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Por Carlos Hernández Osorio | Karen González · 14 de Enero de 2019

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En el año 2000, cuando Enrique Peñalosa terminaba su primer mandato después de tres años, contaba con una aprobación del 70 por ciento (según Gallup) que los medios le atribuían al cambio de cara que le había dado a Bogotá por medio de un paquete de obras que encabezaba Transmilenio.

Hoy, cuando su segundo gobierno ya pasó los tres años y le falta uno más, el Alcalde, cuya impronta es la de ser un ejecutor de obras faraónicas, aún no ha comenzado a mover la tierra en el grueso de los proyectos que prometió de esa envergadura, como las nuevas troncales de Transmilenio, los centros felicidad, el metro elevado y las grandes nuevas avenidas.

El reporte oficial de avance del Plan de Desarrollo dice que de sus tres pilares, el de Democracia Urbana (en el que se incluyen sus proyectos de infraestructura en movilidad) es el más quedado con un 35 por ciento de avance a septiembre de 2018 (es el más reciente). Los otros dos pilares, Igualdad de calidad de vida y Construcción de comunidad, van por el 66 y 58 por ciento, respectivamente.

Después de haber anunciado el 2018 como el año en el que comenzarían las grandes ejecuciones, ahora es el 2019.

Peñalosa corre así el riesgo de terminar preso de las grandes expectativas que generó, aunque cuenta con tiempo para firmar contratos de obras clave para él, que probablemente comprometerán a su sucesor a ejecutarlas.

Este es el comienzo de una serie de historias sobre el remate de los alcaldes de las principales capitales del país.

Las expectativas vs. los logros

El discurso de Peñalosa en la campaña política en la que ganó las elecciones tuvo como centro la crítica a la que consideraba ineficiencia de la izquierda, en general, y del gobierno de Gustavo Petro, en particular.

Su valor agregado, entonces, era la alta capacidad de ejecución demostrada en su primera alcaldía. “Hicimos más en nuestra (primera) administración que lo que hicieron las tres siguientes juntas (refiriéndose a las de izquierda: Lucho Garzón, Samuel Moreno y Gustavo Petro)”, decía en junio de 2015.

Un mes después se inscribió como candidato y presentó un plan de gobierno que es la base de las expectativas que generó para ganar meses más tarde la Alcaldía y con una bandera que enarboló más que los demás candidatos y en la que hizo más énfasis que en sus demás propuestas: mejorar la movilidad con una gerencia diferente a la que se le venía dando y, sobre todo, con infraestructura nueva.

Allí prometió, por ejemplo, que el “transporte multimodal será una realidad” y para ello integraría “la Primera Línea del Metro con el SITP consolidado y fortalecido y ampliado con TransMilenio (que será más seguro y rápido)”.

Hoy, sin embargo, aunque se mantiene en pie la apuesta para que esos sistemas trabajen integrados, el metro no ha arrancado su construcción (Peñalosa ha incumplido al menos siete veces los plazos que él mismo ha dado para abrir la licitación); el SITP no se ha consolidado y, de hecho, el Alcalde mantiene una mesa de negociación con los operadores sin que hayan llegado a un acuerdo (en diciembre firmaron un memorando de entendimiento para seguir buscando soluciones, que deben concretarse en la renegociación de los contratos).

Y Transmilenio no ha sido ampliado. En ese plan de gobierno Peñalosa prometió “avanzar” en las nuevas troncales de la Boyacá, la Séptima y la Calle 100-Avenida 68 hasta la Autopista Sur. Luego en su plan de desarrollo prometió ampliar la red de troncales de los 114 kilómetros que tiene hoy a 170, pero hasta ahora no ha arrancado ninguna obra. El proyecto más avanzado es la de la Séptima, cuya licitación está abierta.

La Boyacá no la hará. Aunque encontró una licitación que Petro abrió en su último día de gobierno, Peñalosa decidió pararla por considerar que los diseños no eran adecuados; y aunque la incluyó en el paquete de troncales alimentadoras del metro para conseguir respaldo de la Nación, ésta no tuvo plata suficiente y por eso quedará pendiente.

En este video de campaña sobre su plan de vías, prometió además de lo dicho sobre Transmilenio, hacer 15 vías (entre nuevas, reconstrucciones y prolongaciones):

Ahí estaban la prolongación de la Caracas hasta Usme; la ampliación y prolongación de la 127 hasta la ALO y de la 170 hasta Cota; convertir la Calle 63 en una avenida que fuera desde la circunvalar hasta el occidente para crear una nueva salida de la ciudad; la prolongación al occidente de la Avenida de las Américas, la Primero de Mayo y la Avenida Villavicencio; la extensión de la Ciudad de Cali al sur, la construcción de la Avenida Tintal y la Avenida Alsacia; la prolongación al norte de la Carrera 9 y la reconstrucción de la Calle 13.

En su plan de desarrollo incluyó en total 28 vías.

Eso contrasta con el balance que hasta ahora ha dado la propia Alcaldía sobre sus logros.

De dos publirreportajes que publicó en El Tiempo y El Espectador en los primeros días de enero sobre obras entregadas y por entregar, se desprende que de las obras que anunció en campaña, hasta ahora Peñalosa ha entregado una: la prolongación de la Ciudad de Cali, en la que, en todo caso, ya venía trabajando la administración anterior.

Las otras tres que resalta la Alcaldía como logros porque las terminó son la avenida Bosa, una parte de la avenida San Antonio y una parte de La Sirena, que también hacen parte de las que el Alcalde encontró en estructuración o ejecución del anterior gobierno.

A eso se suma que las vías de acceso y salida de Bogotá (una bandera que heredó de Germán Vargas Lleras) tampoco han comenzado a construirse y son proyectos que van muy lentos. La idea es que sean por Alianzas Público Privadas (APP), pero su estructuración ha sido tan compleja, que el avance en ese punto, de acuerdo con el reporte oficial de seguimiento al Plan de Desarrollo, es de 0 por ciento, como contamos al comienzo de año.

La más avanzada es la ALO sur (de Chusacá a la Calle 13), que se planea contratar este año.

En su plan de gobierno en campaña Peñalosa propuso “crear la Agencia Distrital de Asociaciones Público Privadas”, pero ya no está en los planes.

La principal megaobra que hasta ahora ha inaugurado es el Transmicable, pero a pesar de que beneficiará a 700 mil personas de Ciudad Bolívar, no fue una obra bandera suya, heredó el contrato de la anterior administración y, de hecho, la cuestionó antes de llegar a la Alcaldía por considerar que era muy costoso, no movilizaría mucha gente y en todo caso se requerirían más y mejores vías.

Las dificultades

Como ha contado La Silla Cachaca, cuando Peñalosa llegó a su primera administración tenía de entrada 500 millones de dólares (cerca de 1 billón de pesos de la época) que le quedaron a la ciudad por la descapitalización de la Empresa de Energía (luego de la capitalización que había hecho Antanas Mockus), una plata fresca que le permitió invertir en colegios, bibliotecas y parques que hicieron parte del sello que él le imprimió a ese gobierno.

Esta vez no contó con plata de ese tipo, aunque analistas de diferentes orillas como Jorge Iván González (aquí), que fue asesor de Gustavo Petro, y Eduardo Behrentz (aquí), que ha sido afín a Peñalosa, coinciden en que la falta de ejecución de Petro le permitía al Alcalde contar con un colchón muy cómodo para comenzar.

Peñalosa, en todo caso, decidió que para hacer las obras que prometió requería cerca de 20 billones que debía asegurar mediante créditos, APP, vender acciones de la ETB y la EEB y cobrar valorización.

Eso no ha sido tan fácil.

El Concejo le aprobó varios cupos de endeudamiento que suman más de 5 billones de pesos, y logró vender parte de las acciones del Distrito en la EEB por unos 2 billones. Pero apenas logró hace dos meses que le aprobaran la valorización por 900 mil millones (algo que pensaba hacer desde 2017 por cerca de 1,5 billones), y no ha tenido avances significativos con las APP, con las que pretendía asegurar obras por 13 billones.

El Alcalde también había puesto muchas expectativas en la venta de la ETB, con la que pretendía recibir 2,4 billones para construir 10 colegios, 6 hospitales, 8 jardines, 10 centros culturales, 16 centros de discapacidad, 1 centro de comando y control de seguridad, 2 centros culturales y crear un fondo de innovación.

Pero como el Polo logró tumbar ese negocio por orden judicial, Peñalosa debió cambiar sus planes para pedir más plata prestada que le permitiera cumplir (aunque en todo caso se retrasaron sus planes de ejecución), y sacó del paquete los seis hospitales, que dejó para financiar por APP (ya dijo que alcanzarán a asegurar la plata sólo para tres, que en todo caso es más de lo que hicieron sus antecesores).

Ganar amarrando más que ejecutando

El gobierno de Peñalosa ya tiene un listado de al menos 11 obras viales que pretende entregar este año (véalas aquí) y que comenzarían a desatrasarlo.

Además, el Alcalde también ha resaltado otros logros: la entrega de 87 canchas sintéticas de fútbol (el objetivo son 100), la construcción de cinco colegios nuevos (prometió 30), la puesta en funcionamiento de los 30 Centros de Atención Prioritaria en Salud que prometió y de un nuevo call center de citas médicas de Capital Salud (la EPS del Distrito). La iniciación de 34 mil viviendas de interés social (prometió 60 mil), la compra de 41 ambulancias, la instalación de iluminación nueva en mil parques, la recuperación del espacio público y la intervención del Bronx.

Y, aunque en medio de la controversia con la oposición, se desatrasó de dos licitaciones cruciales: la de la recolección de basuras y la de la renovación de la flota más vieja de Transmilenio.

Lo que puede ser problemático, políticamente hablando, es que ninguno de esos logros era su gran bandera de gobierno, y en todo caso no alcanzará uno equiparable al de haber puesto en marcha un nuevo sistema de transporte, como lo fue Transmilenio en su primera alcaldía (más allá de la discusión sobre la conveniencia de ese sistema para la ciudad).

Su arma, entonces, está en lo que pueda dejar amarrado.

Es probable que este año logre poner la primera piedra del Transmilenio por la Séptima, firmar los contratos de las troncales de la 68 y la Cali, así como el del metro elevado, cuyo contrato pretende adjudicar en septiembre. Esos son los planes.

Además, tiene la posibilidad de que la CAR apruebe su propuesta para urbanizar dentro de la reserva Van der Hammen y de que el Concejo apruebe su propuesta de POT.

Firmar esos contratos y dejar el POT andando, más allá de los retrasos, sería un logro para su administración porque blindaría esos proyectos al comprometer al próximo alcalde a continuarlos.

Eso es importante políticamente en un escenario de confrontación muy dura, en el que la izquierda tiene opciones de volver a la Alcaldía (así sea mediante una coalición con el centro) y ha sido particularmente crítica de Transmilenio, del metro elevado y de su propuesta de ordenamiento territorial.

Dejar andando procesos como esos puede hacerlo “terminar su gestión con buena aprobación otra vez”, dijo en la Red Cachaca el consultor en comunicaciones Miguel Silva, a quien se sumó el profesor Jorge Acevedo, de Los Andes, para decir que lo que ha hecho el Alcalde es  dedicar enormes esfuerzos, invisibles para la ciudadanía, para poder actuar responsablemente. Son logros cuyos resultados positivos solo serán evidentes después de terminado el periodo de gobierno”, una idea que también ha reiterado el Alcalde.

Ejecutar, en todo caso, ha sido el arma de este gobierno para intentar mejorar su favorabilidad, así que queda un año para ver si cumplir con lo anterior le permite repuntar a Peñalosa en las encuestas, donde hoy tiene el 27 por ciento de aprobación, según Gallup.

Con un ingrediente adicional: en cuanto a calidad de vida, a pesar de los buenos resultados en reducción de homicidios y en calidad de la educación que ha resaltado Bogotá Cómo Vamos, al tiempo la pobreza ha mostrado una tendencia a aumentar desde que llegó Peñalosa, mientras que la desigualdad no ha disminuido; en movilidad, aunque esa organización resalta la gestión de proyectos de infraestructura, los tiempos de viaje en Transmilenio no mejoran sustancialmente y ha pedido mayor atención a temas operativos, como el funcionamiento del SITP.

Así, con los retrasos en su agenda, las redes sociales encima y una centroizquierda más organizada que hace 19 años y que quiere marcar distancia con él, arranca un último año de gobierno más lejos que cerca de la luna de miel que vivió al terminar su primera alcaldía.

Comentarios (3)

mariavictoriaw

15 de Enero

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No hay sorpresas, a la ingenuidad de la ciudad en su primer mandato le corresp...+ ver más

No hay sorpresas, a la ingenuidad de la ciudad en su primer mandato le corresponde hoy una ciudadanía un tris más ilustrada, a pesar de lo cual ha seguido empujando sus negocios privados, especialmente transmilenio, por encima del bienestar de la ciudad, por eso no hace el metro, se le daña al compra de buses diesel descontinuados en Europa, por ejemplo.

Christian Hernandez

17 de Enero

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Para mi, que recuerdo con cariño la primer alcaldía de Peñalosa, ha sido mu...+ ver más

Para mi, que recuerdo con cariño la primer alcaldía de Peñalosa, ha sido muy decepcionante este segundo mandato: palidece en absolutamente todos los aspectos frente a la primera. Lo logrado en el 2000 ahora parece un milagro a la vista de como se maneja Peñalosa y sus colaboradores modelo 2016-2019: ha sido una cadena larguisima de desaciertos, metidas de pata y promesas falsas.

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