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Por Carlos Hernández Osorio · 14 de Octubre de 2019

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Montado en una maquinaria sin precedentes y con más de un cuestionado a bordo, a sus 37 años Nicolás García Bustos ganará la Gobernación de Cundinamarca el 27 de octubre. No hay político en el departamento que se niegue a aceptar esa realidad, que él quiere concretar en 700 mil votos, una votación que nunca nadie ha sacado.

Ganará también montado en la popularidad de su amigo, el carismático y actual Gobernador, Jorge Rey, que ha hecho de las juntas de acción comunal un fortín electoral y que hizo de la repartición burocrática a los políticos que lo apoyaron y a los que no una manera de hacer crecer su proyecto político.

Y ganará con el sambenito de que participó en un volteo de tierras en Mosquera, su pueblo, a pesar de que hasta ahora no tiene ninguna investigación por eso.

 

Un vuelo que comenzó con 'El Pájaro'

Nicolás García nació en Mosquera en 1982 y viene de una familia acomodada de ese municipio vecino de Bogotá.

A diferencia de Rey, que es hijo de una lideresa comunal y comenzó en ese sector su carrera política, García es hijo de un gran agricultor de la papa en la sabana de Bogotá, Miguel Guillermo García Palacios (que en 2014 ayudó a financiar la campaña de Rey a la Cámara y ahora aporta a la de su hijo a la Gobernación).

García estudió en colegio privado, se graduó como abogado de la Universidad Sergio Arboleda y a los 21 años viajó a Francia para estudiar francés y hacer un curso de derecho internacional para extranjeros.

A su regreso, dos años después, comenzó a conectarse en forma con la clase política que mandaba en Cundinamarca, cuando le llevó su hoja de vida al entonces alcalde de Zipaquirá, José ‘El pájaro’ Caicedo (2004-2007), hoy representante a la Cámara del Partido de la U, que lo contrató como asesor tributario.

La U ha sido el partido de García hasta hoy, y por el que en 2007 se fue a hacerle campaña a la Alcaldía en Mosquera a Álvaro Rincón, que a la postre ganó y lo nombró su secretario de Gobierno. Su mano derecha.

Ninguno de los dos, sin embargo, terminó los cuatro años de gobierno.

García renunció en 2010 con la idea de lanzarse a la Alcaldía al año siguiente; y a Rincón la Procuraduría lo destituyó ese año por usar su cargo para pedirle a los asistentes a un acto público que votaran a la Cámara por José Caicedo y al Senado por Carlos Ferro, ambos de La U.

Pero antes de que se fueran lograron que el Concejo modificara el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), un trámite que hoy tiene ad portas de un juicio por corrupción a Rincón y se ha convertido en el principal fantasma que persigue a García en su campaña a la Gobernación, pues sus rivales lo usan para atacarlo y la prensa nacional, tan poco dada a estar pendiente de las movidas en Cundinamarca, lo ha seguido a él, sobre todo, por eso.

El ruido por volteo

El lío tiene que ver con un presunto volteo de tierras que quedó consignado en el POT de Mosquera, ya que esa norma le cambió el uso del suelo de rural a urbano a un lote que, por eso, multiplicó su valor casi por cinco. El problema es que ese predio terminó siendo de Rincón.

La denuncia la hizo el hoy candidato a la Alcaldía de Bogotá Carlos Fernando Galán, cuando era senador. El foco también ha caído sobre García porque él era alcalde encargado cuando el Concejo de Mosquera aprobó la modificación del POT, pues Rincón se había ido de vacaciones. Eso lo contó El Tiempo y lo retomó hace unas semanas Daniel Coronell en Semana para decir que “la firma de Nicolás García aparece en el documento oficial que hizo posible el negocio de Rincón”.

La Silla Cachaca revisó los documentos y encontró lo siguiente: los dos debates del proyecto en el Concejo fueron entre el 14 y el 30 de diciembre de 2009.

El alcalde Rincón pidió vacaciones entre el 28 de diciembre de 2009 y el 25 de enero de 2010, y para ese mismo tiempo firmó el encargo de García.

Es decir: Rincón estuvo para los primeros debates, pero García ya era alcalde encargado cuando el Concejo aprobó la modificación al POT el 30 de diciembre de 2009. De ahí el acuerdo pasó a la Alcaldía para que el Alcalde lo dejara en firme.

La firma de García aparece en dos momentos.

Primero el 8 de enero de 2010, en el documento con el que la Alcaldía expidió oficialmente el acuerdo que había aprobado el Concejo. Firmó, sin embargo, como Secretario de Gobierno y no como alcalde encargado, pues Rincón había interrumpido sus vacaciones un día antes, así que también estuvo para firmar el acuerdo como alcalde en propiedad.

Es decir: como en cualquier otro acuerdo aprobado por el Concejo, el del POT lo firmaron Alcalde y Secretario de Gobierno.

Luego, el 12 de enero de 2010, la firma de García aparece en la constancia de publicación del acuerdo, y esa es la que trae a colación Coronell para decir que el hoy candidato a la Gobernación está implicado en el negocio que tiene al exalcalde Rincón respondiendo ante la justicia.

García, sin embargo, le dijo a La Silla Cachaca que el Secretario de Gobierno siempre firma las constancias de publicación de acuerdos (algo que es cierto) y que eso no lo implica en ningún delito.

A diferencia de Rincón, García hoy no tiene ninguna investigación por esos hechos, así que aún está por comprobarse si efectivamente estaba al tanto, e incidió, en el negocio que aparentemente favoreció a su jefe. Y por eso el caso le ha generado ruido a su candidatura a la Gobernación, pero no consecuencias con la justicia.

De hecho, desde que renunció a la Secretaría de Gobierno para lanzarse a la Alcaldía de Mosquera, lo único que ha obtenido son victorias que lo han hecho seguir escalando.

El amigo del Rey

García ganó la Alcaldía en 2011 con 20.700 votos, más del doble que el segundo y que lo que había sacado su exjefe y amigo Álvaro Rincón.

Con 29 años, comenzaba a ser un fenómeno local, gracias a una combinación entre buenos contactos, maquinaria y capacidad de conexión con la gente. “Para esa campaña hice 600 reuniones”, dice.

Su campaña a la Alcaldía hizo parte del engranaje que ese año también llevó a Álvaro Cruz a la Gobernación por segunda vez (y que no pudo terminar porque acabó preso por el carrusel de la contratación).

La de Cruz era una coalición grande de la que también hacía parte Cambio Radical, el partido de Jorge Rey, que venía de ser Alcalde de Funza (un municipio vecino a Mosquera) y al que Cruz nombró Gerente del Instituto para la Acción Comunal.

Para entonces García y Rey ya eran amigos. “Nos conocimos más o menos en 2006, cuando yo trabajaba en Zipaquirá y él era Secretario de Gobierno de Funza”, recuerda García. “Desde un comienzo coincidimos en que Funza y Mosquera podían poner un representante a la Cámara”.

Y lo lograron. En 2014, mientras García iba por la mitad de su Alcaldía, Rey se lanzó a la Cámara y sacó 60 mil votos, una votación histórica. Entre Mosquera y Funza le dieron casi 3 de cada 10 votos. Le fue tan bien, que tres meses después renunció para lanzarse a la Gobernación.

Esa movida es crucial para entender lo que está pasando hoy, sobre todo porque Rey no estaba en los planes.

Tres fuentes que conocieron de cerca esa movida le dijeron a La Silla Cachaca, cada una por aparte, que el candidato del entonces gobernador Álvaro Cruz era inicialmente Leonardo Rico, entonces Contralor de Cundinamarca (hoy representante a la Cámara), pero ante la resistencia de los congresistas que ponían los votos, el Gobernador se inclinó por Nancy Patricia Gutiérrez (hoy Ministra del Interior).

Pero Rey se atravesó. No tenía el respaldo de Cruz, ni de Germán Vargas Lleras, el jefe de su partido, que también quería irse con Gutiérrez. Sin embargo, se fueron con Rey barones regionales como los entonces representantes de La U Alfredo Molina y José Caicedo, el representante liberal Óscar Sánchez, y la casa conservadora de los Tamayo, que tenía en el congreso al senador Fernando Tamayo (ya fallecido).

Y, sobre todo, Rey tenía un respaldo incondicional de las juntas de acción comunal después de haber sido la cabeza del Instituto de Acción Comunal, que mientras él fue Gerente aumentó 25 veces su presupuesto. Rey organizó las JAC para que pudieran ser contratistas de la Gobernación y ejecutar obras como placas huella, mejorar sus sedes o recibir en dotación computadores o video beam, por ejemplo.

En Cundinamarca hay 4.300 JAC, cada una con al menos 13 directivos. De entrada es un potencial de 55 mil votos, cercanos a los 60 mil que sacó Rey a la Cámara. Los comunales, entonces, son una muy buena base para impulsar una campaña, y como nunca antes los comunales estaban alineados con un político.

Rey, además, comenzó a hacer campaña en octubre de 2014, y Nancy Patricia Gutiérrez anunció su aspiración en mayo de 2015, cuando él ya había recorrido el departamento y pactado con la mayoría de la clase política. Le terminó ganando con 545 mil votos, 184 mil más que ella.

El nuevo gobernador, apoyado en la maquinaria de siempre, representaba, en todo caso, una ruptura generacional con respecto a Álvaro Cruz, Andrés González y Leonor Serrano, unos viejos caciques que ya habían gobernado (los dos hombres, cada uno de a dos veces), e incluso frente a Nancy Patricia Gutiérrez, que también era de la línea antigua.

En su momento esa ruptura la había representado Pablo Ardila, elegido en 2004, pero fue flor de un periodo.

Y apenas se posesionó, Rey nombró a Nicolás García, que estaba recién salido de la Alcaldía de Mosquera, su Jefe de Gabinete. Un cargo que terminó siendo su trampolín a la Gobernación.

El elegido

Ser Jefe de Gabinete fue estratégico para García al menos por dos razones.

Primero porque ahí se encargó de tratar constantemente con los 16 diputados para explicarles los proyectos que presentaba el Gobernador, lo que le permitía tener un trato directo con los representantes de parte de la clase política que hoy lo impulsa.

Segundo porque acompañaba a Rey a los pueblos y se encargaba de hacerle seguimiento a las propuestas de éste. Eso fue importante porque Rey comenzó a hacer giras constantes por los municipios que le dieron un sello a su gobierno. Recorrían hasta cuatro en un día, y eso a García le hizo ganar un reconocimiento entre la gente y entre los políticos locales.

Con ese impulso, en enero de 2018 renunció para lanzarse a la Gobernación, aunque primero gerenció la campaña presidencial de Germán Vargas Lleras en Cundinamarca, algo que en sí ya mostraba que se estaba perfilando por lo alto.

A finales de ese año ya era claro que él sería el candidato. Nadie en otro partido de la coalición que respaldó a Rey manifestó seriamente la intención de lanzarse, y el camino le quedó despejado, con una ventaja: la maquinaria que le pusieron a su favor es mayor que la que subió a Rey al poder.

Una maquinaria a toda (y cuestionada)

Como hemos contado en La Silla Cachaca, hace cuatro años no todos los caciques de Cambio Radical ni de los conservadores ni de los liberales estuvieron con Rey, y varios se fueron con Nancy Patricia Gutiérrez (cuyo aval oficial era del Centro Democrático y de los conservadores, pero también recibió gente de otros partidos).

Ahora esos partidos cerraron filas con García y él cuenta con seis avales (La U, Liberal, Conservador, Cambio Radical, Maís y ASI), además de la mayoría de la Alianza Verde.

Los avales se los dieron directamente el jefe del Partido Liberal, César Gaviria; el presidente del Partido Conservador, Ómar Yepes; el de La U, Aurelio Iragorri, y el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas.

Eso se facilitó, en buena medida, porque en estos cuatro años Rey repartió su gabinete entre prácticamente todos esos partidos, incluido el Verde, como también contamos en La Cachaca, e incluso le dio cuotas al Centro Democrático.

Ahora en la campaña es común que en los municipios más de un candidato a alcalde lo respalde. En Zipaquirá, por ejemplo, cuenta con cuatro de seis; en Soacha, con dos de seis; en Chía tiene la mayoría de los 15 candidatos, y así se va repitiendo ese patrón por casi todo Cundinamarca.

Eso hace que en un sólo día pueda hacer reuniones con varios candidatos que estén compitiendo entre sí en un pueblo.

Él llega a cada pueblo, acompañado generalmente por su esposa, Angie Tavera (hija de Martín Tavera, el tío del Gobernador de Santander, Didier Tavera).

Los candidatos locales le llevan gente (refrigerios, almuerzos, ramos de flores y conciertos de por medio) y él hace sus promesas y también llega, por ejemplo, con cachuchas que su comitiva reparte entre las decenas y hasta centenares de asistentes que van a cada reunión.

En Mosquera, su municipio, el fenómeno es opuesto, pero no por eso menos abarcador: su candidato a la Alcaldía tiene nueve avales, caso idéntico al de Funza, la tierra de Rey, donde el candidato de ambos tiene ocho. Se da por descontado que, como García, ambos ganarán. Y por mucho.

Ese acaparamiento también se dio porque no le salieron competidores fuertes.

El Centro Democrático, que para estas elecciones pensó de nuevo en la hoy ministra Gutiérrez, se quedó sin esa opción cuando el presidente Iván Duque la nombró en su gabinete. Hoy ese partido tiene a Wilson Flórez, un profesor universitario que nunca había hecho política y es poco conocido en los pueblos.

La debilidad de Flórez llevó a que se creara un grupo de “Uribistas con Nicolás”.

(Por ejemplo, en Mosquera, la tierra de García, es sabido, según le dijo a La Silla Cachaca una fuente de la campaña de él y otra del Centro Democrático, que con él está el grupo del cuestionado exalcalde Álvaro Rozo -que fue su rival cuando ganó la Alcaldía-, un uribista purasangre recordado porque en su mandato promovió la creación de una zona franca en terrenos donde tenían intereses los hijos del expresidente Álvaro Uribe, como contó Daniel Coronell. La hija de Rozo, Yenny, es una exdiputada que ahora hace parte del equipo de asesores de Álvaro Uribe. Y es amiga de García).

Los alternativos, por otra parte, perdieron fuerza al dividirse, y el candidato de Sergio Fajardo, el empresario Germán Escobar, se fue solo, después de recoger firmas y no lograr el respaldo de los verdes, mientras que el Polo y Colombia Humana avalaron a Ricardo Mestizo.

“Es que no hay quién le compita”, dice resignado un candidato a una alcaldía de la Sabana de Bogotá que está con García pero hubiera preferido irse con otro candidato que tuviera fuerza para hacerle contrapeso.

Toda esa maquinaria, en todo caso, también le hace ruido a García porque así él no tenga investigaciones en contra, varios de los barones electorales que lo apoyan sí son cuestionados.

El representante liberal Óscar Sánchez estaría involucrado en un volteo en Facatativá, como reveló  Blu Radio hace poco; el diputado Juan Carlos Coy (de la línea de ‘El pájaro’ Caicedo) tiene una investigación de la Procuraduría por un presunto volteo en Madrid.

A 'El Pájaro' Caicedo la Corte Suprema le abrió una investigación por presuntas irregularidades en contratación cuando era alcalde de Zipaquirá.

García, más allá de eso, también ganará aprovechando que tiene un estilo similar al de Rey, más desenfadado que el de los gobernadores anteriores y con el que la gente ha conectado. “Ellos cambiaron el helicóptero por el carro para recorrer el departamento, y eso a la gente le gusta”, nos dijo un político cercano a García que pidió no ser citado. “Tú le escribes por whatsapp y el man a cualquier hora te contesta. Le marcas y contesta, y eso es clave”, agregó una candidata a una alcaldía que pidió reserva porque está con García a pesar de que su partido no.

Y también va a ganar montado en la idolatría de la que goza Rey entre los comunales.

De hecho, nos dijo el líder comunal Jorge Castellanos, de Anapoima, los presidentes de JAC tienen un grupo en whatsapp con la gerente de la campaña de García, y él se va a reunir con ellos el 22 de octubre en Bogotá, cinco días antes de elecciones, “para escuchar inquietudes”.

“Nosotros nos jactamos de haber subido a Rey a la gobernación”, nos dijo Castellanos. “Ahora, indiscutiblemente, aspiramos a que Nicolás llegue para que mantenga el trabajo con nosotros”.

De todo eso espera sacar sus 700 mil votos.

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