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Por Juan Pablo Pérez B. · 24 de Septiembre de 2017

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Este año en el municipio de Venecia, Cundinamarca, han aparecido tres panfletos firmados por presuntos grupos paramilitares que, con toques de queda y amenazas de limpieza social, intimidan a la población. Esas amenazas muestran que esos grupos buscan suplir el vacío de poder que dejaron las Farc en el Sumapaz tras su desmovilización.

Y es que desde finales del año pasado, cuando los frentes 51 y 53 empezaron a irse de la región para la zona veredal de La Fila en Icononzo, Tolima, nadie las reemplazó en su control social.

“La comunidad siente que desde que ellos se fueron hay un vacío judicial. Hay más robos, más consumo de drogas, más jíbaros, roban más gallinas y fincas. No hay quien controle”, dice el ex concejal veneciano Jorge Miranda. “Antes el que consumía tenía que hacerlo reservado, ahora uno los ve en los parques y en las calles”.

De hecho, un informe de la Defensoría del Pueblo de finales de abril resalta que estos panfletos “podrían tener como objetivo copar el espacio de control dejado por las Farc en este y otros municipios del Sumapaz, como consecuencia de su agrupamiento”.

Lo grave es que una vez que los ex guerrilleros se desmovilicen lo más probable es que vayan a Venecia y otros pueblos del Sumapaz, de donde muchos son oriundos, y si los panfletos pasan a los hechos, quedaría en riesgo el proceso de reincorporación en el sur de Cundinamarca a pocos kilómetros de Bogotá.

Los panfletos que circulan por Whatsapp

El primer panfleto empezó a circular por Whatsapp y otras redes sociales el 13 de abril.

En él, un ‘Comandante Pablo’ de las AUC amenaza a presuntos consumidores de droga, desplazados, adolescentes y un desmovilizado.

De acuerdo al informe de la Defensoría, varias de las personas amenazadas huyeron del municipio en el plazo que indicaba el panfleto y los que se quedaron fueron hostigados físicamente y por redes sociales.

El informe cuenta la historia de una víctima que fue abordada por dos encapuchados, vestidos de negro, que llevaban armas y unos brazaletes que decían AUC. Para intimidarlo, los encapuchados le contaron detalles personales de su vida y le dieron 8 días para que se fuera de Venecia.

Diez días después volvió a recorrer las redes sociales otro panfleto, esta vez firmado por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (el nombre con el que se suele autodenominar el Clan del Golfo) y que bajaba el toque de queda a las 9 de la noche.

El último panfleto salió a finales de julio, fue escrito a mano por un ‘Comandante Esteban’, amenazaba a presuntos ladrones y también hablaba de gente del municipio de Pandi, ubicado también en la provincia del Sumapaz.

Los tres panfletos aparecieron en Venecia pero se distribuyeron por Whatsapp en otros municipios de la provincia como Cabrera, Silvania, Fusagasugá, Pandi y Pasca.

Más allá de que, hasta el momento, no hayan asesinado a alguna de las personas que aparecen en estos panfletos, el problema es que, como nos contó Orlando Rodríguez, un ciudadano de Venecia que ha trabajado con la Alcaldía, “desestabilizan a la población, crean inseguridad y crean miedo”.

Tanto que varios de los amenazados han tenido que desplazarse del municipio, algo que, como nos contaron dos fuentes que viven desde hace tiempos en la zona, había dejado de pasar desde que empezaron los diálogos en La Habana.

El fantasma del pasado

Su aparición hizo que muchos venecianos recordaran las épocas en que los panfletos que recorrían la zona eran de las Farc que, tras el ataque a su cuartel general en Casa Verde, en La Macarena y cerca al Sumapaz, el 9 de diciembre de 1990, se replegó en la provincia.

Desde este momento y hasta que comenzó el proceso de paz en 2012, fueron la ley y el orden; y, justamente, una de sus estrategias para mantenerlo eran los panfletos.

“Acá llegaban todo el tiempo panfletos con nombres propios de ladrones e informantes. A veces llegaban unos avisando que se iban a meter al municipio y uno no podía salir después de las 7”, le dijo a La Silla Cachaca una funcionaria del municipio que prefirió no dar a conocer su nombre por razones de seguridad.

“Salían en épocas cuando aumentaban los problemas sociales, cuando había drogadictos y subían los robos. Llegaban, le advertían a la gente que cambiara y si no, se convertían en objetivos militares”, añade Miranda.

 

La disputa por el territorio

La situación es tan grave que los alcaldes Pandi, Venecia y Cabrera, junto con otras entidades gubernamentales como la Secretaría de Gobierno, el batallón del Sumapaz del Ejército, y la Policía han hecho en promedio un consejo de seguridad por mes para articular una solución al problema.

Lo que han encontrado -de acuerdo a lo que nos contaron 4 personas que conocen el territorio y estuvieron en los consejos- es que, aunque los panfletos aparecen firmados por las AUC y las AGC, no hay riesgo de un avance paramilitar como el que ha habido en el Chocó y contamos en La Silla Pacífico.

Según las cuatro fuentes que estuvieron en los consejos de seguridad, la teoría más probable es que detrás de las amenazas haya una disputa de pequeñas bandas de microtráfico por el control del creciente mercado de drogas que hay en el Sumapaz, pues por allí hay un corredor de droga que conecta a Bogotá con el suroccidente y suroriente del país.

Por eso, sus objetivos militares son, principalmente, presuntos expendedores de drogas y consumidores.

“Lo que parece es que son pequeñas bandas que están disputándose el control del territorio y para hacerlo utilizan esta forma de intimidación”, nos dijo la personera de Venecia, Camila Velásquez.

Eso es particularmente grave en una zona muy cerca de Bogotá, que tuvo una fuerte presencia de las Farc y que está a apenas una hora en carro de la zona de concentración de Icononzo.

Si a esto se le suma que en esta zona se espera que varios de los guerrilleros rasos de las Farc comenzarán a reintegrarse y en donde existen organizaciones sociales en defensa del medio ambiente y de las causas campesinas, la aparición de estos panfletos representa un riesgo para el posconflicto en Cundinamarca.

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