Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Santiago Vanegas | Juan Pablo Pérez B. · 25 de Agosto de 2019

3093

0

Uno de los grandes motores de cambio en Colombia es el creciente liderazgo de mujeres en todo el país. Tras 37 entrevistas, encontramos a estas diez mujeres menores de 50 años que han transformado el Caribe desde sus rincones y son símbolo de muchas otras que cambian a la región para bien.

 
Nadiezhda Henríquez

Santa Marta, Magdalena

Derechos Humanos

Es una abogada magdalenense que ha dedicado su vida a la defensa de los derechos humanos y el territorio, desde cuando estudiaba en la Universidad Nacional en los años 90 y entró al Comité de Derechos Humanos y al proyecto Nunca Más, que sensibilizaba a la comunidad universitaria sobre la desaparición forzada de estudiantes.

Luego, fue asesora territorial del cabildo Embera Katío, donde trabajó junto a Kimy Pernía, más tarde desaparecido y asesinado por paramilitares, en la protección de los derechos de los indígenas. Logró legalizar la consulta previa para la construcción de la represa de Urrá de 1998, que sentó un precedente sobre la participación de minorías étnicas.

Quizá su labor más reconocida se derivó de la desaparición de su padre por parte de paramilitares. Nadiezhda construyó una red de personas para buscarlo a él y a otros desaparecidos en el Magdalena. Logró encontrarlo y que fueran condenados penalmente tres responsables, algo absolutamente atípico en los casos de desaparición. Nadiezhda llevó su caso hasta la corte de los Estados Unidos que estaba procesando el narcoparamilitar Hernán Giraldo, y fue la primera persona en ser reconocida como víctima por esa institución.

Eso la inspiró a formar parte de la organización Hijos e Hijas por la Memoria y Contra la Impunidad, que documenta y conmemora las desapariciones forzadas. También creó en 2009 la Fundación Misión Aurora, que ha brindado asesoría jurídica y psicosocial en 200 casos de desaparición, masacres y ejecuciones extrajudiciales.

Más recientemente, se metió en la lucha por la restitución de tierras de la Sierra Nevada y litigó el caso Chimborazo, en el que 30 mujeres fueron sometidas a violencia sexual como una estrategia para el despojo. Logró que el predio Nigrinis, en el municipio de Pueblo Viejo, volviera a la comunidad.

Toda esta labor ha hecho que Nadiezhda, ahora magistrada de la JEP, sea un símbolo de la búsqueda de justicia y la defensa de los derechos de comunidades vulnerables.

Ana María Ferrer

Valledupar, Cesar

Medios

Trabajó como periodista en El Pilón de Valledupar durante más de 13 años y lo llegó a dirigir en 2014. Con su trayectoria, se ha convertido en un símbolo de la posibilidad de hacer periodismo regional independiente a pesar de las dificultades. 

Llegó al periodismo en un entorno de enorme violencia, en el que los políticos y los grupos armados amedrentaban periodistas para controlar la información. A pesar de eso, tuvo claro que no se dedicaría a hacer periodismo para tener contentos a los poderosos y en 1998 investigó y denunció las redes de parapolítica y corrupción en el Cesar. 

Ese cubrimiento le costó la vida a su colega y jefe de redacción de El Pilón, Guzmán Quintero, lo que no la detuvo.

Luego hizo veeduría de la inversión de las regalías en el Cesar y dirigió el programa de entrevistas La Cuarta Columna, trabajos por el que la amenazaron grupos paramilitares en 2011. A pesar de que tuvo que salir de la región, siguió cubriendo dinámicas del conflicto armado en Verdad Abierta.

En 2014 pudo regresar a Valledupar y siguió dando la pelea, esta vez contra gobernantes y empresarios, que tenían la costumbre de presionar y obstruir periodistas, como contó La Silla Caribe. Ahora, es coordinadora territorial de la Comisión de la Verdad, desde donde trabaja por visibilizar todas esas dinámicas que vivió en el marco del conflicto.

Ferrer es corresponsal de la Flip en Cesar y ganó en 2016 el premio Orlando Sierra al coraje de un periodista regional.

Catalina Escobar

Cartagena, Bolívar

Salud

Esta administradora de empresas creó, en el 2002, la fundación Juanfe con la que se ha dedicado a mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes pobres en Cartagena, donde poco más del 25 por ciento de las personas vive en la pobreza.

El nombre de la fundación viene de su hijo Juan Felipe Gómez Escobar, quien murió en 2001, y que, según ella, fue uno de los motores que la impulsaron a luchar contra la mortalidad infantil.

En un comienzo, Escobar centró su fundación en la atención de niños pero al poco tiempo cambió su enfoque y se centró en la atención de madres adolescentes con la finalidad de “romper los ciclos de pobreza de madres adolescentes”, ayudando a que sean autosuficientes para poderle dar una manutención adecuada a sus hijos.

Desde entonces Juanfe ha atendido en salud, cuidado psicológico, formación académica e inserción en el mercado laboral a casi cuatro mil madres jóvenes cartageneras.

También ha atendido en su Centro Integral de Desarrollo Infantil a 1.280 bebés en estado de vulnerabilidad.

Por este trabajo, Escobar ha recibido varios reconocimientos nacionales e internacionales. En el 2011, fue premiada con la Condecoración Orden Nacional al Mérito en Grado Cruz De Plata por el entonces presidente Juan Manuel Santos.

Un año más tarde, quedó en el ranking de diez ‘héroes’ que escoge el medio norteamericano CNN para destacar a esas personas que “hacen cosas extraordinarias para cambiar el mundo”.

También ha recibido reconocimientos por el Foro Económico Mundial, la Schwab Foundation y la Revista Semana en alianza con Telefónica y la Fundación Liderazgo y Democracia.

Angelines Mendinueta

Barranquilla, Atlántico

Emprendimiento

Angelines creó en 2017 Reforestando Mentes, una empresa que promueve el desarrollo sostenible a través de la agricultura urbana, un nicho muy poco explorado en Colombia. Empezó trabajando con 26 militares privados de la libertad en Malambo, Atlántico, con quienes creó la Granja Integral Dejando Huella, una huerta que les dio ingresos y es una herramienta para la educación ambiental y la resocialización.

Luego se ideó el circuito de agricultura urbana, una gran huerta comunitaria construida con materiales reciclados que atraviesa algunos de los barrios más vulnerables de Barranquilla y produce más de 150 kilos de comida al mes que ayudan a luchar contra el hambre y a desdibujar fronteras imaginarias entre barrios vecinos.

Con esos proyectos Barranquilla Verde, la entidad pública ambiental del distrito, decidió  apoyar a Reforestando Metes a construir ViVerde, un aula de más de 4000 metros cuadrados que es el primer centro interactivo ambiental público y gratuito del país. Ahí, Angelines promueve la educación ambiental y la agricultura urbana; en sus seis meses de existencia, niños y jóvenes de 48 colegios distritales han participado de los talleres y dos  colegios ya han empezado proyectos agroecológicos propios.

Todo esto Angelines lo ha pensado a partir de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de estudios que muestran el poder de la agricultura urbana para frenar el cambio climático; y ha demostrado que las huertas pueden combatir el hambre, mejorar los hábitos alimenticios y ser una alternativa de producción sostenible que reduce impactos negativos en el ambiente y baja costos.

Sandra Vilardy

Santa Marta, Magdalena

Medio ambiente

Esta bióloga marina es una de las investigadoras colombianas más importantes de los humedales. Ha logrado poner sobre la mesa muchas discusiones sobre los servicios que nos prestan ecosistemas como la Ciénaga Grande de Santa Marta y el Río Magdalena. Es una de las que más se ha pensado cómo debe ser la protección de los ecosistemas ante las vulnerabilidades ambientales actuales como el cambio climático. 

Además, ha contribuido a que se cambie la forma como se hacen políticas públicas relacionadas con la naturaleza en el país. Por ejemplo, su trabajo de delimitación de los humedales es ahora una herramienta clave para que no se haga agricultura y ganadería en ellos. 

También ha sido una voz visible en el debate sobre el proyecto de navegabilidad del Río Magdalena, pues denunció, como parte del comité científico del Foro Nacional Ambiental, algunos problemas ambientales de cómo estaba pensado, y el proyecto actual recoge muchos de esos aportes.

Además, se ha metido en la discusión sobre justicia ambiental y conflictos ambientales: junto a dos colegas, desarrolló durante 2016 y 2017 el proyecto ¡AJA!, para promover el uso de herramientas audiovisuales en la investigación y sensibilización sobre justicia ambiental. 

La idea era integrar al debate público las investigaciones científicas que se quedaban aisladas, usando formatos narrativos novedosos para mostrar las luchas de los movimientos sociales y los pueblos indígenas contra la expansión de la minería de carbón y las presiones de las corporaciones sobre las ciénagas y ecosistemas húmedos. Sólo en su primera edición lograron convocar más de 100 trabajos audiovisuales sobre conflictos ambientales en el Caribe.

Finalmente, ha asesorado instituciones como la Corte Constitucional, la Procuraduría, la Contraloría o la Alcaldía de Santa Marta, entre muchos otras para resolver conflictos ambientales o crear políticas relacionadas con la naturaleza.

En casos como la tutela del arroyo Bruno, en el que la Corte falló contra el proyecto de desvío del Cauce del arroyo porque vulneraba los derechos de comunidades indígenas dependientes del ecosistema, su trabajo científico de ecología política ha sido clave para crear argumentos jurídicos que no sólo defienden el ecosistema, sino también a las personas que los rodean y los beneficios que reciben de éste.

Estercilia Simanca

Maicao, La Guajira

Cultura

Abogada, empresaria y escritora wayuu, se dio a conocer por su cuento 'Manifiesta no saber firmar', que cuenta la historia de las campañas de cedulación masiva del pueblo wayuu en época de elecciones. El cuento, que fue adaptado al cine y ganó en 2012 el premio principal de la bienal de arte indígena contemporáneo en México, fue el punto de partida de la gran denuncia que ha liderado contra funcionarios de la Registraduría que expedían documentos de identidad para los wayuu con nombres inventados y como si todos hubieran nacido el 31 de diciembre.

Esa denuncia puso en evidencia la incapacidad del Estado para reconocer y atender las particularidades culturales y lingüísticas de sus propios ciudadanos y logró que la Registraduría, en 2014, decidiera comenzar a registrar a los indígenas con el nombre manifestado por mismos sus padres, y con mención explícita del pueblo, el clan y el territorio al que pertenecen.

 

En este momento, está llevando una demanda por inconstitucionalidad contra la Ley 43 de 1993 por vulnerar el derecho de igualdad de los pueblos indígenas de frontera cuyo territorio está dividido en dos o más países, como los wayuu que están entre Colombia y Venezuela, pues los que nacen en otro país no tienen la nacionalidad colombiana. Por eso unos 400.000 wayuu no pueden acceder a servicios públicos ni trabajar en Colombia y ella pide que les sean reconocidas ambas nacionalidades (igual para otros pueblos fronterizos).

Estercilia también ha trabajado contra la violencia sexual contra niñas y jóvenes en La Guajira, y ha impulsado talleres e iniciativas de prevención en un contexto azotado por el problema del turismo sexual.

Por todo esto, es una abanderada de la defensa de los pueblos indígenas y es una mujer que ha sido implacable en sus luchas para que el estado reconozca la diversidad cultural.

Silsa Arias

Sierra Nevada, Magdalena y Cesar

Medios

Es una periodista y comunicadora que pertenece a la etnia Kankuamo de la Sierra Nevada y lleva más de 15 años trabajando por la consolidación de las comunidades indígenas desde la construcción de medios de comunicación propios.

Cuando nacieron las primeras emisoras de interés público indígena en el 2002, para difundir y fortalecer la riqueza cultural de cada etnia, todas se encontraban en los departamentos de Nariño y Cauca, y Silsa empezó a trabajar para construir las primeras en el Caribe.

Con su liderazgo, entre el 2005 y el 2007 se crearon Tayrona Estereo del pueblo Kankuamo; Ecos de La Macuira y Utay Estereo de los Wayuu en La Guajira; y Mexion Stereo de la comunidad Zenú en San Andrés de Sotavento, Córdoba.

Estas emisoras son importantes porque se encargan de fortalecer las raíces culturales de las etnias desde su territorio y evitan que sus costumbres desaparezcan.

Por ejemplo, en Tayrona Estereo el programa ‘Fogón del Cuentacuentos’, siguiendo una vieja tradición de los Kankuamo en donde la comunidad se reúne alrededor del fuego para escuchar historias, cuenta las noticias del territorio y narra cuentos.

Actualmente, Arias encabeza un proceso para que estas emisoras vayan más allá de su territorio y puedan llevar su cultura a otras audiencias.

También es integrante de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) y Secretaria Técnica de la Comisión Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas (Concip).

 
Lindantonella Solano

Riohacha, La Guajira

Educación

Es una poeta y psicóloga que lleva 22 años dedicada a enseñar a leer y a fomentar la lectura en La Guajira, convencida de que leer ayuda a unir comunidades y combatir las condiciones de vulnerabilidad que existen en el departamento. Empezó yendo a barrios pobres de Riohacha y con los años ha llegado a otros municipios y departamentos. Además de enseñarles a leer, Linda ha ayudado a los niños y jóvenes a vincularse a la educación formal. 

Actualmente lidera procesos educativos con la Corporación Pezcarte, que fomenta el arte, la cultura, la educación y el emprendimiento con enfoque étnico y de género. Desde allí, ha ayudado a niños con problemas de malnutrición en el hospital de Riohacha y a víctimas de desplazamiento en Montes de María. 

Además, se ha hecho conocida recientemente por adelantar talleres de lectura y emprendimiento con más de 2.000 migrantes que han llegado desde hace 4 años a Riohacha, pues la ve como una herramienta para tejer redes y devolverles la esperanza. A través de la corporación, también les ha ayudado a los migrantes wayuu que tejen artesanías a sacar adelante sus pequeños emprendimientos. 

Pezcarte ha publicado varias compilaciones de poemas escritos por los niños y jóvenes con los que ha trabajado. Entre ellas, el Pütchipü’ü que se ha vuelto en un referente de la literatura comunitaria y ahora está en todas las bibliotecas de los siete departamentos del Caribe. También, ha escrito poemas de denuncia sobre el asesinato de Jaime Garzón y los falsos positivos.

Julia Meriño

Ovejas, Sucre

Derechos Humanos

Julia es una lideresa social de Chengue, un corregimiento en Montes de María que fue constantemente intimidado por paramilitares durante los 90. En 2001, masacaron a 28 personas, desplazando a la mayoría de los sobrevivientes, entre ellos Julia y su familia. 

En 2003 la guerrilla asesinó a su esposo. Eso inspiró a Julia a liderar un proceso para reconstruir del tejido social de la población que había sido desplazada de Chengue. Con otras 15 mujeres, creó en 2007 la Asociación de Víctimas de Chengue, que desde entonces se dedicó a incentivar el desarrollo de proyectos productivos y el acceso a subsidios de vivienda rural.

Julia lideró el proceso de retorno a Chengue de 37 familias y, en 2016, logró que la Unidad de Restitución de Tierras les devolviera los predios a esas familias. Desde entonces, ha seguido trabajando por hacer de Chengue un lugar de paz y esperanza, a través de iniciativas como el colectivo cultural de jóvenes Chuana.

Claudia Ayola

Cartagena, Bolívar

Derechos Humanos

Es una psicóloga que se ha destacado por su trabajo en el área de los derechos de las mujeres, de las víctimas y de la población Lgbti, que ha ayudado a poner en la agenda pública en Bolívar.

Fue asesora en temas de género de la exalcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo, y desde allí, y desde sus columnas en el diario El Universal, impulsó un proceso de reflexión en torno a la dignidad y la autonomía de las mujeres.

Su columna, llamada ‘Palabras de sexualidad’, se convirtió en un referente en la ciudad en derechos reproductivos, educación sexual y mujeres.

En el 2013 el entonces gobernador, Juan Carlos Gossaín, creó la Secretaría Departamental de Víctimas y Derechos Humanos, la primera entidad dedicada a la atención de víctimas en un ente territorial en todo el país, y la nombró secretaria. Desde allí, ella lideró la estructuración de la entidad y el proceso de identificación de las víctimas del conflicto armado en uno de los departamentos más golpeados.

Como secretaria de lideró una iniciativa para poner la bandera Lgbti en el Palacio de la Proclamación, donde funcionaba la Gobernación,  en el día de la no homofobia. Con eso, fue el primer edificio gubernamental del Caribe en izar la bandera Lgbti.

Ayola también ayudó a crear, en el 2009, la organización ‘Caribe Afirmativo’ que trabaja por la promoción de los derechos de personas Lgbti en el Caribe y que nace tras el homofóbico asesinato del profesor Rolando Pérez en Cartagena.

Desde allí, Ayola, quien actualmente es la presidenta de Caribe Afirmativo y es la administradora de la Comisión de la Verdad en el Caribe, ha liderado una reflexión sobre la importancia de la diversidad sexual y ha denunciado casos de discriminación sexual en la región.

Esta semana, Caribe Afirmativo firmó un convenio con la Comisión de la Verdad para juntar esfuerzos para estudiar la manera en que las personas Lgbti fueron afectadas por el conflicto armado. Esta es la primera vez que la Comisión formaliza una alianza con una organización que lucha por los derechos Lgbti.

 

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia