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Por Carlos Hernández Osorio · 18 de Enero de 2018

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El próximo 12 de febrero, cuando arranca el nuevo esquema de aseo en Bogotá, saldrá de ese negocio Aseo Capital, la firma del empresario Alberto Ríos Velilla, que pretendía continuar pero perdió en la licitación con la que el gobierno de Enrique Peñalosa escogió las empresas que recogerán la basura los próximos ocho años.

Así, casi una década después de que sus hermanos Javier y Carlos, que trabajan aparte de él, salieron del negocio de Transmilenio, Alberto Ríos queda sin negocios grandes en Bogotá.

Algo que coincide con el regreso de su hijo Felipe a la política como candidato a la Cámara por Cambio Radical. Una apuesta en la que la izquierda ya comenzó, como en el pasado, a cobrarle sus vínculos familiares.

Ríos van

Los Ríos han estado metidos en algunos de los grandes contratos de Bogotá, aunque cada vez con menos participación.

Javier y Carlos Ríos Velilla fueron beneficiarios de los primeros contratos de Transmilenio a comienzos de la década del 2000, como accionistas del grupo Express del Futuro. Sin embargo, entre 2008 y 2010 vendieron su participación para dedicarse a Transantiago (el Transmilenio de Chile), del que son el principal operador por medio de Inversiones Alsacia, que hoy alega dificultades financieras.

En Bogotá siguen controlando Ecocapital, la empresa contratada por el Distrito hasta 2020 para tratar y llevar los residuos hospitalarios al Relleno Doña Juana.

Y a pesar de que varios informes periodísticos (como este y este) han puesto sobre la mesa la posibilidad de que también estén detrás de Recaudo Bogotá, la empresa que maneja el recaudo de pasajes del sistema de transporte en un contrato de unos 2,5 billones al año, ellos lo han negado argumentando que su labor en este frente consistió en asesorar a los dueños de esa firma, que son chilenos.

Hace tan sólo 20 días, por otra parte, perdieron la puja por quedarse con la licitación de patios y grúas, un negocio de medio billón de pesos anuales.

Por esos días fue que Alberto Ríos (que tiene negocios aparte de Carlos y Javier), se quedó por fuera de la recolección de basuras, también al perder una licitación en la que se definieron los operadores que prestarán ese servicio los próximos ocho años.

Su presencia en el negocio del aseo en Bogotá por medio de Aseo Capital lo había convertido en un superpoderoso de la ciudad.

Aunque lleva un cuarto de siglo ahí metido, ese poder tomó relieve en el gobierno de Gustavo Petro (2012-2015), en el que el control de ese negocio fue centro de una puja muy fuerte entre el Alcalde, que pretendió estatizarlo, y los concesionarios privados, que se opusieron.

Para entonces, Alberto Ríos, amigo del hoy candidato presidencial Germán Vargas Lleras, no sólo era dueño de la empresa que recogía la basura en Ciudad Bolívar, Tunjuelito y Puente Aranda (por lo que le terminaron pagando 3.800 millones de pesos mensuales), sino que su firma Servigenerales tenía la cuarta parte del Centro Único de Procesamiento de la Información Comercial de Aseo (Cupic), encargado de la facturación del servicio en toda la ciudad.

Por ahí comenzó perdiendo con Petro, que consideraba que la información que manejaba el Cupic debía estar en manos públicas porque desconfiaba de que los encargados de cobrar (Lime también era dueña de la firma) fueran los que liquidaran las facturas.

Así que le pasó esa función al Acueducto desde julio de 2015. El Cupic, entonces, fue disuelto como sociedad en diciembre de 2016.

(El nuevo esquema, que comienza el 12 de febrero, retornará esa función a un privado, le explicaron a La Silla en la Uaesp, y se prevé que sea una fiduciaria).

Aseo Capital, mientras tanto, se mantuvo en el negocio a pesar de Petro, pero terminó perdiendo su espacio con la Alcaldía de Enrique Peñalosa, que el mismo Petro había señalado que pretendía garantizarle el negocio a Ríos.

Con eso, los principales negocios de Alberto Ríos (como los de sus hermanos) quedan por fuera de Bogotá, con la presencia de Servigenerales en ciudades como Popayán, Montería, Tunja y Duitama y como operador de rellenos sanitarios. Además, es el principal socio de Enertolima y Enerpereira.

Esa salida de Bogotá coincide, a su vez, con un año electoral en el que su hijo, Felipe Ríos Londoño, vuelve a la política como candidato a la Cámara de Representantes por Cambio Radical, el partido por el que ya fue concejal una vez.

Ríos viene

Felipe Ríos fue concejal de Cambio durante la Alcaldía de Samuel Moreno (2008-2011), al que le hizo una dura oposición. Él mismo dice que con sus denuncias contra ese gobierno contribuyó a destapar lo que luego fue el cartel de la contratación que terminó con Moreno en la cárcel.

Al tiempo, Ríos tuvo que afrontar críticas desde la izquierda que entonces acompañaba al Alcalde porque, como lo contó La Silla, debido a los negocios que su familia tenía con el Distrito tuvo que abstenerse de participar en los debates de 1 de cada 10 proyectos de acuerdo.

Desde que se posesionó, se declaró impedido para debatir sobre residuos sólidos, residuos peligrosos y troncales de Transmilenio, algo que él siempre defendió como un acto de transparencia y no, como se lo reprochó por ejemplo Antonio Sanguino (entonces concejal del Polo y hoy candidato al Senado por los verdes), como una dificultad para cumplir con su trabajo.

Que su regreso a la política como candidato a la Cámara coincida con que su papá ya no tenga negocios en la ciudad, le quita el peso de no poder hablar sin que lo relacionen con los intereses de su padre en Bogotá, tanto en la campaña como a la hora de hacer debates en el Congreso.

Allá espera llegar como formula de Germán Varón, el senador de Cambio que más estructura tiene en Bogotá, y como parte de la crecida que pretende tener Cambio Radical en la Cámara por Bogotá, donde hoy sólo tiene un representante.

Pero manejar eso, políticamente, no es tan fácil.

Así se vio esta semana, por ejemplo, en un debate del canal Teleamiga en el que al hablar de Transmilenio y el incremento en la tarifa anunciado por el Alcalde, Sergio Fernández, candidato del Polo a la Cámara, recordó, a modo de crítica, que la familia de Ríos fue accionista de uno de los operadores del sistema:

Y ya lo había hecho Petro días antes:

En plena campaña en Bogotá, argumentos como estos pueden jugar en su contra por ser candidato de un partido que respalda a un alcalde impopular como Peñalosa, el creador de Transmilenio y de su modelo de negocio.

Ríos resalta que su carrera política no se limita a su familia ya que se ha preocupado por prepararse (es economista y filósofo) y tiene en su haber las denuncias y propuestas que hizo como concejal (es autor, por ejemplo, del proyecto que obliga a hacer un simulacro Distrital de evacuación al año).

Y aunque es positivo haber puesto de relieve en su momento los conflictos de intereses, a pesar del ruido mediático y el que le generan sus contradictores alrededor de eso la gente en la calle, dice, se lo ha reconocido.

Contexto

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