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Por Ángela Pinilla | Santiago Vanegas · 01 de Septiembre de 2019

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Uno de los grandes motores de cambio en Colombia es el creciente liderazgo de las mujeres. Para terminar con nuestro especial de mujeres transformadoras, que culminará con un evento de cierre este martes en Bogotá, presentamos a ocho de ellas que han transformado, desde los campos en los que trabajan, a Cundinamarca, Boyacá y Tolima y son símbolo de muchas otras que cambian esas regiones para bien.

 
Olga Bocarejo

Fómeque, Cundinamarca

Innovación

De familia campesina, en 2015 creó en Zetaquira (Boyacá) un emprendimiento llamado Bancalimentos, que busca que los habitantes del campo no boten los residuos reciclables que generan y más bien los entreguen para ser aprovechados. A cambio, reciben comida.

La dinámica es la siguiente: las personas que se quieran vincular deben abrir una cuenta en Bancalimentos y reciben una tarjeta en donde se consignan los puntos que reciben dependiendo de la cantidad de material reciclable que lleven. Los puntos los pueden usar para comprar comida, insumos agropecuarios y medicinas en tiendas de la misma organización.

Además, con los puntos pueden comprar un seguro nutricional que cubre incapacidad médica e incluso servicio funerario; también tienen un plan de ahorro para niños.

Con la tarjeta tienen también acceso a un servicio de asistencia nutricional personalizada en su territorio. 

El proceso de Bancalimentos termina con la venta de los desechos que reciben de los campesinos a empresas que los transformen.

El proyecto de Olga ha facilitado el acceso a alimentos y productos de aseo a campesinos de zonas distantes, y a la vez ha encontrado una alternativa al manejo de residuos en las zonas rurales, donde anteriormente se optaba por quemarlos.

Olga, de 41 años, dice que ya cuentan con unas 4.800 personas vinculadas, especialmente en Fómeque (Cundinamarca); aunque también tienen presencia en Bolívar y La Guajira; y han logrado recoger cuatro toneladas de material reciclable recolectado en los cuatro años que llevan de funcionamiento.

Cuenta con el apoyo de la ONU, el Banco de Desarrollo de América Latina, el Departamento Nacional de Planeación, y de aliados como Éxito, Chevron, la multinacional Baylor, Acoplácticos, Carvajal Empaques, entre otras. 

Clemencia López

Soacha, Cundinamarca

Derechos Humanos

Tiene 42 años y llegó a Bogotá en 1994, después de haber sido desplazada dos veces por la guerrilla: una desde Neiva (Huila), donde nació, a San Vicente del Caguán (Caquetá); y la otra desde allí a la capital del país. Finalmente se estableció en el barrio Oasis, de Soacha. Tiene tres hijos.

Desde el 2007 es la coordinadora de la Mesa de Mujeres de Soacha, donde ha trabajado, a través de capacitaciones, en la prevención de violencia contra la mujer con ayuda de la ONU.

Comenzó su trabajo en la organización Mujeres Constructoras de Sueños, donde estuvo del 2001 al 2006 como represente legal. Allí capacitaban a las mujeres en temas de género, derechos humanos y prevención de violencias, y contaban con un jardín infantil y un grupo de manualidades.

Con la Mesa de Mujeres firmó en la campaña a la Alcaldía de 2007 un pacto con los candidatos que permitió luego la creación de la política pública para la prevención de violencia contra la mujer en ese municipio, el segundo más poblado de Cundinamarca con 635 mil habitantes, según el censo de 2018.

Esa política dio pie a la creación de la Casa de la Mujer y la Casa Refugio para mujeres víctimas de violencia de todo tipo. La Casa Refugio tiene capacidad para albergar a 20 mujeres por tres meses y brindarles alimentación, asistencia jurídica y atención psicosocial.

Ha funcionado por cinco años de manera intermitente debido a dificultades en la contratación por parte de la Alcaldía. Sin embargo, en ese tiempo han atendido a 750 mujeres.

Como consecuencia de esta intermitencia, Clemencia creó este año una Casa Amiga de la Mujer, con el fin de capacitar a mujeres en defensa de derechos y brindarles asesoría psicológica, jurídica y acompañamiento. Tiene capacidad para vincular a 280 mujeres a capacitaciones y asesorías jurídicas, y cuentan con la financiación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia.

Ahora buscan alianzas con la Fiscalía y la Alcaldía para lograr que a los casos de mujeres maltratadas se les pueda hacer seguimiento.

“El sueño de las mujeres del movimiento es crear una casa fija que genere una iniciativa sostenible”, dice Clemencia.

Helga Patricia Bermeo

Ibagué, Tolima

Innovación

Helga es una ingeniera experta en proyectos de innovación y tecnología y profesora de la Universidad de Ibagué.

En el 2000 fundó Ginnova, uno de los grupos de investigación con mayor trayectoria y reconocimiento de esa Universidad, que busca aumentar la productividad y competitividad de las empresas de la región sofisticando con tecnología sus cadenas de producción.

Entre 2013 y 2017 Helga lideró un proyecto llamado Logihfrutic, financiado con regalías de la Gobernación del Tolima, para mejorar e incentivar la producción agrícola en el departamento.

Consistió en un diagnóstico de fincas productoras de aguacate, mango, tomate, limón, plátano, y el diseño de estrategias y soluciones para que cada proceso sea más rentable y productivo.

Para ese proyecto Helga se inventó y patentó un quemador para el soasado de hojas de cachaco, un producto que se usa sobre todo como empaque natural para alimentos y que, según Propaís, emplea a 8.000 indígenas pijaos en el sur de Colombia.

Con esa máquina ella logró reducir los costos por el gasto de combustible y los efectos en la salud y el medio ambiente que implicaba el proceso. Además, ha servido para hacer más rentable un producto autóctono y fortalecer los hábitos alimenticios y culturales de la región.

Además, Helga y su equipo lograron desde la implementación de buenas prácticas en las fincas hasta la promoción de nuevos productos en el mercado. Durante el proyecto fueron intervenidas directamente 150 unidades de producción agrícola y 350 personas se vieron beneficiadas.

Aún es temprano para evaluar el impacto total de esta iniciativa, pero según los beneficiarios varias de las estrategias han sido replicadas por otras fincas.

Desde su labor como profesora e investigadora y los proyectos de innovación que sigue liderando, Helga es una mujer que ha transformado fincas y emprendimientos en Tolima y ha puesto su conocimiento al servicio del desarrollo del sector agropecuario, del que depende el 16% de la economía del departamento.

Ginna Jiménez

Toca, Boyacá

Innovación y tecnología

Gina es una estudiante de 21 años de Administración y Negocios Internacionales de la Universidad de Boyacá. Proviene de una familia agricultora del municipio de Toca. Hace cuatro años creó Comproagro, una página web para que los campesinos puedan vender sus productos sin intermediarios.

Su idea surgió, dice, al percatarse de que los campesinos deben venderles a bajos precios a los intermediarios, de la sobreoferta y de las deudas que ellos adquieren con los bancos para tener con qué cultivar.

En un principio, Gina montó la página con el apoyo del Ministerio de Tecnologías de la Información (Mintic), y ahora cuenta con el apoyo del Grupo Éxito y de Ara, empresas que compran productos de los campesinos.

Lo transformador de este proyecto es que ha llegado a 27.000 agricultores en 29 departamentos, incluida Gina, que a través de la página comercializa cebolla cabezona que cosecha su familia. Los campesinos, agrega, han mejorado sus ingresos entre un 15 y 20 por ciento.

Catalina Santana

Bogotá, Cundinamarca

Emprendimiento

Ante el aumento de casos de depresión en la tercera edad por desocupación y la falta de oportunidades laborales, Catalina Santana, una diseñadora industrial de 34 años, empezó su empresa 101 ideas, que desde febrero de 2018 busca emplear a estas personas en la creación de productos tejidos a mano para niños de 0 a 7 años.

Ya tienen 25 ancianos que trabajan desde su casa dependiendo de la demanda y con los materiales que suministra la empresa.

Aunque tienen como prioridad las personas mayores de 65 años, se dieron cuenta de que a partir de los 45 años, en especial las mujeres, comienzan a tener dificultades a la hora de conseguir trabajo y por eso Catalina decidió comenzar a vincular personas de esas edades.

Los ingresos de cada uno dependen de la cantidad de artículos que elabore al mes, que son vendidos en tiendas en Bogotá, Santa Marta y Medellín y a través de su página web, por donde también abren la convocatoria para el ingreso de nuevos tejedores.

Según Catalina, han recibido más de 400 aplicaciones de trabajo de todas partes del país, como Soacha, aunque se encuentren hasta el momento la mayoría en Bogotá.

Dentro de los planes de expansión, Catalina le dijo a La Silla que pretende llegar a adultos mayores en las zonas rurales de Cundinamarca y a otros lugares del país.

Además de estar trabajando en la creación de productos, también cuentan con una red de apoyo en línea para personas mayores.

En los grupos en línea reúnen ideas para sus productos y comparten talleres de tecnología y coaching para que los ancianos aprendan cosas nuevas.

Diana Guzmán Reyes

Tabio, Cundinamarca

Medio Ambiente

Tiene 39 años y es la directora de la Fundación El Taller del ReUso, una organización que funciona en Tabio que está afiliada a la Federación Departamental de Mujeres Campesinas de Cundinamarca.

A través de El Taller enseña a iniciar emprendimientos ambientales y sociales que tengan como eje el aprovechamiento de desechos y busquen el desarrollo rural sostenible.

Esto lo hace a partir de tres líneas: educación, con una escuela llamada “ConSuma Responsabilidad” (talleres cortos, capacitaciones y eventos que también les vende a empresas); tejido de redes sociales (alianzas con entidades y personalidades), y emprendimiento y economías alternativas.

Su iniciativa comenzó a partir de su experiencia personal por cubrir las necesidades de su familia a través de la elaboración de accesorios con residuos sólidos no reciclables clasificados como basura (PET, policarbornatos, plásticos y textiles).

Siguiendo este modelo de negocio capacita a mujeres rurales en Tabio, a donde ella llegó hace 15 años, para que emprendan a partir de desechos que puedan ser problemáticos en su comunidad, como plásticos y textiles, a la vez que trabajan en un laboratorio creativo para convertir sus productos en ingresos.

Desde el 2010 han llegado a 1.312 personas en Cundinamarca y el resto del país a través de las escuelas de formación, eventos pensados en el tejido de redes sostenibles y acompañamiento en el desarrollo de unidades productivas basados en la reutilización de residuos sólidos. También, han logrado la reducción de plásticos y textiles que van al relleno sanitario de Mondoñedo, entre La Mesa y Mosquera (Cundinamarca).

María Cristina Velásquez Ardila
Fusagasugá, Cundinamarca

Academia

Esta profesora de 43 años ha aplicado la investigación que desarrolla en la Universidad de Cundinamarca para que comunidades campesinas del departamento mejoren la competitividad de sus pequeñas empresas.

Desde hace cuatro años hace parte del grupo de investigación “Arado”, y con la participación de estudiantes, además de hacer diagnósticos sobre oferta y demanda de turismo en el departamento, ha logrado encontrar soluciones a problemas en ese campo de la mano de las comunidades.

En el 2017, por ejemplo, ayudaron al fortalecimiento empresarial una organización sin ánimo de lucro en el municipio de Tibacuy (Cundinamarca) en temas turísticos, que estaba afectada porque la falta de control en las rutas turísticas afectaba el ecosistema, y participaron directamente en el estudio socioeconómico para mejorar la demanda turística en Cundinamarca a partir de la oferta.

En viveros de Fusagasugá, María Cristina y su grupo ahora están aplicando un modelo de competitividad que busca solucionar problemas como la informalidad empresarial, inestabilidad comercial  enfocándose en las variables que se deben fortalecer que el grupo de investigación identifica a través de teorías y capacitaciones especiales. Mediante este proyecto están impactando a 100 personas asociadas al proyecto.

Desde el 2016 ha trabajado con más de 100 estudiantes que han pasado por su grupo y semilleros articulando la teoría con la práctica en las comunidades.

En el 2018 recibieron el premio como uno de los mejores grupos de investigación a nivel mundial por el Ranking ASC Sapiens, por su trayectoria en la apropiación social del conocimiento en la variable de participación de la ciudadanía en CIT (ciencia, investigación y tecnología) y por el trabajo que han logrado beneficiando a las comunidades en Cundinamarca.

Ana María Vargas

Cajicá, Cundinamarca

Medio Ambiente

En 2014 creó Balú, un restaurante en Cajicá (Cundinamarca) que busca demostrar que en la gastronomía es posible tener prácticas sostenibles y conscientes.

Ella y su esposo Felipe Cardozo logran eso mediante el cultivo de parte de los productos que usan, el apoyo a campesinos boyacenses a los que les compran directamente sus cosechas, y a través de la organización de un mercado artesanal en donde participan los productores del municipio y el departamento.

Su proyecto surgió, por una parte, ante los problemas para conseguir productos en el municipio y el deseo de romper con la intermediación, que, dicen, afecta a los campesinos por los bajos precios a los que deben vender sus productos. Y por otra, debido a la alta cantidad de desechos que dejan los restaurantes.

Están vinculados a la Asociación de Investigación de Tubérculos Andinos de Boyacá (Aitab), una red de 28 agricultores de Boyacá (especialmente de Turmequé y Ventaquemada), que se especializan en producir sin residuos de pesticidas productos nativos como fríjol, arveja, curuba, ibia, ruba, nabos. Con ellos tienen una relación de compra directa y comparten conocimientos en agricultura, costos de producción y producción de alimentos.

Catalina es la responsable de la creación de alianzas para hacer conocer el restaurante. Aparte, ha comenzó a impulsar un mercado con mujeres artesanas de Cajicá y municipios aledaños, con el que busca que encuentren un comercio justo para ellas a través del trabajo en comunidad.

En el 2017 la ONU y la Cámara de Comercio los reconocieron en el programa de Gastronomía Sostenible como una de las cinco empresas del sector gastronómico de Bogotá y alrededores que desarrollan gastronomía sostenible. Este año ganaron el concurso “Marcando estilo”, una iniciatica de la Cámara de Comercio que buscaba incorporar platos típicos bogotanos en la carta de El Corte Inglés de Madrid y Lisboa. El menú incorporado lo realizaron a partir de los productos de los campesinos de Aitab.

 

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