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Por Carlos Hernández Osorio · 18 de Septiembre de 2018

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El Secretario de Movilidad de Bogotá, Juan Pablo Bocarejo, está en el ojo del huracán desde el viernes, cuando se conoció que era falso el oficio de la Procuraduría que le había servido para echar a andar el contrato de 173 mil millones de pesos para cambiar la red de semáforos de Bogotá.

La noticia, en sí misma grave, tenía el antecedente de que la licitación por la que Bocarejo había adjudicado ese contrato fue muy cuestionada por la misma Procuraduría, debido a presuntas irregularidades en los pliegos, al punto que le formuló pliego de cargos; y además, porque, como reveló El Espectador, aparentemente el ganador (el consorcio Movilidad Futura) presentó unos estados financiero adulterados.

Pero más allá de eso, las dificultades de este proceso se suman a otras que ha tenido la gestión de la movilidad durante el gobierno de Enrique Peñalosa, comenzando porque el equipo de ensueño que prometió para arreglar los problemas ha dado tumbos.

El dream team de movilidad terminó patinando

Cuando conformó su gabinete, Peñalosa afirmó que tenía, “quizás, el mejor equipo en movilidad de cualquier ciudad en desarrollo”.

Bocarejo, un reconocido ingeniero civil con doctorado en transporte y profesor de Los Andes, fue una muestra de cómo Peñalosa pretendió aterrizar esa idea, pero hoy está en la cuerda floja, no sólo por las investigaciones en su contra, sino por falta de respaldo político a lo que hace.

A su enredo en la Procuraduría con el contrato de semáforos se le suma lo elocuente que es que concejales de la coalición peñalosista, como los uribistas Daniel Palacios (Presidente del Concejo) y Javier Santiesteban, y el conservador Roger Carrillo, le hayan pedido la renuncia.

De hecho, Rolando González, de Cambio Radical (el partido que avaló a Peñalosa), le dijo a La Silla Cachaca que aunque cree en la buena fe de Bocarejo, considera que por lo ocurrido alguien debe asumir una responsabilidad política, y considera una opción que el Alcalde le pida la renuncia o que él mismo decida irse.

A eso se suma el ruido mediático que ha generado la idea del Polo de hacer una moción de censura, para la que que hoy comenzará a recoger firmas a ver qué concejales se animan a convocar el debate para definir si Bocarejo sigue en el cargo o debe irse.

Es probable que no cuaje, pero no porque Bocarejo cuente con respaldo político.

Como nos dijo un concejal uribista: “Si no fuera a estas alturas, yo la votaría porque no creo que haya hecho una buena gestión, pero faltando menos de año prefiero que termine en el cargo para que no se generen más traumatismos”.

Que el Secretario esté en la cuerda floja se suma a que, de ese equipo que armó el Alcalde para arreglar la movilidad de la ciudad, su primera Gerente de Transmilenio, Alexandra Rojas, ya salió del cargo.

Ella, que venía de trabajar en Planeación Nacional, de dirigir el Fondo de Prevención Vial y de haber sido consultora en temas de estructuración de política urbana, renunció sin que mejorara la percepción de los usuarios sobre el sistema, y sin avanzar sustancialmente en la papa caliente de la negociación con las empresas que integran el SITP, que se han ido quebrando poco a poco y han amenazado con dejar a la ciudad sin transporte en caso de no llegar a acuerdos con la Alcaldía.

Rojas, además, fue embargada por la Contraloría de Bogotá como parte de un proceso en el que presuntamente le hizo perder plata al Distrito al cubrir con buses viejos del SITP provisional rutas de empresas que dejaron de operar en el SITP. Fue una decisión que, a su vez, puso en duda la forma como el Distrito estaba manejando el chicharrón del SITP a pesar de que Rojas dijo que habían hecho lo que era posible hacer.

En su reemplazo, Peñalosa terminó poniendo a María Consuelo Araújo, que no es experta en transporte, con la idea de que no dejara caer el SITP y sacara adelante la renovación de la flota más vieja de Transmilenio.

A las dificultades de Bocarejo y Rojas se suman las del Gerente de la Empresa Metro de Bogotá, Andrés Escobar, que en una entrevista con La Silla Cachaca admitió que su desconocimiento sobre los requisitos que exige la banca internacional para financiar proyectos de ese tipo derivaron en demoras sustanciales para abrir la licitación.

La bandera del Alcalde, a media asta

El escándalo por el oficio falso de la Procuraduría en la licitación de semáforos fue la cereza del pastel de una semana en la que quedaron en evidencia algunas dificultades de Peñalosa para cumplir con su apuesta para la movilidad, que fue su bandera de campaña.

Un día antes se había suspendido nuevamente, por falta de piso jurídico, el comienzo de la la implementación de tabletas en los taxis, que permitirán reemplazar los taxímetros.

Esa semana la Secretaría de Movilidad también aplazó, por petición de Transmilenio, el desmonte del SITP provisional (los buses viejos que siguen rodando por la ciudad a la espera de que los chatarricen y los cubran buses nuevos del SITP), ante las dificultades para copar las rutas existentes con carros nuevos.

Esto último lo calificó el concejal verde Jorge Torres (de la coalición de Peñalosa) como “incapacidad para trabajar en un mejor transporte público”.

Hay una visión compartida entre los concejales que consultamos de la coalición: que los problemas que recibió Peñalosa en movilidad, sobre todo la crisis del SITP, fueron muy complejos y de ahí la dificultad para solucionarlos.

Sin embargo, para Peñalosa es problemático no avanzar en movilidad porque, como nos dijo el concejal del Centro Democrático Andrés Forero, “generó muchísimas expectativas y decía, por ejemplo, que el SITP era cosa de seis meses, pero no, y ahora ya tiene el sol a sus espaldas y la presión es cada vez mayor”.

Aunque hay matices, ya que otros proyectos clave para el Alcalde como Transmilenio por la Séptima, el cambio de la flota vieja e incluso el metro han tenido avances importantes. “A diferencia del tema de las tabletas, estos son temas neurálgicos y por los avances hoy pasaría raspando”, dice la concejala verde Lucía Bastidas. En el mismo sentido nos hablaron los dos concejales uribistas y el de Cambio Radical con el que hablamos.

Por su parte, la semaforización, que también es neurálgica porque el atraso es cercano a los 40 años, quedó expuesta a un futuro incierto porque a pesar de las dudas, Bocarejo anunció que el contrato seguiría en ejecución, con lo que su suspensión en un futuro no queda descartada para aclarar si finalmente el ganador adulteró sus balances para quedarse con el contrato.

Lo que sí queda claro para Peñalosa, a sus dos años y nueve meses de gobierno, es a diferencia de lo que dijo alguna vez en una entrevista, la movilidad de una ciudad como Bogotá no se arreglaba en un mes.

Comentarios (1)

Kamilo Gaviria

18 de Septiembre

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Un vendedor de Buses Diesel como peñalosa, un veneno que esta prohibido en Europa y centro sus ambiciones en un ignorante y pequeño pais en sudamerica llamado Colombia, donde hacer dinero es más importante que la salud propia siempre ha sido incapaz de mejorar la movilidad de los Bogotanos, Transmilleno hoy cuesta $2.300, Petro lo dejo en $1.800 pero ahora con menos rutas y peor servicio que antes

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