casi imperceptibles- por toda la alta Guajira.

Evidentes o no, ambas odiseas hacen parte hoy del tradicional mercado electoral venezolano que desde los tiempos de los tiempos ha tenido algún tipo de incidencia en las elecciones guajiras, a través de la frontera. 

A la diáspora sin papeles, a la que no se le puede comprar el voto por falta de cédula, aquella que mayormente habita la Calle 13, la han usado estas semanas de campaña a Congreso algunos líderes barriales que ofrecen a venezolanos dos mil o tres mil pesos para que “hagan bulto” en las reuniones de sus políticos y éstas se vean nutridas en las fotos que montan a las redes.

Lo cuentan, cada uno por su lado, dos venezolanos, un taxista y un político.

Entre dos mil y tres mil pesos. Ah, y también un refrigerio.

Con los que tienen con cédulas, planean aumentar un trasteo de votos histórico.

El trasteo

La foto es la misma elección tras elección. Camionadas y camionadas de personas desde Venezuela, cédula colombiana en mano, atravesando por trochas la frontera guajira para llegar a votar en Maicao o en el vecino Uribia.

Para total complejidad, se trata de cédulas legales, buena parte de ellas de indígenas wayuu, un pueblo históricamente asentado sobre un territorio ocupado por dos repúblicas que no conoce fronteras.

El evidente trasteo de sus votos, no obstante, no es espontáneo en muchos casos.

Coinciden por aparte en los mismos detalles cinco habitantes de la región, cuya labor es mejor ni siquiera mencionar por su seguridad, que lo han visto en Maicao, el apetecido corazón comercial, pero también electoral de La Guajira, que con 122.144 personas cuenta con más potencial de votantes que incluso la capital Riohacha:

Para elecciones locales y legislativas, líderes políticos de Maicao cuadran con líderes políticos del vecino municipio de Guajira, en Venezuela (oficialmente llamado “Municipio Indígena Bolivariano Guajira”), para trastear votantes por la frontera.

En los últimos años, les han pagado entre 50 mil y 100 pesos por voto. Además de, claro, asegurarles el transporte.

Para ahorrarse lo de algunos traslados, en ocasiones envían a los electores con varias cédulas, por cuyo uso también dan plata a sus dueños, en una práctica de la que muchos han oído hablar en Maicao llamada “el carrusel”.

El carrusel es poner a votar a una misma persona con varias cédulas, que obviamente estén incluidas en el censo electoral, aprovechando los puestos de votación en los que no haya sido instalado el sistema de identificación de la biometría o el popular “capta-huella”, como le dicen algunos en La Guajira.

La lejura de corregimientos maicaeros como La Majayura y Paraguachón es la mejor amiga de ‘El carrusel’.

“Hasta cuando hay capta-huella-, con ese montón de gente que llega a votar, lo que se hace es simular una pelea afuera, que no dejan votar, que hay mucha gente, ¡levante esa vaina pa’ votar rápido!, hasta que autorizan y levantan, así se han ganado elecciones en Maicao”, cuenta una de las personas que ha visto organizar la trampa.

Otra de las fuentes, que lo sabe porque lo oyó, asegura que lo planeado para este domingo es que el trasteo de votantes y cédulas desde Venezuela aumente porque los líderes, mochileros o ‘puya ojos’, encargados de cuadrar la compra de los votos, han encontrado con facilidad a personas golpeadas por la crisis, dispuestas a venderlo más barato.

Muchas de esas personas, de hecho, ya se encuentran en La Guajira, desplazadas por el colapso venezolano, en sus rancherías dispersas, pero ubicables por los líderes que incluso muchas veces hacen parte de sus mismas comunidades.  

“Eso es así”, comenta Yasmin Romero Epiayú, la líder wayuu feminista que ha recorrido varios países dando conferencias sobre los riesgos de la extracción de carbón en su tierra ancestral (hoy candidata del Polo a la Cámara), tras oír esta historia:

“Lamentablemente, líderes de mi propia comunidad, a los que sólo les interesa el billete, se alían con los políticos para esta compra de votos, tienen control de las cédulas de muchos y la información es que ahora van a traer aún más indígenas binacionales”, agrega.

Pero la crisis venezolana no es la única razón por la cual muchos advierten la multiplicación de estas prácticas el domingo.

Una pelea política por el poder en Maicao también anticipa que ese día la maquinaria del trasteo de votantes se podría prender más que nunca.

La pelea

José Carlos Molina Becerra, de Cambio Radical. Ese es el alcalde de Maicao, cuyo grupo mencionan siete de las 12 personas conocedoras de La Guajira que hablaron para esta historia, como uno de los principales organizadores del tradicional trasteo de votos venezolanos hacia el municipio.

El grupo naranja, le llaman, por los colores que lo identifican. El mismo que ha sido el principal aliado político en Maicao del exgobernador, también de Cambio Radical, Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez, condenado por homicidio.

Ese grupo controla la Alcaldía desde 2012. Primero con el exmandatario Eurípides Pulido. Desde 2015, con Molina.

Aquel año de su elección, Molina protagonizó varias polémicas, que contamos en La Silla Caribe:

Primero, en plena campaña, fue fotografiado junto al registrador municipal de entonces, llamado Basilio Lindao Pana, al lado de una botella de whisky y haciendo la V de la victoria.

Varias semanas después, ese registrador fue capturado bajo el señalamiento de la Fiscalía de expedir cédulas falsas a ciudadanos venezolanos.

Segundo, el grupo de Molina usó la Alcaldía que estaba en cabeza de su aliado Eurípides Pulido para conseguir votos presionando contratistas.

Tercero, hizo campaña abierta con la política de las viviendas gratis que encabezaba el por la época vicepresidente y jefe natural de su partido, Cambio Radical, Germán Vargas Lleras.

Cuarto, el día de las votaciones los líderes naranjas del hoy Alcalde -que con poco más de 20 mil votos dobló en apoyos al candidato que quedó de segundo- fueron señalados de haber encabezado nada menos que: el trasteo masivo de votantes en camiones desde el otro lado de la frontera venezolana.

Pasado mañana, el movimiento naranja volverá a las urnas. Lo hará en respaldo al candidato a la Cámara del Partido Liberal, Ovidio Mejía, exalcalde de Maicao al que Molina y Pulido se unieron tras haber sido rivales políticos por décadas, y quien es una de las fórmulas que informalmente lleva el hijo de Kiko Gómez que quiere llegar al Senado: Fernando Gómez Bacci, aspirante por el viejo PIN.

De nuevo, la votación se abrirá bajo el ruido de las versiones de quienes aseguran que la Administración está exigiendo entre 10 y 15 votos a cada contratista, a cambio de mantenerles sus contratos, como lo cuenta el tío de una contratista a quien la sobrina se lo comentó.

Pero, esta vez, los naranjas llegarán a elecciones en medio de un aprieto: su hegemonía está amenazada por la alianza que sellaron sus tres principales opositores en el municipio: el profesor Alejandro Rutto, el comerciante Mohamed Dasuki y el médico Aldrin Quintana, quienes por separado se enfrentaron a Molina por la Alcaldía y hoy van unidos respaldando a la Cámara al médico Quintana por La U.

Si el médico Quintana le gana en número de apoyos a Ovidio Mejía, el candidato del grupo del Alcalde, la alianza opositora se fortalecería y ese mandatario podría verse en apuros para montar un sucesor.

Más allá del trasteo, ¿será posible hacer ‘El carrusel’? El registrador delegado departamental Gustavo Tobo responde que: “Como posibilidad existe, aunque no es fácil. Sobre ‘El carrusel’, lo he oído a manera de queja, pero que haya pasado, no sabría decirte”.

Tobo, que es oriundo del interior y llegó a La Guajira hace seis meses por orden del Registrador Nacional, explica que la biometría es un sistema muy costoso. Por eso, no se aplica en todos los puestos de votación del país. Pero en La Guajira siempre ha sido una prioridad. Lo será de nuevo en estas legislativas. Y, una vez instaladas las máquinas, lograr que en algún puesto las levanten por una pelea no es algo sencillo.

De hecho, en la Registraduría Nacional en Bogotá no hay reportes oficiales de que en Maicao se haya registrado levantamiento de ese sistema en las elecciones locales de 2015 y legislativas de 2014, por poner los dos ejemplos más recientes.  

El Alcalde Molina, por su parte, asegura que no es cierto que su Gobierno esté buscando votos para Ovidio Mejía. Que jamás había escuchado lo de ‘El carrusel’. Y que el domingo saldrán a votar “los mismos que lo han hecho siempre” sin ningún tipo de trashumancia. “Eso que dicen del capta-huella es un mito, yo soy el que está exigiendo que pongan el capta-huella, el Gobierno tiene que garantizar el capta-huella”.

Sobre la crisis venezolana que se materializa en su pueblo, añade que, apenas termine las tareas propias de la jornada electoral, hará gestiones para meter el Esmad a desalojar la Calle 13.

En unas horas, por La Cortica y sus alrededores, sabrán cómo termina esta historia.

Galería (para ver las fotos, hagan clic en los puntos):

 

Comentarios (2)

DIDUNDI

09 de Marzo

3 Seguidores

Felicitaciones Laura, excelente investigación, en un país serio debería ser...+ ver más

Felicitaciones Laura, excelente investigación, en un país serio debería servir como base d una investigación d las 'exhaustivas' q anuncian los organismos d control cada rato.

La narración y el lenguaje usado van hilando muy bien al punto q termina siendo muy claro, entendible y CREÍBLE.

Y xq' dudar si estamos en dominios dl Sr d los 3 dedos.

Norbeyc

09 de Marzo

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Una excelente historia que muestra una realidad que todos conocemo pero decidi...+ ver más

Una excelente historia que muestra una realidad que todos conocemo pero decidimos ignorar.

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