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Por Carlos Hernández Osorio · 16 de Noviembre de 2017

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En la lista al Senado que presentó Clara López después de lograr el aval de la ASI a la Presidencia, apareció entre sus apuestas Máximo Noriega, un político barranquillero que saltó del petrismo al clarismo después de estar en el gabinete de Gustavo Petro en Bogotá. Y aunque de entrada eso pareciera ser un indicio de la alianza que ambos exalcaldes están cocinando, lo que hay detrás es más la pérdida de Petro de uno de sus cuadros duros en la Costa, a pesar de que mantienen coincidencias.

Antes de meterse en la izquierda, Noriega, contador y abogado, hizo política como concejal y funcionario del condenado ‘Cura’ Bernardo Hoyos, y como director de tránsito en la primera Gobernación de Eduardo Verano.

 

Con el Polo fue candidato a la Alcaldía de Barranquilla en 2007, y luego se convirtió en un reconocido cuadro de Petro en el Atlántico: coordinó su campaña presidencial en el Caribe en 2010 (cuando la fórmula vicepresidencial era Clara López) y ya en Progresistas Petro lo propuso como candidato a la Alcaldía en 2011, aunque esa aspiración no se concretó y terminó metido en la Bogotá Humana.

En la Alcaldía de Bogotá fue secretario del Instituto de Recreación y Deporte, uno de los siete gerentes del Fondo de Vigilancia y terminó de director del Instituto de Acción Comunal.

Cuando esa administración terminó y Clara López, tras ser derrotada como candidata a la Alcaldía del Polo con el respaldo del petrismo, fue nombrada Ministra de Trabajo, se llevó a Noriega como asesor en los temas de paz de ese despacho.

En ese cargo trabajó en la redacción de decretos para aterrizar los acuerdos con las Farc e incluso viajó a La Habana e hizo parte de las mesas técnicas en las que se estructuró la creación de Ecomún, la cooperativa de las Farc que nació a mitad de este año. “Yo tengo buena relación con Jesús Santrich (excomandante de esa guerrilla) porque coincidimos en la Universidad del Atlántico”, le dijo a La Silla Cachaca.

La relación con Clara se fortaleció a tal punto que ella terminó incluyéndolo en su lista al Senado. Y aunque de entrada podría pensarse que es una muestra de la alianza que cuecen ella y Petro para las presidenciales del año entrante, él aclara que no: “aunque quiero y admiro mucho a Petro, yo no voy como candidato petrista. No he roto con él, pero voy más como independiente”.

Sobre su distanciamiento no dio detalles más allá de decir que fueron choques “propios de la izquierda”. La Silla consultó a tres progresistas que trabajan cerca a Petro y mientras dos nos dijeron que desconocían lo que había pasado, uno nos dijo que entre algunos de ellos Noriega es mal recordado por su paso por el Fondo de Vigilancia, una entidad que en ese gobierno estuvo llena de escándalos por presunta contratación irregular y que Peñalosa terminó liquidando.

De vuelta a la política, dice, aún mantiene un nicho de “petristas purasangre” que lo acompañan, pero ese capital lo está poniendo a disposición de Clara. Otra cosa es si ella y Petro consolidan un acuerdo que los junte y que vuelva a poner a Noriega al lado de su otrora jefe político.

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