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Por Carlos Hernández Osorio | Enrique Pardo Uribe · 04 de Septiembre de 2018

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Al alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, se le armó recientemente un conflicto más en la calle, los medios y las redes sociales por cuenta de la tala de árboles en la Carrera novena, al norte de la ciudad.

La aparente falta de socialización suficiente y el hecho de que los encargados tumbaron los árboles en la madrugada, algunos en buen estado según los registros del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), generó un rechazo tal que terminó con una manifestación social el sábado pasado en la noche, que se sumó a recientes protestas en otros sectores por la misma causa, como el Parque el Virrey, el Bosque San Carlos y la Calle 116.

Esa es una muestra más de que, en política ambiental, Peñalosa no ha logrado conectar con la gente a pesar de sus explicaciones y la del JBB. Sobre todo si se tiene en cuenta que su antecesor y némesis, Gustavo Petro, también tuvo controversias muy fuertes por la misma causa cuando fue Alcalde y, sin embargo, terminó luego como un abanderado nacional en la defensa del medio ambiente.

El paisaje como política

Peñalosa tiene una visión sobre el tratamiento de los árboles que quedó plasmada en la política pública que está aplicando su Alcaldía.

Ésta consiste, de acuerdo con el JBB, en usar el paisajismo como un factor de decisión sobre el tipo de árboles que se siembran, y no tanto en concebir la arborización como la mera necesidad de sembrar más árboles a medida que crece la ciudad.

Tener en cuenta el paisajismo para sembrar un árbol (nuevo o como compensación a uno talado) no solo incluye que se vea bonito, advirtieron en el JBB, sino también que el árbol se adapte bien a la zona, que sus raíces no afecten la infraestructura, que atraiga pájaros o que no represente un peligro para los vehículos.

Esos criterios están en un Plan Maestro de Paisajismo que escribió esta Alcaldía en su primer año de gobierno, y en el que se definen las especies y los criterios que serán replanteados, basado en directrices de la Secretaría de Ambiente, que a su vez vienen de el Minambiente.

Esa forma de concebir este tema se vio reflejada durante la tala del viernes pasado en la Novena, donde talaron árboles con el argumento de que presentaban “interferencia directa con el proyecto de renovación paisajística".

Desde hace años, el Alcalde ha sido un fuerte crítico de poner árboles “a la loca”, pensando precisamente en que no afecten las actividades de la gente que está a su alrededor.

Esa visión, que tiene detrás una política pública estructurada, choca con una casi opuesta que predica que “los árboles sólo se deben talar porque están en proceso de muerte o porque fueron afectados por el clima, como vientos que los inclinen más de 45 grados”, que es la de expertos como Herman Martínez, que fue Director del Jardín Botánico

Eso indica que, en el fondo, talas como las de las últimas semanas se meten con elementos prácticamente intocables para muchas personas, que privilegian una concepción de los árboles más como instrumentos que ayudan a mejorar el medio ambiente que principalmente como elementos del paisaje.

Esto, sobre todo, en una era en la que las luchas por el medio ambiente se han vuelto causas repletas de sentido para muchas personas.

El concejal verde Jorge Torres, que ha sido cercano y ha votado la mayoría de proyectos de Peñalosa, en el caso de las talas se alejó, precisamente, porque constató que “están reemplazando árboles de 10 años en buen estado por otros más jóvenes a pesar de que los más viejos ayudan a captar mejor el material particulado, que es su función”.

 

A eso se suma que en el caso del viernes la gente no comprendió bien por qué se hizo la tala en la madrugada y sin dialogarlo lo suficiente con los vecinos.

Las quejas por la falta de diálogo también han estado detrás de otras controversias ambientales que ha provocado Peñalosa, como la decisión de cambiar la política de humedales para poder construir ciclorrutas en esos lugares o la ampliación de la vida útil del relleno Doña Juana.

Lo paradójico es que, tan sólo al mirar la anterior administración, se encuentra que Gustavo Petro también enfrentó controversias por talas en La Conejera, Teusaquillo, Quinta Camacho, Lourdes, Villas del Mediterráneo, La Calleja y Atabanza.

El gobierno de Petro taló 13.386 árboles, de acuerdo con el JBB; el de Peñalosa lleva 10.714, y si mantiene ese ritmo terminará con unos 16 mil.

Sin embargo, Petro no tiene la resistencia de los ambientalistas que sí tiene Peñalosa, y antes bien, este año hicieron parte de su campaña presidencial.

Eso se explica, de acuerdo con Daniel Bernal, de la Fundación Humedales Bogotá, en que “ya han ocurrido muchos conflictos ambientales con Peñalosa y la gente está muy sensible”. (El año pasado La Silla Cachaca hizo un recuento de cinco que se sumaban al de la Van der Hammen).

Mauricio Castaño, ambientalista que ha hecho parte del Comité Proárbol, agregó: “Para nosotros él se quedó en el pasado y no se dio cuenta de que el movimiento ambiental creció mucho o que hubo normas que se construyeron en las anteriores administraciones, como la política distrital de humedales, que él llegó a cambiar para meterles obras duras”.

La discusión que se viene entre Peñalosa y los ambientalistas seguramente será mucho más fuerte si el Consejo Directivo de la CAR aprueba la propuesta de modificar e intervenir la Reserva Van der Hammen. Y conflictos en apariencia más pequeños como las recientes talas de árboles muestran la dificultad que tendrá el Alcalde para hacer calar su propuesta ambiental.

Comentarios (2)

Juan David

05 de Septiembre

0 Seguidores

La conclusión: Peñalosa es un incomprendido. Nadie le entiende lo que quiere...+ ver más

La conclusión: Peñalosa es un incomprendido. Nadie le entiende lo que quiere hacer, la culpa es de la gente.

Carlos Hernández Osorio

06 de Septiembre

145 Seguidores

Ese no es el enfoque de la historia, Juan David. La interpretación que propon...+ ver más

Ese no es el enfoque de la historia, Juan David. La interpretación que proponemos es que a pesar de que su política de arborización tiene una lógica detrás, su discurso no cala porque tiene antecedentes de enfrentamientos constantes con los ambientalistas y de desdén a las políticas ambientales que heredó que hace que ya no le crean.

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