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Por Carlos Hernández Osorio · 01 de Noviembre de 2018

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A pesar de que se han declarado al borde de la quiebra como concesionarios del SITP (los buses azules que se meten a los barrios), cinco grupos empresariales se metieron a competir por las licitaciones para renovar los buses más viejos de Transmilenio y operarlos por la próxima década. Y es probable que la mayoría se quede con alguna de las seis nuevas concesiones, que se adjudican mañana.

Su participación, según Transmilenio, no se podía impedir mientras presentaran todos los documentos en regla. Y según le explicaron extraoficialmente a La Silla Cachaca en la Superintendencia de Sociedades, donde tres de esos grupos tienen empresas en procesos de reorganización para que paguen deudas, es preferible que ganen más contratos para que tengan con qué responder. (Pedimos hablar con el Superintendente pero nos dijeron que estaba fuera del país).

En todo caso, que esos grupos en crisis financiera estén en la puja refleja varias cosas, como que el gobierno de Enrique Peñalosa no logró, como pretendía, que más empresas con mayor solidez financiera se metieran en el negocio; que las de siempre encontraron, con dudas de por medio, la fórmula para mantenerse; y que el negocio de los buses rojos seguirá siendo rentable, a diferencia del de los azules.

 

Bancos extranjeros, la fórmula

Cuando Transmilenio comenzó hace 18 años (en la primera administración de Peñalosa) hubo una sola licitación en la que los ganadores se encargaban de comprar los buses, traerlos y operarlos.

La principal novedad del proceso actual para renovar los buses más viejos está en que quedó dividido en dos licitaciones: una para escoger a las empresas que comprarán los carros y otra para escoger a las que los operarán en la próxima década.

Peñalosa decidió hacerlo con la idea de lograr que los bancos prestaran la plata para comprar los buses, ya que eso pintaba muy difícil.

La lógica detrás de eso fue que si se presentaban las mismas empresas que hoy están en el negocio, y que a su vez son casi las mismas que están en el SITP, los bancos no les iban a prestar porque el SITP, que arrancó en 2011, no ha sido rentable para esas compañías.

A diferencia de Transmilenio, que siempre les ha dado ganancias a sus concesionarios, el SITP fue mal diseñado y los ingresos de sus concesionarios no logran cubrir los costos, por lo que las empresas ahí metidas están casi quebradas, sentadas con la Alcaldía discutiendo cómo cambiar los contratos, con pérdidas que rodean los 8 billones de pesos y, por eso, con las puertas cerradas en los bancos colombianos.

Al hacer una licitación sólo para escoger a quienes comprarán los buses, la Alcaldía esperaba asegurar que otras empresas diferentes a las que hoy están en el sistema y con mayor solidez económica, se metieran a competir y fueran a la fija ante los bancos para que les prestaran con qué comprar los carros.

Bajo esa lógica, en la otra licitación (la que escoge a quienes operarán esos buses) sí era previsible que se presentaran los actuales operadores debido, que son quienes tienen la experiencia, y lo único que tendrían que hacer sería acoplarse con las empresas que compraran los buses.

Sin embargo, los actuales operadores, con todo y sus dificultades financieras, se presentaron a las dos licitaciones “tratando de buscar la rentabilidad de ambos negocios”, nos dijo el asesor de una empresa metida en la puja y que nos habló bajo la condición de reserva.

Finalmente, Transmilenio es rentable y mantendrá la esencia de su modelo de negocio, como contó La Silla Cachaca.

Que participen en ambas licitaciones tiene sentido en tanto el ganador de cada contrato, sea para comprar o para operar buses, tendrá un margen de ganancias (este se conocerá mañana, una vez sean escogidos los ganadores), por lo que la apuesta de esas empresas es a ganar por punta y punta.

Por otra parte, en la licitación de compra de carros, que era en la que supuestamente podían tener dificultades para que los bancos les prestaran, no tuvieron mayor problema.

La explicación a eso tiene dos aristas.

La primera y más evidente es que lograron el respaldo de bancos extranjeros, con lo que le hicieron el quite a la banca nacional, que es la que les tiene las puertas cerradas.

De los siete grupos empresariales en la puja, seis participan actualmente en el sistema (el único que no es el chino BYD), y de esos, cinco consiguieron garantías de bancos en el exterior, así:

Bogotá Móvil Provisión: Consiguió garantía de 71,8 millones de dólares de los bancos Société Genéralé (francés) y JP Morgan Chase (estadounidense). Bogotá Móvil es de la francesa Transdev y del grupo caleño Fanalca, que en conjunto hoy son operadores de Transmilenio con las empresas Ciudad Móvil y Connexión Móvil. Y Fanalca participa en el SITP con Gmóvil y Etib.

Masivo Bogotá: Garantía de 54,7 millones de dólares del banco francés BNP Paribas. A este proponente lo controla Transmasivo, el actual operador que controla a su vez la familia Baquero. A su vez, participan en el SITP con Masivo Capital.

Express del Futuro: Garantía de 63 millones de dólares del banco brasileño Itaú. Express es actualmente operador de Transmilenio y del SITP. Lo controlan las familias Hernández y Rodríguez Socha.

Sistema Integrado de Provisión de flota SI 2018: Garantía de 70,2 millones de dólares del banco francés BNP Paribas. A este proponente lo controla SI 99, que actualmente es operador de Transmilenio, y también del SITP con la empresa Suma.

Mc Masivo, Millenio, Missandei, Baquero Torres y Arias Reyes: De este grupo de empresas, Inversiones Baquero y Arias Reyes consiguieron garantías con el Banco Santander, de España, cada una por 5 mil millones de pesos. Baquero, de una familia de ese apellido, actualmente tiene participación en el SITP con Transmasivo. El resto se apalancarán con plata que pondrán fondos de capital privado, el principal de los cuales es el británico Ashmore, que aporta 43 millones de dólares.

Entre los bancos franceses, gringos, españoles y brasileños entregaron garantías de préstamos por unos 260 millones de dólares (unos 780 mil millones de pesos), serán los principales financiadores de la compra de buses y le mostraron una luz a los “quebrados” del SITP.

Las dudas con Scania

La otra explicación para que al menos tres de esos cinco grupos empresariales hayan obtenido el respaldo de los bancos a pesar de que han dicho que están al borde de la quiebra es que haya sido el fabricante de buses Scania, y no esas compañías, el que realmente haya puesto la cara ante la banca.

Como contó El Espectador, Volvo hizo esa denuncia como parte de las observaciones al proceso.

Ambas son fabricantes suecas de buses con intereses en la actual licitación, aunque cada una con una apuesta diferente: Scania como proveedora de buses a gas, y Volvo, a diesel.

Volvo asegura tener información de que Scania “respaldó de manera directa o indirecta las cartas de crédito” de tres grupos empresariales que ofrecen traer buses a gas: Express del Futuro, Masivo Bogotá y SI 2018, cada uno de los cuales tiene empresas metidas en el SITP y por lo tanto con dificultades financieras.

De hecho, en los dos últimos hay empresas propietarias de concesionarios del SITP que están en proceso de reorganización con la Superintendencia de Sociedades, con la idea de que hagan acuerdos de pago y se pongan al día en sus obligaciones porque ya ni los proveedores de repuestos les quieren fiar.

Si es cierto lo de Scania, se incumpliría una condición que puso Transmilenio en la licitación: que “los fabricantes no pueden emitir una garantía ni pueden asegurar ni respaldar el capital” de las empresas que se presenten a competir por traer los buses, pues la idea de esas garantías es que demuestren que estas compañías tienen con qué responder.

Para Volvo, entonces, Scania violó esa norma porque fue el que en últimas garantizó que habrá plata para que esos tres proponentes, que recuerda están en crisis, cumplan. Sin embargo, Scania lo niega y Transmilenio, hasta ahora, sólo ha pedido pruebas, pero no ha dado ningún veredicto.

Eso sería mañana, en la audiencia de adjudicación.

Lo que ya está claro es que mientras las empresas del SITP están sentadas renegociando sus contratos con la Alcaldía para dejar de perder plata, sus dueños se las ingenian para mantenerse en Transmilenio, el negocio que nunca les ha fallado.

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